Las víctimas repartieron el decálogo que suscribieron en 2010 que rechaza una impunidad para ETA - efe

«Aquí no hay una guerra, unos matan y otros ponemos los muertos»

Las víctimas de ETA critican la conferencia-trampa de paz de San Sebastián

SAN SEBASTIÁN Actualizado:

«Uno de los ataques más virulentos de la democracia». Así califican la «conferencia de paz» las víctimas del terrorismo, quienes vivieron ayer una de las jornadas más tristes de su vida. Su única reivindicación es que no se olvide a los suyos y sobre todo que los asistentes internacionales, de los que se presume un menor conocimiento de la realidad española, se vuelvan a casa con las ideas claras: la de ETA es una historia de víctimas y verdugos.

Algunas víctimas tragaron saliva y se acercaron al Palacio de Ayete para entregar en mano a los invitados extranjeros el decálogo contra la impunidad que firmaron «absolutamente todas» las asociaciones de víctimas de España y un ejemplar del libro «Vidas rotas», en el que se narran todos los asesinatos cometidos por ETA. «Sabemos que las personas que han venido de Irlanda o Sudáfrica no deben estar nada puestas en la historia de este país, donde unos matan y otros ponemos los muertos», reprochó Consuelo Ordoñez, hermana del edil popular Gregorio Ordoñez, asesinado en 1995. «Nuestros familiares no eran un número; tenían una historia detrás».

También Rubén Múgica, hijo del abogado y político socialista Fernando Múgica, asesinado en 1996, se mostró indignado por este desprecio a las víctimas. «Lo que aquí se está gestando es una estafa, es una mentira, un insulto para las víctimas», dijo. Criticó, además, la asistencia de los intermediarios extranjeros. «Un grupo de personas que no saben nada de España ni de Euskadi han sido invitados para decirnos a los españoles y a los vascos cómo debemos organizar nuestra convivencia y nuestra democracia». Múgica rechazó una vez más la utilización del término «conflicto». «Nunca hubo una guerra y sí persecución totalitaria de una organización nazi contra ciudadanos pacíficos e indefensos».

Respecto a la posibilidad, posteriormente confirmada, de que se pidiera, tal y como quería Bildu, una mesa técnica entre ETA y los Gobierno español y francés, las víctimas del terrorismo lo rechazaron de plano. «No puede haber ninguna mesa con los terroristas. Los criminales deben de ser perseguidos, juzgados y tienen que cumplir sus penas. Lo que merece ETA no es una conferencia de paz, sino un Nüremberg histórico».

Las víctimas también mostraron su disconformidad con Lokarri, organizadora del acto. «Muchas de las personas que están ahí adentro nunca han sido amables con las víctimas del terrorismo. Si hubieran sido amables, no traerían a gente para hablar de una paz que no hace falta porque en Euskadi nunca ha habido guerra sino persecución de otra índole».

Dentro del Decálogo que entregaron junto con el libro, las asociaciones de víctimas del terrorismo rechazan de plano la impunidad, «antes, durante o tras el fin de ETA».

Exigen a los terroristas y su entorno «la condena de la historia de ETA para volver a jugar en la política democrática» y consideran «imprescindible resistir a la tentación de impunidad judicial o histórica para blindarnos contra cualquier táctica engañosa promocionada por el mundo de Batasuna o ETA».

Mari Mar Blanco

«La Conferencia legitima los más de 50 años de azote terrorista y asume dos aspiraciones de ETA: la existencia de un conflicto y su internacionalización. No es un paso hacia la paz, como dicen algunos, sino un paso atrás en la lucha por la libertad y una humillación para las víctimas. La Conferencia escenifica el precio político que algunos pretenden imponer por el final de ETA. Cuando he visto entrar a Carlos Totorika en la Conferencia, se me han revuelto las entrañas y he pensado si habrá ido para pedir perdón por liderar hace 14 años el “Espíritu de Ermua”. No se me ocurre otro motivo».

