Mata a su mujer tras saltarse el alejamiento y quedar en libertad

Un juez de guardia de Valencia no encarceló al maltratador; la víctima era de riesgo alto

CRUZ MORCILLO
MADRID Actualizado:

Mina Chennane, 39 años, murió acuchillada y desprotegida el miércoles a las ocho de la tarde. Estaba en su peluquería, a punto de cerrar. Allí, la encerró su marido, echó la persiana metálica y acabó con ella. A las 19.46 horas Mina vio al otro lado de la puerta al padre de su hija, pese a que una orden de alejamiento le prohibía acercarse a su ex pareja. Activó su móvil con GPS y avisó a la Policía. Seis minutos después había una patrulla de Policía Local y un agente de la Guardia Civil, franco de servicio, aporreando la persiana del local. Les abrió Luis Moreno Rodríguez, español de 62 años, ensangrentado. Mina aún vivía, pero no aguantó mucho más. Dos de cada tres mujeres asesinadas este año no había denunciado, pero no era el caso de esta mujer marroquí que llevaba media vida en España.

«Estaba atemorizada. Salía de la peluquería y miraba para todos lados; entraba y cerraba con llave», explicaban ayer conocidos de la mujer. Sabía que su marido quería matarla; de hecho, él se jactaba y lo pregonaba por bares y tiendas. Por eso, ella le denunció ante la Guardia Civil de Puzol el pasado 16 de agosto, decidida a no aguantar más. «Delito de malos tratos en el ámbito familiar (violencia de género) y tenencia ilícita de armas», reza el informe policial.

El Juzgado Mixto número 3 de Masamagrell (Valencia) acordó orden de protección para la víctima: el agresor no podía comunicarse con ella ni acercarse a menos de 200 metros. Los agentes de la Guardia Civil que hicieron el informe de valoración de riesgo siguiendo el protocolo de la base para víctimas de violencia de género concluyeron: riesgo alto; se lo comunicaron al juzgado.

No había pasado ni un mes cuando Luis Moreno volvió a acosar a Mina —llevaban casados casi veinte años y tenían una hija de 16—. La mujer acudió de nuevo a denunciar a su ex pareja por quebrantar la medida de alejamiento. Los agentes le detuvieron de nuevo el pasado 10 de septiembre, pero el juez de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Masamagrel, que estaba de guardia, le puso en libertad. No bastó que tuviera sobre su mesa un informe, el segundo, en el que se afirmaba que la víctima era de riesgo alto y que ese riesgo aumentaba por días. Ella lo sabía bien y por eso no dejaba de mirar a su espalda. «Hace unos días abandonó al perro en el parque porque el marido la seguía», contó ayer una amiga.

La orden de protección continuaba en vigor y la Guardia Civil visitó a Mina en su casa varias veces desde el pasado día 14. Aseguran que también vigilaron la vivienda de él. Pero tampoco fue suficiente. Con estos antecedentes, la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Ana Botella, aseguró ayer que en este caso «los protocolos de protección han funcionado».

La víctima tenía un teléfono de asistencia rápida con GSP de los Servicios Sociales del Ayuntamiento —que fue el que utilizó— y había pedido el publicitado servicio Atenpro, que concede el Ministerio de Sanidad e Igualdad («24 horas del día, 365 días al año», reza). «Estaba autorizado un dispositivo, pero aún no se le había entregado. Era cuestión de días», señaló la Delegación del Gobierno. Quizá el dispositivo de atención móvil tampoco la habría salvado, pero es una incógnita. Ni la ministra Leire Pajín, ni nadie de su Departamento ofrecieron ayer explicaciones. Esta vez no hubo comunicado, solo cifras: 45 mujeres asesinadas.