Una imponente y engañosa fortaleza se alza sobre un montículo en la comarca de Guadix, en la provincia de Granada, dominando el inmenso murallón norte de Sierra Nevada. Sus amenazantes muros de mampostería y piedra, flanqueados por cuatro enormes torres cilíndricas, sugieren el último baluarte medieval de la Península. Sin embargo, en su interior, el castillo de La Calahorra esconde una singularidad arquitectónica de valor incalculable: se trata del primer palacio del Renacimiento italiano que se levantó fuera de los límites de la propia Italia.

Esta suntuosa presencia en medio del páramo del Cenete es obra de Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, marqués del Cenete y conde del Cid. Primogénito de los tres hijos que tuvo el Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, el marqués concibió esta obra aprovechando la preexistencia de una pequeña fortaleza musulmana. Los Reyes Católicos habían regalado el señorío del Cenete al Gran Cardenal en agradecimiento por su ayuda en la Reconquista, y este lo transmitió a su hijo Rodrigo, descendiente por línea paterna del Cid Campeador.
Las obras convirtieron a La Calahorra en una pieza clave de la historia de la arquitectura. El arquitecto segoviano Lorenzo Vázquez aplicó soluciones de cimentación recomendadas por tratadistas italianos como León Battista Alberti o Francesco di Giorgio, asegurando su potencia defensiva.

Posteriormente, para el interior palaciego en estilo renacentista de finales del «Quattrocento», el marqués requirió los servicios del arquitecto italiano Michele Carlone. Este trajo consigo a albañiles y artesanos lombardos, y procedió a la importación de piezas labradas de mármol de Carrara directamente desde el puerto de Génova, empleadas en los capiteles, portadas y la gran escalinata del patio porticado central.
El palacio se comenzó a edificar, en su parte más decorativa, en 1509 y se terminó entre 1512 y 1514, aunque Carlone fue sustituido por el propio Lorenzo Vázquez en la conclusión. Se dice que el marqués determinó levantarlo en honor de su segunda esposa, María de Fonseca, sobrina del arzobispo de Sevilla, y contra la voluntad expresa de la reina Isabel, lo que le valió la cárcel hasta el fallecimiento de la soberana en 1504.

El diseño interior se inspiró en los modelos contenidos en el «Codex Escurialensis», un conjunto de bellísimos dibujos renacentistas coleccionados por Rodrigo Díaz de Vivar en sus dos viajes a Italia. El marqués y María de Fonseca vivieron en el castillo tan solo unos ocho años, hasta que él murió en
Valencia en 1523.
Si bien la fortaleza solo tuvo que soportar un ataque de unos tres mil soldados durante el segundo levantamiento morisco de La Alpujarra en 1569 -del que salió indemne-, permaneció sin ser habitada por sus dueños durante, al menos, cuatro siglos. Afortunadamente, la Diputación Provincial de Granada ha adquirido esta joya arquitectónica y la ha puesto al servicio, disfrute y conocimiento de los ciudadanos, cuyas puertas permanecen abiertas al público desde septiembre de 2025.

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