Mari Mar, parlamentaria del PP en Vitoria, es hermana del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco, secuestrado y ejecutado por ETA el 13 de julio de 1997

Cristina Cuesta

«Sin duda, la Conferencia legitima internacionalmente el proyecto de ETA y a la propia ETA, porque una de sus peticiones históricas ha sido la internacionalización del mal llamado conflicto vasco. Lo incomprensible es la actitud del PSOE, que con su asistencia va en contra de la Ley de Víctimas que contempla la derrota de la banda. Una Conferencia de estas características no se organiza sin el visto bueno gubernamental. Hay, por tanto, una implicación del Gobierno. Como víctima, me siento humillada, avergonzada, porque están traficando con mi dolor».

Cristina es hija de Enrique Cuesta, delegado de Telefónica en San Sebastián asesinado por ETA en 1982. En el atentado murió también su escolta, Antonio Gómez. Hoy dirige la Fundación Miguel Ángel Blanco

Pilar Martínez

Su marido, Tomás Caballero, concejal de Unión del Pueblo Navarro (UPN) en Pamplona, fue asesinado en 1998. Muy vinculado al mundo sindical, tenía 63 años, cinco hijos y ocho nietos. Pilar fue una de las víctimas que acudió a San Sebastián ayer para mostrar su rechazo a la conferencia y recordar a los allí presentes. «Ellos están ahí dentro hablando de ETA, y nosotros, las víctimas, las que verdaderamente hemos sufrido el azote, aquí fuera», protestó indignada. «Si Tomás estuviera para ver esto, se subiría por las paredes», señalaba la viuda.

Jorge Mota

El hermano de Ángel Jesús Mota, funcionario de prisiones asesinado por la banda terrorista en San Sebastián en 1990, fue el encargado de leer el decálogo aprobado por las asociaciones de las víctimas el año pasado. Un texto en el que se rechaza de plano la impunidad, «antes, durante o tras el fin de ETA». Jorge todavía se pregunta qué hizo su hermano para que lo mataran. «Era un simple trabajador que cumplía con su trabajo, nada más». Y con indignación se pregunta: «¿Qué saben los que están ahí dentro de mi hermano y de nadie de los que estamos aquí?».

Ángel Jesús Mota, funcionario de Prisiones, fue asesinado el 13 de marzo de 1990 de un tiro en la cabeza cuando tenía a su hija, de pocos meses, en brazos

Pilar Elías

El marido de Pilar Elías, Ramón Baglietto, concejal de UCD en Azcoitia (Guipúzcoa), fue asesinado en 1980. Edil ella también en el mismo ayuntamiento, recordaba ayer que todavía tiene que ir con escolta, «así que no me hablen a mí de normalidad». Elías opina que las cosas incluso han empeorado en los últimos tiempos, desde que está Bildu. «Yo todavía no puedo entrar en casi ningún bar de Azcoitia, porque en todos los sitios hay alguien de Bildu que me insulta», dice esta mujer que ha tenido que soportar que el asesino de su marido ponga su negocio, una cristalería, en el mismo edificio en el que ella reside

Ramón Baglietto, concejal de UCD en Azcoitia, fue acribillado a tiros el 13 de mayo de 1980. Acababa de llamar a su mujer: «Ve preparando la cena, voy para allá».

Caty Romero

Su marido, sargento de la Policía municipal de Lasarte, fue asesinado en 1994 en San Sebastián. Su viuda se mostraba indignada con la celebración de la conferencia y con la posibilidad de que haya un final sin vencedores ni vencidos. «¿De qué paz quieren hablar esos señores? Porque mi marido no puede estar aquí», se preguntaba esta miembro de Covite. Caty tuvo que aguantar cómo unos meses después de que la justicia condenara a Valentín Lasarte, uno de los asesinos de su marido, la madre y la novia del etarra le dijeran en plena calle: «Anda, y que se joda bajo tierra»

Alfonso Morcillo fue asesinado el 15 de diciembre de 1994 en Lasarte (Guipúzcoa) en el portal de su casa. El sargento moría en el trayecto al hospital.