Rubalcaba veta el intento de Chacón de repartirse la Ejecutiva del PSOE
Elena Valenciano, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Antonio Griñán - ABC

Rubalcaba veta el intento de Chacón de repartirse la Ejecutiva del PSOE

Solo repesca a Griñán como presidente del partido para tratar de frenar la debacle electoral andaluza. Su coordinadora de la campaña electoral del 20-N, Elena Valenciano, asciende a vicesecretaria general

SEVILLA Actualizado:

Una cosa es el resultado que a José Luis Rodríguez Zapatero le hubiera gustado en el 38 Congreso del PSOE y otra lo que intuía que iba a pasar: victoria de Alfredo Pérez Rubalcaba, como confesó hace semanas en privado. Eso explica que el sábado, nada más ver cumplido su pronóstico, hablara a solas con el ganador, y luego los dos con Manuel Chaves y José Blanco, para tratar de suturar la profunda grieta que ha dejado en el socialismo español la batalla entre Rubalcaba y Carme Chacón. Los tres le convencieron de que integrara a José Antonio Griñán como presidente, en un intento desesperado por evitar un desaire al «barón» por su apoyo nada soterrado a la ex ministra de Defensa a menos de dos meses de las elecciones andaluzas.

Zapatero argumentó ante Rubalcaba que él fue elegido por un porcentaje aún menor (41,69% de los delegados, y José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díez se repartieron el resto) en el 35 Congreso pero, a la mañana siguiente, el 25 de julio de 2000, su esfuerzo de integración se vio recompensado con el 90,2% de respaldo a la Ejecutiva que formó. Ahora la situación es bien diferente.

«Apuesta suicida»

Rubalcaba, ya vencedor, escuchó y aceptó los argumentos para repescar a Griñán, pero como manera de atraerse a todo el PSOE andaluz a la nueva mayoría, no como cesión en el pulso de poder de Chacón. José Antonio Griñán cometió la «apuesta suicida» de ponerse del lado de la candidata. Si no lo hizo más visible fue por la abierta oposición de Cádiz, Jaén y buena parte de Sevilla, que le disuadieron de tan temeraria maniobra en un partido acostumbrado a las negociaciones hasta el límite. Y en el que, en esta ocasión, según ha podido saber ABC, hasta Felipe González y Alfonso Guerra se implicaron personalmente, del viernes al sábado, en disuadir telefónicamente y delegado a delegado, de que el triunfo de Chacón iba a ser una catástrofe para el partido. Los colaboradores de la aspirante creen que eso les hizo perder.

Rubalcaba recibió a Chacón y le dejó claro que solo iba a reconocer cuotas territoriales al seleccionar los nombres de la Ejecutiva. La ex ministra insistió en reclamar para los suyos —nunca para ella, que no quiere ningún cargo— una proporción equivalente al 49 por ciento de votos que había obtenido. El líder se negó.

Ideas claras

El nuevo secretario general tiene claro a qué ha llegado: a poner orden orgánico y a efectuar un rearme ideológico. Por más que el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, soltara ayer un significativo «empezamos mal», lo cierto es que durante la noche Rubalcaba sucumbió al desgaste y cedió milímetros. Dejó que su furibundo adversario, el secretario general del PSM, Tomás Gómez, mantenga como vocal a Maru Menéndez. Y aceptó que José Zaragoza entrase por el PSC, pese a haber sido el representante máximo de Chacón en este 38 Congreso. «Mantenemos nuestros dos representantes», declaró el primer secretario del PSC, Pere Navarro, en un intento por certificar cuanto antes la paz con Rubalcaba.

Con ese alivio de tensión con Andalucía y con el PSC, Rubalcaba logra desactivar la tentación de Chacón de mantener viva la llama de una oposición interna. De hecho, la Dirección Federal se aprobó con un apoyo del 80,42%, «30 puntos de unidad más», destacó Rubalcaba, en relación al rácano respaldo del 51,16 que él había obtenido el día anterior.

El secretario general tenía decididos cuatro nombres: Patxi López ocuparía el cargo de «Secretario de Relaciones Políticas», que se ha inventado para premiar su fidelidad y proyección de futuro. Elena Valenciano, su fiel «mano derecha», será vicesecretaria general; y Óscar López, actual secretario general de Castilla y León, nuevo secretario de Organización.

De ahí, en cascada, los nombres más sonados del «rubalcabismo» fueron asociándose a todas las secretarías de área (ver esquema): Antonio Hernando, Inmaculada Rodríguez Piñero, Rafael Simancas, Juan Moscoso, María González Veracruz, Jesús Caldera, y Carmela Silva, en secretarias de área. Y como vocales, Jaime Lissavetzky, el alcalde de Toledo Emiliano García-Page, la cántabra Lola Gorostiaga y Patxi Vázquez. Se mantiene Eduardo Madina, cuyo nombre destaca como posible portavoz del Grupo Socialista, aunque algunas fuentes sitúan ahí a Ramón Jáuregui, que no ha entrado en la Ejecutiva.

La derrota de Carme Chacón ha traído consigo el adiós al «zapaterismo». Siguen Blanco, Caldera y Trinidad Jiménez, que apostaban por Rubalcaba. La primera que desaparece es la propia Chacón, y con ella se despiden Leire Pajín, Francisco Caamaño, Cristina Narbona y José Andrés Torres Mora. Cesa también el portavoz del Grupo Socialista, José Antonio Alonso.