Bildu desafía la hegemonía local del PNV y complicará el pacto de López con el PP
Izagirre, candidato de Bildu a alcalde de San Sebastián, con Garitano - EFE

Bildu desafía la hegemonía local del PNV y complicará el pacto de López con el PP

La coalición batasuna se ofrece a negociar «con todos» y el PP denuncia que «se ha creado un monstruo»

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«Han creado un monstruo». El presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, resumió ayer en una sola frase el sentir generalizado, entre el temor y el desánimo, que embarga a la mayoría de fuerzas políticas y sociales ante la arrolladora irrupción de Bildu en el mapa institucional vasco. Con la venia del Tribunal Constitucional y la «gentileza» de EA, la reaparición de los batasunos —las imágenes de la vieja guardia celebrando el escrutinio la noche electoral fulminó cualquier margen de duda— dinamita por completo la actual correlación de fuerzas en ayuntamientos y diputaciones, después de que los radicales se hayan asegurado 74 de los 251 municipios vascos, opten a otros 22, y dispongan de la llave de la gobernabilidad en Guipúzcoa y Álava.

El resultado de Bildu supera los apoyos cosechados por Euskal Herritarrok en 1999, en plena tregua-trampa de Lizarra y la posterior entente de los nacionalistas. Son más de 276.000 votos en el País Vasco —313.000 en total— frente a los 228.000 logrados entonces, que le reportarán del Estado medio millón de euros en subvenciones, y que evidencian que la actual estrategia «por las vías pacíficas» de Batasuna conserva un amplio respaldo entre la sociedad vasca. Y ello sin que sus líderes hayan condenado los 58 asesinatos cometidos por ETA desde entonces.

Jaque al lendakari López

Además de arrasar literalmente con los grupos minoritarios como Aralar o EB —la marca vasca de IU—, Bildu desafía claramente la hegemonía del PNV, a quien supera de largo en su feudo guipuzcoano y complica los gobiernos de Álava y Guipúzcoa, abiertos a combinaciones muy distintas. Pero el forzado aterrizaje de Bildu en las urnas del 22-M deja una consecuencia a medio plazo aún más preocupante, ya que pone en jaque al propio Gobierno del «cambio» de Patxi López, cuyo partido, el PSE, pierde buena parte de su base social y se «desangra» en más de 70.000 votos en el que es ya el peor resultado de su historia. En su primer plebiscito desde que se hicieran con el Ejecutivo autónomo gracias al apoyo del PP, los socialistas han recibido un severo correctivo —pierden Vitoria y San Sebastián y retroceden en los tres territorios—. Ni siquiera el sector «vasquista» de los Jesús Eguiguren y Odón Elorza, que en 2007 ganaron en Guipúzcoa y San Sebastián, se escapa del derrumbe.

Tamaña «sangría» de votos hace imposible la extensión del pacto constitucionalista a cualquier otra institución. Los buenos resultados cosechados por el PP en Álava no palían la catástrofe socialista. «Con este escenario, el acuerdo por el cambio político está muerto», reconoce una voz del socialismo vasco, consciente de que los nacionalistas llamarán al adelanto electoral. Su argumento: la entrada de Bildu en el juego democrático desbarata el actual reparto de escaños en el Parlamento de Vitoria, en el que no está Batasuna.

Complejo escenario

El derrumbamiento generalizado del PSE deja a su máximo adversario, el PNV, en una posición privilegiada, ya que pese a que no será el primero en hablar, su condición de segundo le permite dejarse querer por unos y otros en la ronda de pactos. En Álava, el PP les necesita ya que la suma con los socialistas no les garantiza la mayoría absoluta. Tampoco Bildu podrá gobernar sin su apoyo en Guipúzcoa, después de que socialistas y populares hayan descartado apoyarles.

A partir de ahí, sobre la mesa de Sabin Etxea se plantean dos caminos muy distintos: «echarse al monte» y apoyar a Martín Garitano en Guipúzcoa a cambio de recibir su apoyo en Álava (en detrimento del PP), o plantear un acuerdo trasversal con el PSE para repartirse San Sebastián y la Diputación guipuzcoana, en cuyo caso necesitarían el apoyo de los populares. (Esta última opción permitiría liderar Álava a los de Basagoiti, que, salvo giro inesperado, tienen garantizado el ayuntamiento de Vitoria). Ninguna de las dos opciones es cómoda para el PNV, que en otoño debe elegir su candidato a lendakari entre el «alma» soberanista de Egibar o el pragmático de Urkullu.

Pero un pacto con Bildu, además de chocar con los planes estratégicos del País Vasco como el AVE, provocaría un fuerte rechazo entre el empresariado nacionalista y el poder económico vasco, su gran aliado. Además, correría el peligro, a medio plazo, de verse absorbido en parte por la propia Batasuna. En cambio, si opta por un hipotético pacto trasversal con el PSE, con el apoyo necesario del PP, supondría tener que aparcar sus objetivos soberanistas, lo que también conllevaría pérdida de peso social entre el electorado nacionalista. Ante este endiablado escenario se sitúan los partidos vascos, cuyas ejecutivas celebraron ayer sus primeras reuniones. Aupado por las urnas en Guipúzcoa, Bildu fue el primero en salir al «mercado», mostrándose dispuesto a hablar con «todos», y después de que la dirección de Batasuna «auténtica» se reuniera y, previsiblemente, les trasladara las directrices.

Y mientras el portavoz de EA, Pello Urizar, proclamaba que el éxito electoral de Bildu implicará «la retirada definitiva de ETA», la vieja guardia batasuna apuntaba su pretensión inmediata, que no es otra que, desde la efectiva «acumulación de fuerzas soberanistas», presionar al Estado para retomar la negociación por la independencia del País Vasco y la amnistía de los presos. Mientras, desde Madrid, la AVT acusaba al Gobierno de Zapatero por haber dejado «una herencia de terror».