De error en error

La reciente derrota electoral está llevando a la autocrítica a algunos socialistas

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La reciente derrota electoral está llevando a la autocrítica a algunos socialistas. Se acusan de no haber sido coherentes con su ideología. Patéticos, aún desconocen que la «utilidad» de la socialdemocracia consistió en ofrecer una alternativa al comunismo. El mal menor. Con la desaparición de la Unión Soviética, la globalización posterior y el actual desplazamiento del centro mundial a Oriente, su evocación es un perfume del pasado que podría convertirse en hedor insoportable si las amputaciones de esta mal construida Europa no consiguen evitar la putrefacción.

Dejando a un lado el aspecto ideológico, los socialistas no quieren reconocer que antes de la burbuja inmobiliaria y la crisis en España se cometió un error que por sí solo iba a llevarnos al abismo. Me refiero al «error» autonómico. ¿Qué podía esperarse de una sociedad que, además de no tener un sistema económico productivo y competitivo, se permitía la experiencia de defender un Estado «compuesto» por diecisiete? El inicial «café para todos» había sido el comienzo de una «burbuja autonómica» cuyos efectos disparatados iban a quedar disimulados por la «burbuja inmobiliaria».

Con los dineros de esta iban a pagarse las réplicas de los poderes, la duplicación de los servicios, los trenes sin viajeros y los aeropuertos no inaugurados… En una explosión de inmoralidad pública los partidos nacionales se fragmentaban para crear clientelas y, por si fuera poco, pudieron gozar de un poder financiero local…

La corrección impuesta por la crisis permitirá pensar de nuevo en la viabilidad de la España autonómica. En todo caso va a ser interpretada por los nacionalismos de un modo distinto. Bildu anuncia el salto a la soberanía. Para consolarse o consolarnos algunos analistas interpretan el ascenso de ETA al poder como una derrota. ¿Y en Cataluña? Cuando cicatricen las desgarraduras de la crisis económica, volveremos al Estatut. Todo en su momento.