Bílbilis: El imperio esculpido
Foto: ABC

Bílbilis: El imperio esculpido

Esta semana se ha conocido el hallazgo de una valiosa escultura en el yacimiento romano de Bílbilis, en Calatayud. Pero a lo largo de tres siglos han sido muchos más los restos escultóricos encontrados. Algunos están en Calatayud, otros en Zaragoza. Y alguno ni siquiera se sabe dónde ha quedado. ABC hace un «rastreo» de todos ellos.

ROBERTO PÉREZ
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Un campesino, en el siglo XVIII, fue el autor del primer hallazgo de una escultura romana de Bílbilis, la antigua ciudad en la que nació y murió el poeta clásico Marco Valerio Marcial. Bílbilis se asentó y prosperó sobre el cerro de Bámbola, en el mismo lugar en el que ya hubo un poblado celtíbero. Durante tres siglos, hasta el II de nuestra Era, Bílbilis fue una próspera ciudad de provincias que miraba a Roma con admiración y a la que Roma también exportaba sus gustos y normas oficiales, como acostumbraba a hacer a lo largo y ancho de sus dominios.

Y entre esos gustos y normas oficiales estaba el diseño de los edificios públicos, el urbanismo, la monumentalidad... y las esculturas de los dignatarios del Imperio. En el caso de Bílbilis, con el tiempo ha quedado claro que esas esculturas de la familia imperial abundaron en el Foro —centro social de la ciudad— y en el Teatro.

Esta semana se ha hecho público un destacado hallazgo en este sentido. A casi cuatro metros de profundidad, en los restos de lo que hace dos milenios fue el escenario del teatro romano de Bílbilis, los arqueólogos han dado con un busto en mármol. Todo apunta a que se trataba de la cabeza de una escultura que representaba al emperador Augusto. «Es un hallazgo espectacular», explica a ABC el arqueólogo Carlos Sáez Preciado. Es de gran valor, porque en la Península Ibérica sólo se han encontrado otras tres del mismo tipo.

Pero, más allá del valor de este último resto recuperado en el subsuelo de Bílbilis, lo cierto es que en esta ciudad romana han aflorado muchos más. Y esos restos no sólo son fruto de excavaciones modernas —si por tales se consideran las hechas de forma sistemática de 30 años a esta parte— sino que son consecuencia de prospecciones o de casualidades que tuvieron lugar mucho antes.

Un agricultor del siglo XVIII

Efectivamente, el primer hallazgo de escultura que se tiene constancia que se produjo en Bílbilis ocurrió en el siglo XVIII. Un agricultor dio con la cabeza de una escultura del emperador Claudio, que databa de la primera mitad del siglo I. Esa pieza reposa, desde hace años, en el Museo de Zaragoza después de haber pasado por varias manos desde que fue hallada.

Presumiblemente, el agricultor acabaría vendiéndola a algún insigne o noble local y, tras diversas generaciones y quizás algún cambio de propietario, al final acabó entregada a las autoridades y depositada en el Museo de Zaragoza, donde sigue.

El Conde de Samitier

En los primeros años del siglo XX, Carlos Ram de Viú, Conde de Samitier, realizó diversas excavaciones en Bílbilis. Entre las piezas que encontró también figuraba la escultura de una cabeza. Pero «sólo conocemos de ella por fotografías, porque no se sabe dónde está», explica el arqueólogo Sáez Preciado. Lo que se pudo determinar a partir de esa fotografía es que, al igual que los hallazgos antes citados y los que se han ido produciendo en los últimos años, esa cabeza representaba a un miembro de la familia julio-claudia y que, por tanto, databa del siglo I. Esa cabeza hallada por el Conde de Samitier se cree que representaba a Drusa, de la familia julio-claudia.

Los hallazgos más modernos

Más recientemente, los arqueólogos lograron reconstruir una estatua femenina, sin cabeza. Se exhibe desde el año 2007 en el Museo de Calatayud. Fue reconstruida a partir de fragmentos que fueron apareciendo a lo largo de varios años, en las décadas de los 80 y 90 del siglo XX. Aunque no tiene cabeza, por análisis comparado con otras esculturas los expertos pudieron determinar que esa escultura representó a Livia, esposa del emperador Augusto y madre de Tiberio. Con seguridad se esculpió en un taller imperial y que fue importada desde italia.

Este último año han aparecido otras dos piezas escultóricas relevantes. De una parte, la ya citada, esa cabeza que representaba al emperador Augusto y que se encuentra actualmente en los laboratorios de los arqueólogos, para proceder a su limpieza y restauración. Un proceso, por cierto, que incluye un estudio del mármol con el que está hecha esta escultura, a fin de conocer su procedencia y el taller en el que fue realizada. Y, además de esta pieza, este año, exactamente en las excavaciones de verano, también apareció el torso de una escultura que representó —al no hallarse la cabeza no se sabe la identidad exacta— a una princesa de la familia imperial julio-claudia.

Otros fragmentos dispersos

Pero, además de todos estos restos de importancia que han ido apareciendo a lo largo de estos tres últimos siglos, las excavaciones realizadas en las últimas décadas han dado con una amplia muestra de fragmentos de otras esculturas. Son partes de lo más variado, generalmente demasiado pequeñas como para saber a qué representación escultórica pertenecían.

Bílbilis, en suma, ha guardado bajo tierra elementos de su monumentalidad, de las caras del imperio, de la familia que estuvo al frente de él. Un imperio esculpido cuyos restos contribuyen a escribir la historia.