«No supimos calibrar el coste político de nuestras reformas»
Manuel Chaves, durante la entrevista - JAIME GARCÍA
ENTREVISTA

«No supimos calibrar el coste político de nuestras reformas»

Manuel Chaves, vicepresidente Tercero del Gobierno en funciones, hace balance de su gestión y de su futuro antes de abandonar el poder tras 25 años en cargos públicos

MADRID Actualizado:

—Después de más de 25 años ocupando cargos públicos está a punto de dejar el poder. ¿Está preparado para vivir sin el coche oficial?

—Sí, porque yo en la política siempre he ido como se tiene que ir en la política: ligero de equipaje.

—¿Cómo se siente?

—Tengo dos sensaciones: una, la de la derrota, que ha sido muy severa, pero también tengo un sentimiento personal de alivio. Dejar el peso de la púrpura del poder y no tener responsabilidades de gobierno es un alivio aunque mucha gente no lo crea porque me da la impresión de que siendo diputado podré llevar una vida mucho más normalizada, más familiar.

—¿No teme el «mono» de poder?

—No, nunca lo he tenido. Siempre lo he considerado como un servicio a los ciudadanos.

—Antes se lamentaba por la derrota del 20-N. ¿En qué se ha equivocado el PSOE para obtener los peores resultados de su historia?

—Aunque no debe servir de excusa, la crisis ha sido la causa fundamental, aunque no única. Creo que hubo una decisión, el decreto ley de mayo que estableció la reforma laboral y de las pensiones, que fue necesario e imprescindible para que España no fuese intervenida. Pero esa decisión fue letal para nuestro electorado, que entendió que era propia de la derecha. No supimos calibrar el coste político.

—Quizás porque fue un cambio brusco: se pasó de un gasto público muy generoso a esos recortes. Si hubieran escuchado las voces que advertían de la gravedad de la crisis, en lugar de negarla, podrían haber hecho los cambios gradualmente y el impacto hubiera sido menor...

—Eso forma parte de la leyenda, nadie pudo prever la intensidad y gravedad de la crisis, y aquellos que dicen que lo habían previsto están mintiendo. Es muy fácil decirlo a toro pasado. Es verdad que estábamos entrando en un ciclo económico negativo, pero nadie preveía la gravedad real de la crisis.

—La gestión de Felipe González asentó el diseño del equilibrio autonómico del Estado. Hay una percepción social de que la gestión de Zapatero ha debilitado este equilibrio.

—El Estado autonómico con los nuevos estatutos no ha cambiado sustancialmente el diseño que se hizo en la Constitución. En los últimos tiempos estamos asistiendo a un juicio sumarísimo contra el Estado de las Autonomías, al que se acusa de ser poco eficiente y despilfarrador. Eso es injusto; es verdad que hay solapamientos que hay que corregir, pero todo el progreso y modernización de este país los últimos 30 años está ligado al Estado de las autonomías, que por supuesto es un Estado mucho más barato que el Estado centralista al que nos quieren llevar algunos.

—¿Cuál es el objetivo del congreso federal del PSOE: elegir un nuevo líder o reinventar el partido, redefinir de nuevo el socialismo?

—El problema no es tanto de modelo de partido como de proyecto para el futuro. El partido no necesita grandes cambios estructurales, pero hay tres aspectos a tener en cuenta: primero, reforzar el debate político, decaído en los últimos años. Segundo, el partido tiene que recuperar uno de sus valores más importantes que resume su identidad, que es insertarse en la sociedad: plataformas, asociaciones... Se habla de giro a la derecha o a la izquierda, y yo creo que lo importante es el giro hacia la ciudadanía. Y en tercer lugar, mucha transparencia y garantizar la ética en las actuaciones del partido. La clave, más que elegir a un secretario general, es elaborar un proyecto socialdemócrata para el siglo XXI, que no solo debe ser nacional. Tiene que ser europeo y global, para salir de la crisis desde la izquierda.

—Pero en su partido se debate más sobre nombres. Por cierto, explíqueme las diferencias entre Rubalcaba y Chacón...

