«Casi nos da un infarto»

«Casi nos da un infarto»

Tenso silencio en el Comité Federal. Zapatero le daba suspense a su anuncio desde Navidad, y los barones se desesperaban

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No lo decía, venga a hablar de la crisis económica y no lo decía —cuenta uno de los barones regionales—; el silencio era absoluto, no sabíamos por dónde iba a salir José Luis. Luego empezó con eso de que pensaba desde siempre que un presidente no debía mantenerse más de ocho años; y yo me decía, pensaba, pensaba, pero ¿lo piensa ahora? No me dio un infarto de milagro».

Pocos estaban en el secreto, aunque el alcalde de Barcelona comentó que sabía desde el lunes que estaba en el secreto. Barreda hace días explicaba que Zapatero tenía decidido anunciar en este comité federal que no volvería a presentarse, pero en un encuentro que mantuvieron le comentó que estaba profundamente molesto porque todo el mundo lo daba por hecho ya, y que por tanto aplazaba el anuncio. No lo hizo. Blanco y Rubalcaba conocían sus intenciones desde hace tiempo, probablemente desde que dijo en Navidades que la decisión ya estaba tomada, pero se han mantenido completamente herméticos.

«Hablaron muchos, los barones regionales y muchos más, más de treinta compañeros —destaca un miembro de la ejecutiva—, todos expresando lealtad y lealtad. Me pareció escuchar que Patxi —López— utilizó incluso la palabra traidor para definir a quien entre ahora en la guerra de la sucesión en lugar de trabajar por el partido y apoyar a José Luis en su trabajo de gobierno. Ahora todo el mundo rema a su favor, José Luis para arriba, José Luis para abajo, pero conozco mi partido y sé que muchos de los que le han pasado ahora la mano por el lomo dentro de nada le darán la espalda, en cuanto sepamos quién es el nuevo candidato. O la nueva candidata. Que no se quejen los barones, que José Luis ha hecho lo que les pedía pensando en ellos, en no complicar la campaña del 22 de mayo. A partir de ahora que cada palo aguante su vela, que los resultados ya no estarán contaminados por la gestión del gobierno».

José Montilla consideró un error haber abierto el debate sobre la sucesión; Rodríguez Ibarra, mordaz, ofreció al presidente su número de móvil «que has perdido», una forma elegante de criticar que ya no le llama, y tanto Griñán como Javier Rojo expresaron su respaldo a la decisión de Zapatero aunque habrían preferido que mantuviera su candidatura.

Se abre ahora una etapa más complicada que la asunción de que Zapatero ha pasado página: el proceso de sucesión. Todos han pedido, por sentido de la responsabilidad, tranquilidad y calma para abordarlo, pero es inútil: se ha abierto el melón y no hay quien lo cierre.

POR PILAR

CERNUDA