Rubalcaba acusa a Rajoy de ser el títere por el que habla Aznar

González llama a votar «a los cabreados» y les dice que gracias a este Gobierno «no estamos en situación de rescate»

LAURA L CARO
ZARAGOZA/LOGROÑO Actualizado:

El PSOE se desayunó con unas encuestas devastadoras y agitó el fantasma de José María Aznar como último recurso a la desesperada para intentar sacar de sus casas el domingo a la masa de votantes socialistas que esta vez no quiere saber nada de ellos. «Los indecisos son nuestros», proclamó en Zaragoza Felipe González. Son un 35 por ciento del electorado, según los sondeos demoscópicos, y según los del partido, «Aznar les da mucho miedo, mucho más que Rajoy». Así es que a convertir al segundo en el títere del primero.

Alfredo Pérez Rubalcaba no hizo una sola referencia a los datos que ayer mostraban que no ha movido a su favor un solo apoyo, dijo en voz alta que todavía hay tiempo y se lanzó a advertir que el que fuera único presidente del Gobierno del PP lleva años haciendo «algo tan inconcebible» como hablar mal de España en el exterior, nada importante viniendo de un político «irrelevante», dijo el candidato del PSOE, si no fuera por que Aznar es quien dicta y da órdenes a Rajoy. «Estoy muy preocupado de que el señor Aznar sea el ventrílocuo de Rajoy». Y añadió: «No se puede gobernar un país leyendo lo que a uno le han dictado... y me temo que le están dictando lo que debe hacer».

A Rubalcaba le dio pie por tercera vez en esta campaña un Felipe González apabullante. Tantos fueron los aplausos del público que abarrotaba el Palacio de los Deportes zaragozano y los honores de quienes le precedieron en el mitin —el alcalde, Juan Alberto Belloch; el secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias; y la cabeza de lista al Congreso por Zaragoza, Pilar Alegría—, que pareció que el candidato a La Moncloa era él.

Pero González se entregó a Rubalcaba —«estoy a tus órdenes, no te doy órdenes», le dijo—, y en su auxilio pidió «a los cabreados» y a los «irritados» que vayan a las urnas. «El voto del cabreo nos puede perjudicar», reconoció. Y el revulsivo para intentar que se decidan y vayan a depositar la papeleta del PSOE fue doble. Uno, arremeter contra IU, previsible refugio de mucho simpatizante socialista desencantado. Dos, desacreditar a Rajoy desempolvando lo que fue su gestión del «Prestige»; también a Aznar, —«su jefe de verdad», dijo—, y sacando a relucir una anécdota apócrifa de «aquellos años en que nos protegía este ciudadano que llamaban el caudillo» para tacharle de vago.

Rubalcaba y González insistieron con especial énfasis en desmontar la idea de que cambiando de gobierno se va poner fin a la crisis, un discurso mental al parecer muy extendido entre los votantes que ambos tratan de combatir recordando que «en Portugal, un gobierno de izquierdas dio paso a uno de derechas, y ahora están igual, pero sin pagas y con el doble de recortes». El otro referente es el Reino Unido, donde el candidato socialista subraya que la primera medida del conservador Cameron fue «triplicar» el coste de las matrículas universitarias.

Con menos entusiasmo, ambos coincidieron también en hacer alusión al presidente del Ejecutivo. González no pronunció su nombre, pero se refirió a su gobierno y a su legislatura como la que «ha evitado que estemos en situación de rescate». Rubalcaba repitió en Zaragoza aquello de «hemos hecho muchísimo, sobre todo el gobierno de José Luis». Apenas unas decenas de personas respondieron con un tímido aplauso.