Contenido elaborado para la Diputación de Granada

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Mientras que la Alhambra es conocida por albergar la cúspide del arte nazarí, la provincia de Granada esconde en la comarca de Guadix, en el Cenete, una joya arquitectónica de un valor histórico sin parangón: el castillo palacio de La Calahorra. Sobre un montículo a casi mil trescientos metros de altura, dominando las laderas de Sierra Nevada, se alza esta edificación que, a pesar de su apariencia de inalcanzable fortaleza medieval, esconde en su interior el primer palacio del Renacimiento italiano levantado fuera de los límites de la propia Italia.

 

La suntuosa obra tiene su origen en la voluntad de Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, I marqués del Cenete y conde del Cid. Rodrigo, primogénito del Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza –considerado en su tiempo como «tercer rey»–, recibió el señorío jurisdiccional del Cenete de manos de su padre, quien a su vez lo había recibido de los Reyes Católicos por su gran ayuda en la conquista final de Granada, capital del último reino islámico en Europa.

 

Aprovechando la preexistencia de una pequeña fortaleza anterior, el marqués determinó levantar el castillo palacio, posiblemente en honor de su segunda esposa, María de Fonseca. Las obras, que se desarrollaron entre 1509 y 1514, contaron con el arquitecto segoviano Lorenzo Vázquez para la potente estructura de cimentación, y con el italiano Michele Carlone para el palacio interior, de estilo renacentista de finales del «Quattrocento». Carlone trajo consigo a albañiles y artesanos lombardos, e importó desde el puerto de Génova, concretamente, piezas labradas de mármol de Carrara, dispuestas en los distintos modelos de capiteles, la gran variedad de portadas del patio porticado central y la logia del segundo cuerpo.

La inspiración para los diseños procedió de los modelos contenidos en el «Codex Escurialensis», un voluminoso conjunto de bellísimos dibujos renacentistas que Rodrigo Díaz de Vivar coleccionó en sus dos viajes a Italia. El palacio se concluyó tras la liberación del marqués de la cárcel, donde había parado por levantar la obra contra la voluntad expresa de la reina Isabel, y es una pieza única en la arquitectura española, ya que sus muros solo tuvieron que soportar, prácticamente indemnes, un ataque en el segundo levantamiento morisco de La Alpujarra en 1569.

 

Pese a que el marqués y su esposa vivieron allí sólo unos ocho años, y el castillo permaneció sin ser habitado por sus dueños –los descendientes de la casa del Infantado– durante, al menos, cuatro siglos, se conservan la gran mayoría de las piezas originales. Gracias a la iniciativa de la Diputación Provincial de Granada, la fortaleza ha sido felizmente adquirida y está al servicio y conocimiento de los ciudadanos que deseen visitarla desde septiembre de 2025.

 


Para más información: dipgra.es