Vista panorámica de la capital aragonesa, con las torres de la Basílica del Pilar en primer plano
Vista panorámica de la capital aragonesa, con las torres de la Basílica del Pilar en primer plano - Fabián Simón
Sociedad

Zaragoza, barrida por un pestilente olor a estiércol por culpa de un fertilizante

El hedor se debió a los lodos esparcidos en un campo de los alrededores de la capital. El viento y el calor pusieron el resto

R. P.
ZaragozaActualizado:

Un intenso olor a estiércol barrió Zaragoza este martes durante prácticamente toda la jornada. El hedor empezó a hacerse notar por la mañana, ganó intensidad a mediodía y se disparó por la tarde. La pestilencia iba por barrios, según el viento soplaba en una u otra dirección. Al final, se ha sabido que el origen del desagradable olor estaba en un campo de cultivo de las afueras de Zaragoza, al que habían echado como abono unos lodos procedentes de una fábrica papelera.

Ha sido el Ayuntamiento de Zaragoza el que ha dado finalmente con el quid de lo que durante todo el día fue objeto de especulaciones de lo más variado a pie de calle.

Era imposible no comentar el olor, porque bastaba con pisar la calle para sufrir de lleno sus consecuencias, que se hacían todavía más patentes con el sofoco de la tarde –el calor ha apurado estos días previos en la capital aragonesa-. Había quien apostaba por las alcantarillas como el origen del hedor, mientras otros se inclinaban por algún otro fenómeno atmosférico.

La pestilencia estaba tan presente que entraba en las viviendas con abrir las ventanas. De hecho, hubo edificios en los que se concentró el mal olor de forma notable.

Al final, los servicios municipales identificaron el origen de la pestilencia que se había extendido por el casco urbano de Zaragoza y que se hizo notar durante prácticamente todo el día. Han indicado que el foco estuvo en unos campos del barrio rural de Movera, en el que se habían esparcido los lodos procedentes de una fábrica papelera para aprovecharlos como abono con los que aumentar la fertilidad de esos suelos. El intenso calor y el viento habían puesto el resto.

Este miércoles ha amanecido en Zaragoza sin el pestilente olor que se hizo notar la víspera. Al menos en las primeras luces del día no era apreciable esa sensación en una jornada, además, en la que se nota un descenso de las temperaturas.