La Pascua recupera su tono militar

El Rey aprovechó para hablar con Rajoy, el Príncipe besó a su padre y nadie dio la nota con su atuendo

ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS
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MADRID

Esta vez no hubo ministra con esmoquin que eclipsara los mensajes, ni eufemismos en el discurso del ministro de Defensa. Pedro Morenés habló con toda claridad y su chaqué (como establece la etiqueta del acto para los caballeros que no son militares) sólo destacó por el elegante quiebre de su solapa. En la primera Pascua Militar con las autoridades de la era Rajoy, la forma y el fondo volvieron a ser como antes.

De la anterior etapa de Zapatero sólo quedaba ayer una secuela que siguieron sufriendo los periodistas: no pudieron quedarse al «vino de honor», como hacían hasta que en 2009 se les prohibió, por primera vez.

Obviamente, lo importante no era el vino, sino poder conversar distendidamente con las distintas autoridades. Sin embargo, Zapatero empezó a aprovechar las recepciones en el Palacio Real para improvisar ruedas de prensa. No sólo incumplía la norma no escrita que impide hacer declaraciones políticas en presencia de la Familia Real (la Corona está por encima de los partidos políticos), sino que además aprovechó la recepción de la Pascua Militar de 2008 para comparecer ante los periodistas y atacar a la jerarquía de la Iglesia católica. Aquella fue su última rueda de prensa en el Palacio Real, pero también la última vez que los periodistas pudieron quedarse al vino. Ayer, aunque ya no estaba Zapatero en Palacio y Rajoy ha dejado bien claro que va a respetar escrupulosamente las normas, Zarzuela decidió mantener la medida preventiva en vigor.

Los apartes con Rajoy

Antes de la recepción lo que sí se pudo apreciar fue el deseo del Rey de aprovechar los escasos momentos libres que ofrecen estos actos para conversar con Rajoy. Igual que hizo en el Palacio de la Zarzuela tras la jura del nuevo presidente del Gobierno y, al día siguiente, después de que lo hicieran los ministros, Don Juan Carlos volvió a hacer ayer un aparte con Rajoy en el Palacio Real para conversar con él unos breves instantes.

En la celebración también llamó la atención el gesto cariñoso que tuvo el Príncipe de Asturias con su padre. Los Reyes y los Príncipes habían llegado a la vez al Patio de la Armería, donde fueron recibidos con honores militares y con aplausos del público. Don Juan Carlos pasó revista a una formación de la Guardia Real y, acto seguido, los Reyes y los Príncipes accedieron al Palacio Real y se dirigieron a la Saleta de Gasparini. Justo antes de empezar a recibir el saludo de los asistentes, Don Felipe se acercó discretamente al Rey, le susurró algo muy cerca del oído, Don Juan Carlos, al oírlo, le cogió afectuosamente el brazo y el Príncipe besó a su padre. Todo fue muy discreto, pero el detalle no se le escapó a la cámara de televisión.

Junto a Don Juan Carlos, con el uniforme de gala del Ejército de Tierra, y Don Felipe, con el de la Armada, la Reina y la Princesa asistieron con vestidos largos de color azul. Doña Letizia, una vez más, repitió modelo y llamó la atención por su sobriedad: unos minúsculos pendientes, un suave maquillaje y el pelo suelto. Nada había este año que pudiera ensombrecer los mensajes.