Rubalcaba arranca con el doble de apoyos que Chacón en el Comité Federal

Logra 58 avales para ser el próximo secretario general del PSOE frente a los 27 de la ex ministra de Defensa

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GABRIEL SANZ

MADRID

Los socialistas se desgañitan estos días diciendo que lo importante es «el debate de las ideas» no los nombres. Sin embargo, ayer, en el último Comité Federal del PSOE de la «era Zapatero», convocado para aprobar la ponencia-marco que discutirá el 38 Congreso, todos miraban de reojo a los escuderos de Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, Pedro Sánchez y el ex secretario de Organización del PSC José Zaragoza, respectivamente. Ambos se dedicaron a recabar el mínimo de 24 avales (10 por ciento de sus 243 miembros) que otorgaba la condición de «precandidato» a la Secretaría General del partido.

El trámite no era necesario (a Chacón y Rubalcaba les basta con lograr la firma de 191 de los 972 delegados a la cita de Sevilla), pero el ex vicepresidente está seguro de que si hubiera habido primarias en mayo entre los 220.000 militantes habría ganado de calle a su rival y no quiere perder ni en los prolegómenos. Por eso, ayer se apresuró a informar de que tiene 58 avales, entre ellos, los del lendakari, Patxi López; Ramón Jáuregui, Trinidad Jiménez, Jaime Lissavetzky, Rafael Simancas, Laura Seara, Soraya Rodríguez; o los secretarios generales de Cantabria y Asturias, Dolores Gorostiaga o Javier Fernández. Ningún aval del PSC para Rubalcaba.

Este dato es importante porque la federación catalana será la tercera en número de delegados al 38 Congreso, después de la andaluza (240) y la valenciana. Fuentes cercanas a la ex ministra sostienen que ella se toma la recogida de avales como un «trámite» para el que ha recabado «entre 26 y 28», el mínimo, destacando los del secretario general del PSN, Roberto Jiménez, y el del todavía líder en Castilla-La Mancha, José María Barreda, además de Juan Alberto Belloch, Juan Antonio Barrio de Penagos. Chacón, siempre según esas fuentes, no hace cuestión del número sino de que hubiera representantes de todas las federaciones. En las próximas dos semanas va a emprender una gira por todas las comunidades, con especial detenimiento en Andalucía.

Ayer, el secretario general del PSOE-A, José Antonio Griñán, volvió a reiterar su «neutralidad activa» pero solo hasta que se pronuncien los ocho «congresillos» provinciales. Entonces, la Ejecutiva, con él a la cabeza, dará «una orientación» a los delegados andaluces. Y Rubalcaba no se fía. Sabe que, a priori, cuenta con el apoyo de una mayoría de delegados en Cádiz, provincia controlada por Manuel Chaves; lo mismo en Jaén, controlada por Gaspar Zarrías pero en donde Mar Moreno puede dar un «mordisco» de delegados a favor de Chacón; y eventualmente también en Sevilla, donde su secretario general, José Antonio Viera no es «chaconista» aunque muchos alcaldes sí.

Los afines a Rubalcaba mantienen que Griñán, pese a la neutralidad que proclama, actúa como un agente pro Chacón, como lo demuestra, dicen, su intento de listas alternativas de delegados en Cádiz. Por contra, el «chaconismo» ve el manifiesto promovido por afines a Chaves: Luis Yáñez, su esposa Carmen Hermosin, el ex alcalde de Sevilla Alfredo Sánchez Monteseirín, y 230 firmantes más, pidiendo que el 38 Congreso se retrase del 3, 4 y 5 de febrero a junio, como una maniobra más para frenar el ascenso del apoyo a la ex ministra en el PSOE-A que avalaría Griñán. Este tuvo que ver ayer cómo una de las avalistas de Rubalcaba es nada menos que su consejera Micaela Navarro, a quien muchos la sitúan como su sucesora al frente del PSOE-A. Fue el propio Griñán quien explicó por qué no hay retraso: el PSOE-A no puede llegar a las elecciones andaluzas «con una situación de interinidad en el partido». Y el secretario de Organización, Marcelino Iglesias, lo corroboró.

Mientras, el todavía secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, aparentemente ajeno a esta lucha subterránea, aprovechó ayer su última intervención ante el Comité Federal para pedir a Rubalcaba y Chacón un debate «ejemplar»; que hagan autocrítica, sí, pero también «orgullo y reconocimiento a los servicios que ha prestado el PSOE a este país», dijo el ex presidente del Gobierno. Aprovechó para agradecer la comprensión que han tenido sus compañeros con los «errores» que ha cometido.