El Gobierno no premiará a los presos, pero recupera a Otegi como «hombre de paz»

El Gobierno no premiará a los presos, pero recupera a Otegi como «hombre de paz»

Horas antes de que Zapatero ratificase a Urkullu que no cambiará la lucha contra ETA, el ministro de Justicia dijo que el líder abertzale es «bienvenido

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G.SANZ/I.REYERO

MADRID/VITORIA

El Gobierno reafirmó ayer que no va a cambiar su política antiterrorista en lo que resta de mandato, pero no obstante contribuye, en colaboración con el PNV, a mover el escenario político de forma que el «cese definitivo» de la violencia de ETA no tenga vuelta atrás. Lo daba a entender ayer abiertamente el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, horas antes de que se reunieran en La Moncloa José Luis Rodríguez Zapatero y el presidente del PNV, Íñigo Urkullu. «Si Otegi está dispuesto a avanzar en la buena dirección, siempre será bienvenido», dijo, añadiendo a continuación la coletilla: «Con independencia de las responsabilidades penales que tenga que cumplir». El portavoz del PP, Esteban González Pons, le respondió inmediatamente con ironía: que Caamaño se deje de «eufemismos» porque Otegi —a quien el Gobierno de Zapatero recupera como «hombre de paz»— solo será bienvenido «si ayuda a que la banda se disuelva».

Salidas individualizadas

El Ejecutivo y el PNV creen que la clave es que los presos de ETA vayan asumiendo individualmente su situación penitenciaria en las próximas semanas o meses al margen de la banda. Lo dijo el lunes el ministro del Interior, Antonio Camacho, y ayer Urkullu lo puso en el frontispicio de su comparecencia tras verse una hora y media en La Moncloa con Zapatero. Urkullu se deshizo en elogios hacia el presidente del Gobierno —«un hombre de Estado que pasará a los anales de la historia», dijo—, al que intentó convencer de que excarcele a presos enfermos de la banda terrorista. Eso sí, antes, Batasuna debe reconocer de manera «urgente» el daño causado a las víctimas.

La respuesta se la dio inmediatamente el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, quien recordó que ya hay una decena de terroristas enfermos en hospitales o en su propio domicilio y «seguirá siendo así», sin excarcelaciones definitivas. Jáuregui reconoció que lo que estamos viviendo es «consecuencia del proceso de paz de 2006» y que «por respeto institucional», a veinte días de unas elecciones, el Gobierno no puede cambiar la política antiterrorista. «Yo tengo la impresión de que necesitamos un poquito más de tiempo para asentar un poco las cosas. Dejemos que las cosas vayan fluyendo, que la sociedad vasca y española se impregnen de paz y de libertad; que vivamos la libertad y que los acontecimientos vayan dando oportunidad, contexto y explicación a otras actuaciones que que solo el nuevo gobierno y el nuevo Parlamento deben afrontar».

Proceso de paz tras la T-4

Preguntado por las palabras de Urkullu sobre el «diagnóstico compartido» de él y Zapatero, y sobre lo que había dicho minutos antes el líder del PNV de la valentía de Zapatero a la hora de haber «arriesgado», el ministro de Presidencia reconoció que el llamado proceso de paz siguió «en 2007», cuando el Gobierno dijo tras el atentado de la T-4 que se habían roto los contactos.

Urkullu pidió a Zapatero que «empuje» para que la paz se consolide y minutos después Jáuregui anunció que el presidente del Gobierno va a continuar su ronda de contactos con sendas entrevistas con el presidente de Coalición Canaria, por su condición de colaborador en la gobernabilidad durante esta legislatura.

La foto de La Moncloa sirvió para que Urkullu, sostén del Gobierno Zapatero en esta legislatura, se llevara el reconocimiento explícito del presidente por su «contribución a la gobernabilidad del país» y, de paso, azuzara un poco más la maltrecha autoridad del lendakari, «puenteado» por ambos durante todo su mandato. A este respecto, en el Gobierno vasco no ocultan su malestar por que Zapatero, que hasta ayer no tenía previsto recibir a López —Jáuregui señaló que lo hará «próximamente»— se empeñe en «engordar» al PNV, también en el tramo final de ETA. «Se le ha querido dar una imagen de engrasador del proceso que no es real», denuncian en el entorno del lendakari. Un protagonismo buscado en todo momento por Urkullu, quien pidió audiencia pública con Rajoy, aún sin respuesta.

El abrazo Zapatero-Urkullu ensombreció el encuentro que a la misma hora tuvo lugar en Vitoria entre Patxi López y su socio parlamentario, Antonio Basagoiti, para abordar el escenario vasco tras el anuncio del «cese definitivo» de ETA. El líder del PP reclamó a López que no ceda a las exigencias de la banda y no se «precipite» ante la presión del PNV, en clara pugna electoral con Batasuna. «ETA nos debe muchos años de dolor y de empobrecimiento. Pedimos garantías democráticas en todo lo que se haga, que nada se haga por exigencias de los terroristas», reclamó.

López recibirá a Batasuna

Basagoiti apostó además por celebrar un gran congreso sobre la libertad y la democracia con líderes internacionales de primer orden —«no jubilados», en alusión a los participantes de la Conferencia de Ayete—. Ambos trataron también sobre la posibilidad de que en los próximos días PSE, PP y un PNV con «dudas» convoquen actos para celebrar con la sociedad vasca el fin de la amenaza terrorista de ETA. Ya por la tarde, el lendakari recibió al PSE y Aralar dentro de la ronda de contactos abierta tras el comunicado con los partidos, incluido Bildu, que el viernes acude por primera vez a Ajuria Enea encabezado por el dirigente batasuno Rufino Etxeberria, en lo que será un reconocimiento implícito a su legalidad. Es la primera reunión oficial entre un líder de la ilegalizada «izquierda abertzale» y los socialistas desde la famosa foto tomada entre López y Arnaldo Otegi en pleno proceso de negociación, en julio de 2006. Pero los esfuerzos de López por liderar «el nuevo tiempo» recibieron un torpedo desde Batasuna, que anunció su propia ronda particular de consultas con los partidos, a la que no acudirá el PP.