La alternativa

El drama del Gobierno es que, cuando parece que acierta, revela equivocaciones anteriores que aún colean

GERMÁN YANKE
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El drama del Gobierno es que, cuando parece que acierta (desde los ajustes económicos a la contundencia con los controladores aéreos), revela equivocaciones anteriores que aún colean o, por pavor a las consecuencias electorales de un duro escenario de rectificaciones, se queda a medias. Se diría que, más que una política, le mueve una estrategia de supervivencia.

La percepción de que el Gobierno no acierta es fruto de todo ello y de los padecimientos e incertidumbres que supone para los ciudadanos, no del PP, aunque su estrategia sea precisamente esa. Si el Gobierno no sabe muy bien adónde va, el PP va detrás del malestar de una opinión pública que tampoco sabe, reconozcámoslo, cuáles son las soluciones, cómo se podrán atemperar los sacrificios que exigen, cuál es el mapa, sus certezas y sus zonas de sombra. El PP empuja hábilmente el malestar, pero no ofrece alternativas.

Si no hay en este caso también una cuota de temor a las consecuencias de la verdad, lo debe haber a que, desde la Oposición y sin rédito inmediato, un partido activo y serio le señale el rumbo al Gobierno. A todo esto lo llaman «manejo de los tiempos» como antes lo llamaban «síndrome Cameron» porque el líder conservador británico concretó propuestas y bajó en las encuestas. Aunque también es cierto que ganó, no conviene olvidarlo.

Ganar en las elecciones al PSOE, si las cosas no dan un vuelco milagroso, no parece tener mucho mérito sólo teniendo en cuenta el juicio que sobre él hace el PP. Sin embargo, lo que nos jugamos los demás no es una cuestión de gabinete o de cambio de color, sino el programa para salir del abismo en el que estamos. No sé a otros, pero a mí me daría más confianza que intuirlo conocer un plan con el idealismo de un reto y el realismo suficiente para no tener que cambiarlo al llegar a La Moncloa.