Siempre al lado de Rajoy

MARIANO CALLEJA
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MADRID

Tras el atronador aplauso que los diputados del PP dedican a Mariano Rajoy después de cada debate en el Parlamento, su móvil suena: mensaje recibido. «Has estado bárbaro, presidente». Ana Pastor, sentada a la izquierda de José Bono en la Mesa del Congreso, se muerde las ganas de ovacionar a su jefe tras sus combates dialécticos con Zapatero: su puesto institucional se lo impide, pero nada le prohíbe felicitar y animar a través de su inseparable iPhone al presidente de su partido, al que le une no solo una carrera política de plena sintonía, sino una amistad personal que viene de muchos años atrás.

Pero Ana Pastor (Cubillos, Zamora, 1957), con padres de Salamanca y marido gallego, no entró en política por Rajoy, al que conoció en Pontevedra, sino por José Manuel Romay Beccaría, cuando este era consejero de Sanidad de la Xunta de Galicia, en 1991. Pastor era jefa de Sanidad en Ferrol, como funcionaria de carrera. Romay le ofrece ser gerente de Atención Primaria en Pontevedra, puesto que acepta, y que poco después cambiaría por la Dirección del Servicio Gallego de Salud. Como funcionaria del Cuerpo de Salud Pública y Administración sanitaria y licenciada en Medicina y Cirugía, estos trabajos de gestión le encajaban como un guante.

En 1996, Rajoy le propone presentarse a las elecciones generales, como número cinco por Pontevedra, en la lista que encabeza él en aquella circunscripción. Le da un sí, y tras la victoria del PP hace las maletas para marcharse a Madrid, donde será directora del Muface.

A partir de ahí su carrera política irá paralela a la de Rajoy: a donde vaya su jefe y amigo, ahí estará ella: Educación y Cultura, Presidencia y luego Interior, siempre como subsecretaria.

El salto a la primera línea lo da en 2002, cuando es nombrada ministra de Sanidad. En 2004, se presenta a las elecciones como número 1 por Pontevedra. En la travesía en el desierto de la oposición, es pieza fundamental en el equipo de confianza de Rajoy, en sus años más difíciles.

En 2008, Rajoy premia su lealtad con la vicepresidencia segunda del Congreso, un puesto que le ha permitido vigilar de cerca, y frenar en muchas ocasiones, las decisiones de José Bono y compañía. Pastor suele resumir así su etapa en el Congreso: «Consiste en oír mucho y callar casi todo».

¿Y cómo describen a Ana Pastor quienes más la tratan en el día a día? «Supertrabajadora, perfeccionista, con todo bajo control, incansable (con cafés descafeinados)… Ella no se cansa; los demás, sí». Lo lee todo, no hay documento que pase por sus manos y no por sus ojos, hasta la última línea, y no deja un «email» ni una llamada sin contestar. Y un dato más, significativo para el futuro: le gusta, por encima de todo, la gestión.