Zapatero, en su última visita a Iberoamérica, hace dos años - ap

Zapatero aún no ha viajado a ocho países de Iberoamérica

González fue habitual de la zona y Aznar visitó todas las capitales en su primera legislatura

L. AYLLÓN / P. CERVILLA
MADRID Actualizado:

Un sueco se ha hecho cargo de la Dirección para América en el Servicio Europeo de Acción Exterior, en cuya cúpula no hay un solo español. Hamburgo será la sede de la Fundación Unión Europea-América Latina. Las dos noticias, desveladas por ABC en los últimos días, pueden poner de relieve que España está dejando de ser un referente en Europa a la hora de relacionarse con Iberoamérica.

Tradicionalmente, los gobiernos españoles se han volcado con Iberoamérica, porque ha sido el subcontinente hacia el que se han dirigido, de manera natural, nuestras empresas, gracias a la cercanía que dan la historia y el uso de una lengua común. De hecho, seguimos siendo el primer o segundo inversor, según los años, con importante presencia en telecomunicaciones, infraestructuras, energía y transporte, entre otros sectores.

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero tenía también la intención de continuar esa línea y los servicios diplomáticos se pusieron manos a la obra. Incluso, se llegó a crear, durante algún tiempo una Secretaría de Estado para Iberoamérica, que Trinidad Jiménez asumió con entusiasmo; y la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, se aficionó a las giras por la región. Esa relación política ha facilitado el mantenimiento de la presencia económica.

Viajes de González y Aznar

Pero algo ha fallado en cuestión de imagen, un elemento clave la hora de hacer valer el peso de España: el propio presidente de Gobierno, que después de siete años en el Palacio de La Moncloa, no ha pisado casi la mitad de los países de Iberoamérica y, por muchos de ellos, simplemente, ha realizado fugaces pasadas. El último de sus viajes tuvo lugar hace casi dos años, el 28 de marzo de 2009, a Viña del Mar (Chile), a la Cumbre de Líderes Progresistas, adonde fue para poder reunirse con el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Este escaso interés por cruzar el Atlántico, contrasta con la presencia constante que tuvieron en Iberoamérica sus dos inmediatos predecesores. La figura de Felipe González era ampliamente conocida desde México a Buenos Aires y sus viajes por la zona fueron muy frecuentes, lo que en sus casi catorce años de Gobierno le permitió visitar todos los países iberoamericanos, alguno en más de una ocasión.

Lo mismo sucedió con José María Aznar, que sólo en los cuatro años de su primera legislatura, ya había pasado por todas las capitales americanas, casi siempre en visita oficial, con excepción de La Habana, adonde acudió, pero para participar en la Cumbre Iberoamericana de 1999, junto al Rey. A la mayoría de esos países volvió durante la segunda legislatura.

Sólo once países

Hasta la fecha, y desde que llegó a La Moncloa, Zapatero únicamente ha viajado a 11 de los 19 países iberoamericanos, y, muy pocas veces en visita oficial, con carácter bilateral. A algunos de ellos, sólo lo hizo porque debía asistir a una Cumbre Iberoamericana (Costa Rica, El Salvador o Uruguay), o a una de la UE yAmérica Latina (Perú). En otras ocasiones, sus desplazamientos estuvieron motivados más por razones electorales que por consideraciones de política exterior, como cuando, en 2007, tras el incidente del «¿por qué no te callas?» del Rey a Hugo Chávez, en Santiago de Chile, se desplazó a Buenos Aires y Montevideo para participar en sendos mítines del PSOE con la colonia española en Argentina y Uruguay.

El paso por otras capitales, como Bogotá, tuvo un carácter bastante fugaz y estuvo condicionado por el hecho de haber viajado también a Caracas, en un momento en que las relaciones entre Venezuela y Colombia eran muy tensas.

Argentina, Chile, México, Brasil y la propia Venezuela fueron los países a los que más atención dedicó personalmente Zapatero. En el caso de los cuatro primeros, es lógico porque es con ellos, además de con Colombia, con quien España tiene firmados acuerdos de Asociación Estratégica y porque los intereses económicos españoles son grandes y, en algunos momentos, se han visto en peligro.

Por lo que respecta a Venezuela, Zapatero se vio arrastrado a la relación prioritaria con Hugo Chávez debido a la apuesta por el régimen bolivariano que hizo el entonces ministro de Defensa, José Bono, secundado por el que era embajador en Caracas, Raúl Morodo. No se trataba de una pasión ideológica, sino pragmática, porque Chávez se presentaba como el salvador de la tambaleante industria naval española, al ofrecerse a comprar y reparar petroleros en España, además de patrulleras y aviones.

El asunto de los aviones, sin embargo, causó al Gobierno más mal que bien, porque añadió un elemento de confrontación con la Administración Bus, con la que las relaciones estaban ya muy tensas. George Bush vetó la transferencia de los componentes estadounidenses de las aeronaves y la operación se frustró. Lo peor fue la imagen de alineamiento con el régimen chavista y sus aliados, un estigma del que todavía no ha logrado desprenderse el Gobierno, pese a los continuos quebraderos de cabeza que provoca la relación con Chávez, empeñado en dar cobijo a etarras.

Inédito en ocho países

Lo cierto es que, casi siete años después de hacerse cargo del Gobierno, Zapatero, no ha viajado nunca a ocho de los países iberoamericanos. Ni la República Dominicana, ni Paraguay, ni tres de los centroamericanos —Honduras, Guatemala y Nicaragua— han contemplado la llegada del presidente del Gobierno.

Tampoco se le ha visto por Cuba, donde fue su, hasta hace poco, ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, quien se convirtió en el gran valedor del castrismo ante Europa. Frente al entusiasmo de Moratinos, Zapatero no cree que haya llegado todavía el momento de hacer ese viaje, pese a que llegó a anunciarse un desplazamiento para el año 2009.

Dos países en los que se sigue esperando al jefe del Ejecutivo español son Ecuador y Bolivia. Las visitas a esos dos países, en la órbita bolivariana, han llegado a estar proyectadas, pero nunca se han hecho realidad.

Ausente en una Cumbre

En el caso de Bolivia, incluso estuvo programada para el pasado 2 de diciembre, pero Evo Morales tendrá que seguir esperando. Zapatero anuló el desplazamiento, del mismo modo que anuló su presencia en la última Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata, en Argentina, agobiado por las posibles presiones de los mercados sobre España, y, tal vez también, por la previsión de insubordinación de los controladores aéreos.

La realidad fue que, por primera vez, en la historia de las cumbres, el Rey no estuvo acompañado por el presidente del Gobierno, pese a que España fue, en 1991, el gran impulsor de estas reuniones, y quien aporta la mayoría de los fondos para el funcionamiento de sus instituciones.

Desde el Partido Popular en el Congreso se ha criticado duramente que la sede de la Fundación UE-América Latina se establezca en Hamburgo. La portavoz en la Comisión Mixta de la UE, Soledad Becerril, aseguró a ABC que esta decisión es «reflejo de la falta de peso de España en la política exterior y en las relaciones internacionales. Será muy difícil de explicar». Becerril no entiende la actitud de España ante esta decisión «a no ser que sea un regalo a la canciller Merkel en vísperas de su visita a España». Además, asegura que «si el Gobierno hubiera buscado el apoyo del PP para conseguir la sede de esta Fundación, lo hubiera conseguido. Todavía está a tiempo de hacer un esfuerzo».