Optimismo con «claroscuros»
Carlos García, concjal del PP en Elorrio - ignacio gil

Optimismo con «claroscuros»

La sociedad vasca encara con alivio el anuncio de ETA, pero también con reservas. «El camino ahora será largo»

P. O. / I. R.
PAMPLONA/ SAN SEBASTIÁN Actualizado:

A Paz Prieto le gustaría sentir esa alegría colectiva que se impone estos días en las calles del País Vasco y de Navarra. Pero ella está harta de falsas esperanzas. Era apenas una adolescente cuando le dijeron que algo «horrible» le había ocurrido a su padre, José Luis, militar retirado y antiguo jefe de la Policía Foral. Y no lo olvidará jamás. Cuando llegó a la acera junto a la parroquia de El Huerto de Pamplona se encontró con su madre abrazando el cuerpo de su «aitá», tiroteado.

Corría el año 1981. Hoy, treinta años después, Paz se niega a leer el comunicado en el que ETA anuncia el «cese definitivo» de su «actividad armada». Sabe que, pese al alivio inicial, lo que dice el papel el viento se lo lleva. Ni disolución, ni entrega ni perdón. Sólo homenajes a sus «gudaris». «Se ríen de nosotros. No hacen más que humillarnos», se lamenta. Sabe bien que mañana lunes, en plena resaca por el comunicado de ETA, sentirá la mirada victoriosa de los ediles de Bildu en el Consistorio de Pamplona, en el que ella tiene acta de UPN.

A sus 71 años, Miguel Ángel Ruiz de Langarica sí ha leído el comunicado. Vive para poder contar que el 24 de noviembre de 2000 un joven terrorista le esperaba en el portal de su casa. Su carné de UPN también le condenó. La contravigilancia de las Fuerzas de Seguridad del Estado le salvó de la muerte. Hoy dice afrontar el futuro como una carrera de obstáculos. «Ojalá que con este comunicado se haya saltado la primera valla. Pero la carrera es muy larga y en el último tramo está el salto del agua. Ése es el que me da miedo porque en esa agua están las víctimas, los presos y es muy fácil caerse».

«No se lo debemos a ETA»

Josu Puelles tiene la doble condición de víctima. El 19 de junio de 2009 los terroristas acabaron con la vida de su hermano Eduardo, inspector de la Policía Nacional, mediante una bomba lapa. Además, Josu es ertzaina, objetivo potencial de los terroristas. Josu muestra algo más de optimismo tras la declaración de los terroristas del jueves, pero con dudas. «Sentí cierto alivio, es una buena noticia, esperanzadora, pero con claroscuros». Además del anuncio de la disolución, Josu echa en falta autocrítica por parte de los terroristas. «Legitiman su actuación, la dan por buena.

El comunicado tiene una carga ética y moral deplorable». De cara al futuro, Puelles confía en poder llevar una vida más tranquila. Algo tan justo como el que sus hijos puedan decir con orgullo que su tío combatió a los malos. Tan sencillo como no tener que volver a tender el uniforme mojado dentro de casa por temor a señalarse. Cuando ello ocurra, advierte, habrá que recordar que «no se lo debemos a ETA».

«¿Acaso este comunicado significa que no va a haber pintadas en las paredes?»

Por el momento, continúa tomando medidas de seguridad, «casi como acto reflejo después de tantos años». «Aunque —añade— sería bueno que nos fuéramos quitando esas malas costumbres». De todas formas, hasta poder hablar de libertad, considera que quedan todavía muchos pasos por dar. «¿Acaso este comunicado significa que no va a haber pintadas en las paredes o que cualquier persona de cualquier pueblo del Goierri se va a poder presentar a las elecciones por cualquier partido, o que una persona podrá estar en Leiza con la camiseta de la Selección porque sea la campeona de la Eurocopa 2012?».

El edil del PP en Elorrio, Carlos García, sabe bien que ETA no es el único problema. «Costará muchos años erradicar la violencia social instalada en nuestros pueblos», afirma. Él lo sufre a diario desde que el pasado 11 de junio inclinó la balanza consistorial hacia el PNV, en detrimento de Bildu. Como mínimo, el joven edil, 32 años, echa en falta un «reconocimiento a todo el daño causado». Con todo, reconoce que «es mejor que se reafirmen en que no van a matar a que hagan lo contrario».

Ramón Gómez es otro ejemplo de vida entregada a la lucha contra los intolerantes. Escoltados desde los veinte años, él y su mujer, Vanessa, ambos concejales del PP, anhelan dejar a sus hijos —2 y 5 años— un futuro en libertad. «Necesito imaginar cerca el final de esta pesadilla», formula. A sus 35 años, ETA ha intentado atentar contra él en tres ocasiones. El acoso de los violentos le forzó incluso a abandonar momentáneamente la política, a la que regresó con el objetivo de vencer a los intolerantes.

Ramón se muestra convencido de que la «democracia ha vencido» a las pistolas, si bien advierte de que el camino por la concordia será largo. «No podemoshablar de final porque no ha acabado. Pero cuando la gente te para por la calle y te abraza para darte la enhorabuena, es que hemos ganado», afirma. De ahora en adelante, avanza, hará falta un «gran trabajo de pedagogía» para construir un relato común y verdadero de lo sucedido, asentado en la memoria de las víctimas y la reclamación de Justicia para todas ellas.

El cura Jesús Sánchez Maus lleva desde el año 1985 implicado en los movimientos de sensibilización y movilización ciudadana contra el terror. En 2003 se presentó junto a otros compañeros por las listas del PSE y PP. Él lo hizo en Ermua, donde años antes coofició el funeral de Miguel Ángel Blanco. Hoy, por fin, dice tener «la convicción moral» de que estamos ante el fin de ETA, pero cree que para encarar el futuro con «garantías» muchos deben hacer autocrítica en la sociedad vasca. Incluida la Iglesia. «Debe pedir perdón por el pecado de omisión». La asistencia a las víctimas ha llegado tarde.