Placas fotovoltaicas en una instalación de generación eléctrica a partir de la energía solar
Placas fotovoltaicas en una instalación de generación eléctrica a partir de la energía solar - Afp
Economía

La despoblada Teruel, camino de convertirse en el gran huerto solar de España

El fin del carbón y el cierre de la central de Andorra se pretende paliar con más de 2.000 hectáreas llenas de placas solares

ZaragozaActualizado:

Más de 2.000 hectáreas llenas de placas solares. El equivalente a más de 2.000 campos de fútbol cubiertos con células fotovoltaicas mirando al sol para producir electricidad. Es la alternativa que se acaba de poner sobre la mesa para paliar el mazazo que le supondrá a la provincia de Teruel el cierre de las minas de carbón y el correlativo desmantelamiento de la central térmica de Andorra (Teruel), que Endesa va a clausurar ante la «transición energética» diseñada por el Gobierno en cumplimiento de las políticas impulsadas por la UE.

El fin del carbón deja al borde del precipicio a la localidad de Andorra, epicentro de las consecuencias de esta «transición energética» en suelo aragonés. Quedan pocas minas de carbón en las que ya solo trabajan un centenar de mineros. Pero la central térmica de Andorra -que no solo quema carbón autóctono, sino también de importación- da trabajo a unas mil personas, entre empleos directos, subcontratas y puestos indirectos que genera en la economía de la zona. Y esto supone una porción considerable del mercado laboral de la comarca de Andorra, que lleva años azotada por la despoblación y el envejecimiento demográfico. Por eso, el cierre de la térmica se teme que hunda el tejido socioeconómico de esta zona.

Hasta junio del año 2020, la térmica de Andorra seguirá abierta y produciendo como hasta ahora. Pero en junio de 2020 empezará su desmantelamiento. Endesa tomó la decisión definitiva hace unas semanas, tras dar por descartado un marco regulatorio que diera seguridad a futuro como para afrontar las voluminosas inversiones medioambientales que hubiera tenido que acometer para mantener abierta la térmica de Andorra.

El siguiente paso era solicitar formalmente a la Administración del Estado que autorice el cierre de la central, y ese paso lo acaba de dar Endesa. Este martes tramitó la petición, y ahora es el Gobierno el que tendrá que resolverla. Hace unos días, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, dijo que se iba a exigir a Endesa un plan de inversiones alternativas que ayuden a la reconversión económica a la que se enfrenta esta zona de Teruel con el fin del carbón y de la térmica. Endesa ha sustanciado ese plan alternativo con un compromiso de inversiones de 800 millones de euros, para cambiar el carbón por la energía solar.

En síntesis, el proyecto consiste en implantar las instalaciones fotovoltaicas necesarias para disponer de una potencia de 1.000 megavatios, la misma que tiene ahora la térmica, pero para energía solar.

Según Endesa, construir esa gigantesca instalación de energía solar generará 2.000 empleos. Una vez terminada la construcción, el funcionamiento de estos campos fotovoltaicos darían trabajo a 60 personas en tareas de control, mantenimiento y explotación. Endesa ha garantizado la recolocación de todos los empleados de su actual plantilla de la térmica de Andorra. Y, para los trabajadores de las subcontratas, ha prometido que tendrán prioridad para beneficiarse de la mano de obra que hará falta para desmantelar la central y para instalar los huertos solares que ha proyectado.

Si a ese proyecto se suman los que ya están en tramitación o en ejecución en la provincia de Teruel por parte de Endesa, el resultado de conjunto supondría tener en esta porción de España -una de las más despobladas del país- entre 2.000 y 2.500 hectáreas de placas solares. Y eso sin contar las instalaciones promovidas por otras compañías energéticas.

El nuevo proyecto presentado por Endesa como paliativo ante el cierre de la central térmica de Andorra beneficiaría, según la compañía, tanto a esta localidad como a otras de su entorno. En concreto, a Alcorisa, Alcañiz, Ariño, Híjar y Calanda. El plan, eso sí, ha sido acogido con escepticismo en la zona, por considerar que es insuficiente para compensar el empleo que se va a destruir en esta parte de Aragón por la «transición energética» oficial, que ha condenado al cierre a las últimas minas de carbón y ha sentenciado a centrales térmicas como la de Andorra.