—Estas dos personas, si al final son los candidatos a la Secretaría General, forman parte del mismo proyecto. Hay que elaborar un proyecto, y no lo elabora el secretario general, sino el congreso. A partir de ahí, el propio congreso deberá buscar a la persona más adecuada para llevarlo adelante. No es el proyecto de una persona, es el proyecto del partido.

—Imagino que en este planteamiento reivindica el papel de su generación. ¿Fue un error de Zapatero no contar con la «vieja guardia» del PSOE?

—Creo que ha contado con bastante gente de la generación de Felipe. Ha contado conmigo, con María Teresa Fernández de la Vega, con Alfredo Pérez Rubalcaba, con Elena Salgado... Eso no responde a una realidad.

—Bueno, jubiló a muchos dirigentes...

—Es verdad que cuando llegó Rodríguez Zapatero hubo un esfuerzo de renovación, pero renovación no es igual a rejuvenecimiento. La renovación se puede dar con personas de distintas generaciones, y creo que eso fue lo que hizo Zapatero.

—Si José Antonio Griñán aspira a la presidencia del partido en el congreso federal, ¿le apoyaría?

—Por su puesto, creo que sería un gran presidente.

—¿Usted aspirará a seguir en ese cargo?

—Quien tiene que designar al presidente es el secretario general y los delegados del partido en el congreso. Yo no voy a ser ningún obstáculo para nadie, y desde luego no lo seré para los socialistas andaluces en sus planteamientos.

—¿Pero usted optará o no?

—Lo dejo absolutamente claro: no voy a ser un obstáculo.

—¿Usted conocía que había un fondo para pagar EREs de determinadas empresas?

—Rotundamente, no. Le hago una reflexión al respecto: el objetivo de las políticas diseñadas por la Junta de Andalucía era bueno, salvar empresas en crisis y puestos de trabajo. De hecho, salvaron cientos de empresas y miles de puestos de trabajo. En la ejecución de esas políticas hubo fallos y se aprovecharon algunas personas, pero el tema está en manos de la Justicia. Por lo tanto, que sobre ellos caiga el peso de la ley. Pero esta evidencia no oculta que hay una estrategia política articulada con un procedimiento judicial que ha dado pie a una especie de causa general contra la Junta de Andalucía que yo rechazo contundentemente. No es lo mismo perseguir un delito que perseguir a un gobierno.

—Dado el montante económico investigado, cuesta creer que la responsabilidad se limite a un cargo medio de la Junta. Y segundo...

—Vaya, ahora es un cargo medio, no un alto cargo...

—...Bueno, un director general, un alto cargo, pero no político. Y segundo, denota en cualquier caso una falta de control por parte del gobierno.

—Cuando hay un director general que toma las decisiones y presuntamente comete un delito, es difícil detectar este tipo de cosas.

—¿Cree que sus consejeros de Empleo y de Economía no estaban al corriente de las irregularidades?

—Por supuesto. En cualquier caso, ahí esta la Justicia para determinar las responsabilidades.

—¿No echa en falta alguna dimisión política? En el «caso Gürtel» ustedes fueron muy exigentes con el señor Camps, quien dimitió antes de ser juzgado por un asunto de mucha menor cuantía económica.

—No tiene nada que ver. Aquí ha habido un director general que ha hecho lo que ha hecho, y allí un presidente. Las diferencias están muy marcadas.

—¿No considera inapropiada la proliferación de familiares suyos en el entorno de la Junta?

—Mi hija es una profesional de una empresa que tenía derecho a una subvención, porque las subvenciones no se conceden gratuitamente, sino de una manera reglada. Esa empresa, estuviera mi hija o no, tenía derecho a una subvención, y eso lo dejó absolutamente claro el Tribunal Supremo en dos resoluciones judiciales. Es un tema aclarado judicialmente.

—¿Su hijo negoció con la administración?

—Con respecto a mi hijo han habido ya tres resoluciones judiciales que no salen en la prensa porque no interesa.Tres resoluciones que archivan las denuncias que han habido contra él.