Aragón, en la batalla por la memoria de una fragata española
José María Moncasi de Alvear, junto a un retrato de su antepasado - abc
reportaje

Aragón, en la batalla por la memoria de una fragata española

Un zaragozano, descendiente de Diego de Alvear, que naufragó con su fragata hace doscientos años, vive con optimismo la victoria lograda contra los cazatesoros estadounidenses de la compañía Odissey

YOLANDA AZNAR
ZARAGOZA Actualizado:

Agosto de 1804. El general español Diego de Alvear embarcó en Montevideo con destino a España. En la fragata Nuestra Señora de las Mercedes transportaba con él las riquezas acumuladas tras 18 años de servicio a la Corona española en el río de la Plata. En el barco viajaban 250 personas, la esposa y los ocho hijos del general. La flotilla, que se dirigía a Cádiz, estaba compuesta por cuatro fragatas mandadas por el brigadier José de Bustamante y Guerra.

Dos meses después, en el Algarve portugués su destino y el de sus descendientes quedaría marcado para siempre. Cerca de la costa portuguesa, los barcos españoles se toparon con una flotilla de guerra británica.

Por aquel entonces, España e Inglaterra estaban en paz por el Tratado de Amiens. Sin embargo, los ingleses, en un intento por controlar el mercado español con las indias, trataron por todos los medios de capturar la carga de la flotilla española.

Diego de Alvear y su hijo mayor, Carlos María, fueron llamados al buque insignia, el Medea, para servir de intérpretes con los ingleses. A partir de ahí, los acontecimientos se precipitaron, y un cañoneo intimidatorio británico alcanzó la santabárbara de la fragata «Mercedes», que se hundió en el acto, llevándose consigo las riquezas acumuladas por Diego de Alvear y las vidas de su esposa y siete de sus hijos. Dos meses después, en diciembre de 1804, España declaraba la guerra a Gran Bretaña.

Tras el hundimiento, la flotilla española fue capturada y trasladada a Inglaterra, donde Diego de Alvear quedó prisionero, aunque con honores y privilegios. Hasta tal punto tuvo eco la trágica pérdida familiar del general, que el gobierno británico decidió resarcirlo, en parte, de las pérdidas económicas que había supuesto el hundimiento de la fragata «Mercedes».

Fue en este particular cautiverio donde conoció, yendo a misa, a la joven irlandesa Luisa Ward, con quien acabaría contrayendo matrimonio y teniendo diez hijos.

Un tesoro, dos dueños

Desde entonces han pasado más de dos siglos, en los que la fragata descansaba, junto con esta historia, en el fondo del Algarve portugués. Hasta que, en 2007, llegaron los cazatesoros de la empresa estadounidense Odyssey y sacaron a la luz los restos de aquel naufragio. Una fortuna, la que guardaba la fragata «Mercedes», valorada en 350 millones de euros. Y es que transportaba más de 500.000 monedas de oro y plata, más enseres y utensilios personales.

Fue entonces cuando surgió una polémica que perdura hasta la actualidad: ¿a quién pertenece la carga de la «Mercedes»? Tanto el Estado español como los descendientes del general Diego de Alvear tienen claro que los restos forman parte de la historia de España.

Para ello se basan en el tratado que Estados Unidos y España firmaron en 1902, según el cuál la bandera del barco hundido sería la que marcaría la propiedad del mismo. Una postura que, por su puesto, no comparten desde la empresa Odyssey.

Comenzó entonces una dura batalla legal. Se trataba de la primera vez que un Estado decidía litigar contra los cazatesoros por unos restos marinos que consideraba propios. Corría el año 2007. Cuatro años después, el Tribunal de Apelación del Undécimo Circuito de Atlanta ha fallado a favor de España en el juicio contra Odyssey Marine Exploration.

El fallo ha sido calificado como «una victoria histórica» para los descendientes de Diego de Alvear, parte de los cuales residen en Zaragoza. Para José María Moncasi de Alvear, se trata de un «gran logro», ya que los tribunales, tras años de litigio, les dan la razón. Es el primer fallo en este sentido. La primera vez que un Estado gana la batalla a esta empresa de cazatesoros que cotiza en el Nasdaq neoyorquino.

Batalla en los tribunales

El camino no ha sido fácil. En primer lugar había que poner de acuerdo a los 1.500 descendientes de Diego de Alvear. Ellos lo tuvieron claro y se decidieron por apoyar al Estado español en esta lucha.

Y eso a pesar que desde Odyssey se les tentó económicamente. La oferta: un tanto por ciento del dinero que obtendrían por recuperar este tesoro. No hay que olvidar que está valorado en 350 millones de euros. El no fue rotundo y tan solo cinco de los 1.500 descendientes se posicionaron a favor de los cazatesoros americanos.

Por otro lado, se encontraban los descendientes del resto de tripulantes de la fragata. En este caso, tenían menos que decir, ya que el Estado español ya les había ofrecido, por decreto, la posibilidad de que reclamaran lo que consideraban como propio. Ocurrió en 1864, y desde entonces cualquier litigio por los bienes quedaría en papel mojado.

Ya en 2009, el Tribunal del distrito de Florida, que juzgó primero el caso, emitió una sentencia favorable a los intereses de España y ejemplarizante contra los cazatesoros. Ahora, el Tribunal de Apelación lo ratifica. En estos momentos, con los tribunales norteamericanos de parte de España, la batalla a Odyssey parece ganada. Sin embargo, el Gobierno pide prudencia.

Para Moncasi, la empresa de cazatesoros estadounidense «ultrajó, robó y profanó la tumba de nuestros antepasados sin tener en cuenta que esos yacimientos arqueológicos subacuáticos representan el pasado de personas que contribuyeron a la historia de España».

El descendiente aragonés de Diego de Alvear recuerda además que a Odyssey «solo le mueven intereses económico». De hecho, cuando se conoció que los tribunales norteamericanos fallaron a favor de España las acciones en bolsa de la empresa bajaron considerablemente.

De regreso a España

Así pues, las riquezas económicas y arqueológicas que transportaba la fragata Nuestra Señora de las Mercedes deberán de regresar a España. Su futuro todavía está en el aire. De momento, será Patrimonio Nacional, organismo público que custodia los bienes de titularidad del Estado, quien se encargue de velar por el tesoro.

Los descendientes de Diego de Alvear ya han puesto sobre la mesa su propuesta: les gustaría crear un museo en Cádiz. Se trataría de un centro donde pudieran descansar los restos de la «Mercedes» y donde además se divulgara la figura de este general, que tuvo también una gran importancia en la vida política del país.

Y es que la historia de Diego de Alvear no se acaba con el hundimiento de la fragata. Tras su regreso a España, el Rey le encomienda una nueva misión, la de organizar la defensa de la isla de León —actual San Fernando de Cádiz— ante la invasión de las tropas napoleónicas.

Gracias a su visión de combate, tenacidad y espíritu de sacrificio en servicio a España, la isla fue la única ciudad española en la que no entraron las tropas de Napoleón. Posteriormente, en agradecimiento a los servicios prestados, la Regencia nombró a Alvear gobernador político y militar de Cádiz, confiriéndole además el título de corregidor de la misma.

Así, entre otros menesteres, fue «el encargado de dictar las extraordinarias medidas sanitarias que lograron controlar la misma, y que las Cortes se trasladaran al Oratorio de San Felipe Neri en Cádiz». De ahí que sus descendientes consideren lo más oportuno que su pasado descanse para siempre en la ciudad andaluza.