El Rey renuncia al paraguas

Don Juan Carlos pasó revista a las tropas bajo un aguacero en la ceremonia de bienvenida a su llegada a Suiza

ENVIADA ESPECIAL A BERNA Actualizado:

Hacía tiempo que no llovía en Berna, según decían sus habitantes, pero las nubes descargaron con fuerza precisamente durante la ceremonia oficial de bienvenida a Sus Majestades los Reyes, que empezaron ayer su segunda visita de Estado a la Confederación Helvética (la primera la realizaron en 1979). Después de aterrizar en el aeropuerto de Zúrich, donde fueron recibidos a pie de pista por la presidenta de Suiza, Micheline Calmy-Rey, Don Juan Carlos y Doña Sofía viajaron a bordo de «un tren especial», en el que almorzaron, y llegaron a Berna, en cuya Plaza Federal se celebró la ceremonia.

Los Reyes y la presidenta suiza escucharon los himnos nacionales de España y Suiza protegidos por paraguas bajo un intenso aguacero, igual que el resto de los presentes. Pero cuando un oficial dio la novedad a Don Juan Carlos y le invitó a pasar revista, el Monarca pidió al asistente que sostenía su paraguas que no le siguiera y pasó revista a las tropas a la intemperie. Al Rey le acompañaba la presidenta suiza, que prefirió seguir protegida de la intensa lluvia. Este tipo de gestos siempre han sido habituales en Don Juan Carlos, que en los actos militares prefiere mojarse como el resto de los soldados.

Después de cruzar la plaza bajo la lluvia y de pasar revista a las tropas, de acuerdo con el formato del protocolo suizo, que es algo más largo que el español en este tipo de ceremonias, el Rey se acercó hasta las vallas que separaban al público para saludar a un grupo de españoles que ondeaban una bandera nacional y que le recibieron con gritos de «¡Vivan los Reyes!».

Al terminar la ceremonia, Don Juan Carlos y la presidenta suiza se dirigieron al Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Federal, donde pronunciaron sus discursos. Tanto el Monarca como Calmy-Rey recordaron a los españoles que emigraron a Suiza y su contribución al progreso de la Confederación. Según la presidenta, los 65.000 españoles que residen en su país están «admirablemente bien integrados». Calmy-Rey recordó que «fue un suizo, Hans Gamper, quien fundó el FC Barcelona» y afirmó que ambos países destacan gracias a dos tenistas: «Nadal, Federer; Federer, Nadal y, cada vez más, Nadal». También resaltó la «contribución constructiva» de ambos países en las «primaveras árabes», y agradeció al Rey la ayuda prestada el año pasado para liberar a dos rehenes suizos en Libia.

«Entrañables recuerdos»

Cuando Don Juan Carlos tomó la palabra, aún se le podían ver las marcas que la lluvia había dejado en su traje. El Rey afirmó que desde su infancia se siente ligado a Suiza por «entrañables recuerdos familiares» y, después de repasar la intensidad de las relaciones económicas (España es el octavo cliente y el décimosegundo proveedor de Suiza) instó a «ampliar nuestra colaboración».

Tras subrayar que España y Suiza comparten principios, afirmó que «como sociedades democráticas ligadas por los mismos valores, esa colaboración se extienden lógicamente a la lucha contra la barbarie terrorista». Se da la circunstancia de que Suiza ha llevado su tradicional neutralidad hasta el extremo de no tener listas de grupos terroristas. El Rey y la presidenta mantuvieron una reunión de hora y media, tras la cual Don Juan Carlos pudo regresar al hotel para quitarse el traje mojado y vestirse de gala para asistir a la cena ofrecida en su honor. Los Reyes terminarán hoy su visita en Lausana, donde el Monarca pasó parte de su niñez en el exilio.