Pasar el rato
Rencor de poeta
Los desplantes de García Montero a don Santiago Muñoz Machado son esfuerzos de estreñido del arte de injuriar
Córdoba
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Iniciar sesiónLo más probable es que Luis García Montero sea poeta, aunque yo no haya sido capaz de descubrirlo. He leído algo suyo, con la misma emoción literaria que me producen la publicidad de hamburguesas y los prospectos de medicamentos. Ser poeta no consiste en decir ... que uno es poeta, y esperar que los demás lo crean sin pruebas. El poeta García Montero, viudo de estación de ferrocarril, dirige el Instituto Cervantes por prescripción gubernativa. Fue nombrado para el cargo por el mismo motivo que Francina Armengol fue nombrada presidenta del Congreso de los Diputados: por ser obediente.
Para llamar la atención que no consigue con sus versos y justificar el nombramiento, le ha dedicado algunas ofensas al director de la Real Academia de la Lengua, el gran cordobés de Pozoblanco, don Santiago Muñoz Machado. Dice que Muñoz Machado no es filólogo, como él, sólo catedrático de Derecho Administrativo, y eso no le parece suficiente para dirigir la Academia; y que se ocupa de hacer negocios millonarios en su despacho profesional, distanciándose así de la vida austera del poeta.
Que el poeta respira por la herida purulenta de la envidia y el rencor se nota en esta queja: él, como filólogo, estaba acostumbrado a hablar con sus iguales en grandeza cultural, y cita a Lázaro Carreter, García de la Concha y Darío Villanueva. No aclara si esos maestros también estaban acostumbrados a hablar con él, que es lo que no parece haber hecho el profesor Muñoz Machado, y muchos pensarán que debe ser elogiado por ello. Lo que el poeta quiere decir con sus versos es que el profesor Muñoz Machado no le hace caso, y él necesita quien lo quiera. Es una queja de amor, con un lenguaje de oficinista resentido.
Los desplantes de García Montero le resultan a uno cómicos, y por eso escribe este artículo, para entretenerse. Son esfuerzos de estreñido del arte de injuriar. Que un poeta menor y blando –como lo llama el gran escritor y académico, Álvaro Pombo- trate de desacreditar a un cerebro mayor y firme, como el del cordobés que dirige la Real Academia, resulta desproporcionado. Y ahí está la comicidad, en la desproporción. Por eso no entiende uno que la Academia haya respondido a sus desahogos. Porque es hacerle publicidad. Que se la pague él, como hacemos los demás.
A uno le tiene sin cuidado el Instituto Cervantes y su director, pero no la Real Academia de la Lengua. A cuyo criterio y decisiones vive atenido, con las reservas propias del ejercicio de la escritura y la oratoria. En su modesto papel y pluma, uno desobedece también con el debido respeto y consideración. Si el poeta García Montero quiere llamar la atención y justificar su cargo, que haga una décima pidiendo el Premio Nobel de Economía para Pedro Sánchez. Ya le pondrá música el cantante Víctor Manuel.
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