En busca del líder maduro
Felipe González, de 1982 a 1996, llegó con 40 - ABC

En busca del líder maduro

Por primera vez los españoles elegirán el 20-N entre dos veteranos políticos mayores de 55 años

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Vistos de lejos, Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, los dos líderes que se disputarán el 20-N el derecho a dirigir el Gobierno de este país durante los próximos cuatro años, tienen demasiadas cosas en común: los dos han sido ministros de Interior y Educación, vicepresidentes primeros y portavoces en gobiernos anteriores de sus respectivos partidos. Ambos han logrado sobrevivir a los «sunamis» que periódicamente azotan a las cúpulas de las formaciones políticas y dejar atrás a compañeros a los que años ha se les vaticinaron carreras de relumbrón.

De cerca, como es natural en un candidato del PP y otro del PSOE, les separan ideología, programas y vidas personales muy distintas. Además, físicamente, Rajoy (56 años) es más alto y goza de una salud de hierro que contrasta con los problemas de corazón, además de alergia al anisakis, que afectan a Rubalcaba, que tiene 60. Pero, una coincidencia más, los dos llevan barba, con canas. Canas propias de hombres maduros que, no solo echan por tierra las tesis de los asesores de imagen, sino que contrastan con lo que hasta ahora ha sido una regla de oro de la democracia española: elegir a presidentes jóvenes, con cierto «sex appeal», apenas entrados en la cuarentena.

El primero, Adolfo Suarez, designado por el Rey para impulsar la Transición precisamente por su juventud (44 años cuando se mudó a La Moncloa), dio un aire moderno (para la época) al antiguo régimen, con su porte atlético y su fama de seductor que llevó a su oposición a ponerle el mote de «el encantador de serpientes». Y luego, tras un breve paréntesis de Calvo Sotelo, a quien entonces se consideró un hombre mayor, a pesar de que con sus 54 años tenía dos menos que Rajoy hoy, Felipe González, que acababa de cumplir los 40 y llegó a la presidencia como si fuera un ídolo del «pop».

José María Aznar alcanzó el mismo cargo igualmente joven, con 43, aun presentándose como el «cliché» de González en negativo: serio, austero y presumiendo de llamar al pan, pan y al vino, vino. Y finalmente Zapatero, otra vez el negativo de su antecesor, sin más méritos que los indudables de haber liquidado a una generación entera de líderes socialistas (menos a Rubalcaba, detalle a tener en cuenta), cuando contaba con 44. Toda una tendencia que está a punto de romperse.

La opinión de los expertos

Es pronto aún para sacar conclusiones, según los entendidos. «Es posible que la crisis condicione el que busquemos candidatos maduros y que hayamos alcanzado la conclusión de que novatadas, ya las hemos pagado bastantes con este señor», analiza Pedro Arriola, sociólogo del PP y asesor de Rajoy, para quien lo más destacable es que en España «elegimos entre dos partidos, no entre dos liderazgos» y lo que vamos a decidir el 20 de noviembre será cuál de los equipos posibles es el mejor capacitado para sacarnos de la crisis.

«En España no elegimos personas, elegimos marcas», concuerda Ricardo Montoro, catedrático de Sociología y expresidente del CIS. «Así que votamos entre lo que nos ponen por delante los partidos políticos». El tercer sociólogo consultado, Amando de Miguel, se apunta a la misma tesis. «Un caso no crea tendencia. Podrían ser otros los candidatos…o quizás la próxima vez la elección tendremos que hacerla de nuevo entre dos personajes más jóvenes».

Ni siquiera el hecho de que esta vez ni Rajoy ni Rubalcaba sean candidatos con una imagen especialmente atractiva convence a los expertos de que nuestros gustos para con los políticos están cambiando. «La imagen es importante para decidir el voto, pero no tanto como algunos creen», setencia Montoro. «Eso de que el candidato tenga que ser guapo viene de las películas americanas; pero en Europa elegimos partidos, no personajes», remata Arriola. «Lo que sí es tendencia en España, porque ocurre una y otra vez, es que nunca elegimos a un presidente que hable inglés…y ya va siendo hora», ironiza de Miguel.