Imagen del Ebro a su paso por Zaragoza, durante la última riada - Fabián Simón / Vídeo: ¿Es el Ebro la solución al conflicto del trasvase Tajo-Segura?
Sociedad

El Ebro ha echado al mar en 20 días el agua que consume España en todo un año

Las paradojas de la última riada del Ebro: costosas inundaciones y amplias zonas azotadas aún por la sequía

Actualizado:

La última riada del Ebro que ha anegado 20.000 hectáreas en Aragón y ha dejado pérdidas de más de 25 millones de euros en esta tierra se ha saldado, también, con un enorme caudal que ha acabado en el mar sin posibilidad alguna de ser guardado en embalses. Los que hay no han dado más de sí, en una tierra que lleva décadas esperando pantanos prometidos y aún por construir, mientras gran parte de la cuenca del Ebro está castigada recurrentemente por la sequía.

El agua que ha acabado en el mar en este episodio de inundaciones ha superado ampliamente los 2.200 hectómetros cúbicos. Es un volumen enorme, equivalente al agua que consumen los hogares de toda España durante un año.

Según los registros oficiales de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), el embalse de Flix (Tarragona), el último pantano que tiene el Ebro antes de desembocar en el mar, lleva días soltando por sus compuertas más de 150 hectómetros cúbicos cada 24 horas, más de 150.000 millones de litros cada día.

El consumo doméstico de agua en España ronda anualmente los 2.200 hectómetros cúbicos de agua. Y prácticamente es lo mismo que el Ebro ha vertido al mar en las tres últimas semanas. El episodio de crecidas arrancó en torno al 9 de abril, se acentuó en los días siguientes y sus efectos aún se notan en el gran caudal que sigue llegando al Delta.

2.200 hectómetros cúbicos

El embalse de Flix es el último pantano de regulación del Ebro, al que le llega el agua que antes suelta el gran embalse de Mequinenza. Éste es el mayor de la cuenca del Ebro y entre los más grandes de España. Tiene capacidad para guardar 1.534 hectómetros cúbicos, pero hace días que está lleno, rondando el 95% de su capacidad máxima. Mequinenza es la gran válvula de seguridad hídrica para los pueblos y tierras del tramo catalán del Ebro: las riadas son sistemáticamente contenidas en esa gran presa, las amansa, las doma antes de entrar en suelo catalán.

En veinte días, el Ebro ha echado al Mediterráneo agua suficiente como para llenar más de un embalse como el de Mequinenza. Pero, paradójicamente, gran parte de la cuenca del Ebro sigue sintiendo los efectos de la sequía.

La «guerra del agua»

Cada vez que el Ebro se desboca resurge el debate: los partidarios del trasvase, desde el Levante, lo ponen como ejemplo de que en el Ebro sobra agua; los abanderados del antitrasvasismo les tachan de oportunistas; y, al cabo de un tiempo, todo sigue igual. Aragón, que lleva décadas esperando unos embalses cuya construcción sigue sin haber concluido, continúa lastrada por la sequía de forma recurrente. De ello dio fe el propio cauce del Ebro a su paso por Zaragoza el verano pasado, con una estampa desoladora, convertido más en una rambla seca que en uno de los mayores ríos de España.

De hecho, hoy por hoy, pese a la riada del Ebro que dejó inundaciones de coste multimillonario en las últimas semanas, gran parte de esta cuenca hidrológica sigue herida por la sequía. Baste un dato: la red de embalses de la margen derecha del Ebro, la situada al sur del gran río, está medio vacía. En concreto, esas presas están al 53% de su capacidad máxima cuando arranca la temporada de riegos en el campo.

A Aragón, que concentra la mayor parte de la cuenca del Ebro, le siguen faltando embalses. Los que recogió el histórico Pacto del Agua de 1992 aún no están construidos. En Aragón, la política se estrelló contra los pantanos. La batalla política que se desencadenó en torno al trasvase del Ebro zarandeó el propio Pacto del Agua: se enterró el proyecto de trasvase, pero se cuestionaron los propios embalses históricamente demandados en Aragón y que se había logrado recoger en aquel Pacto de 1992 que asumió el Estado. Parte de esos embalses por construir se arrinconaron, otros -caso del emblemático recrecimiento de Yesa- fue empequeñecido o reconfigurados a la baja, y a estas alturas la lista de obras de aquel Pacto del Agua sigue sin haberse cumplido un cuarto de siglo después.