Acosado por los bildutarras
Imagen de la puerta principal del Ayuntamiento - PABLO OJER

Acosado por los bildutarras

Un escolta denuncia a vecinos y agentes municipales de Huarte (Navarra) por perseguirle y hacerle la vida imposible

PABLO OJER
PAMPLONA Actualizado:

Decía Iosu Pueyes, ertzaina y hermano del asesinado Eduardo Pueyes, en un reportaje publicado por este mismo periódico tres días después del comunicado de ETA en el que anunciaba el cese definitivo de la actividad terrorista, que «aquí no se podrá decir que hay paz mientras una persona no pueda pasear tranquilamente con la camiseta de la selección española por pueblos como Leiza o Elorrio». Y la paz sigue sin existir en localidades como Huarte, apenas a 4 kilómetros de Pamplona donde vive J.O.

El acoso que sufre esta persona es simplemente por trabajar como escolta de cargos públicos. Huarte es un municipio donde el nacionalismo vasco ha dominado el Consistorio durante los últimos años. De hecho, en la anterior legislatura el alcalde perteneció a NaBai y en las pasadas elecciones Bildu fue la segunda fuerza más votada con más del 25% de los votos.

El pasado jueves, J.O. se percató de que el servicio de alguaciles de la localidad, el equivalente a la Policía Municipal, sigue sin tramitar una denuncia, la última de una serie, que interpuso contra el Consistorio en el mes de agosto. Ello, pese a que hasta este momento, las amenazas y el acoso que vive él y su familia son constantes por una parte de los vecinos y también del Ayuntamiento. El acoso ha llegado a tal punto que esta familia ya no puede hacer vida en Huarte. «Se te acercan y te dicen que ya saben quiénes somos, que estamos solos y que conseguirán echarnos», recuerda el escolta. Le duele especialmente cuando la intimidación la sufre su familia sin que esté él. «A mi familia no tienen por qué decirles nada».

Testigos represaliados

Lo que más le llamó la atención es que en las últimas elecciones, muchas de las personas que les acosan aparecieron en los carteles de apoyo a la candidatura de Bildu. Pero el principal problema viene después, cuando algunas de los individuos que acudieron como testigos al juicio a raíz de una de las denuncias por acoso y amenazas presentada por J.O. en realidad no habían presenciado los hechos denunciados. O cuando los testigos propuestos por la representación legal del escolta fueron represaliados posteriormente por haber acudido al juicio. «La asistenta social del Ayuntamiento se negó a prestar ayuda de tipo laboral a una persona que fue al juicio para corroborar el acoso», confiesa el escolta. «Así sólo pretenden meter el miedo al resto de vecinos».

Trabajadores municipales dependientes del propio Ayuntamiento no se encuentran al margen de esta situación. Incluso en la guardería tuvieron que cambiar a su hija de la clase en euskera, donde la matricularon, a la de castellano, porque padres y profesoras «hacían los imposible por evitar vernos».

Tampoco el servicio de alguaciles municipales se encuentra al margen. Además de la inoperancia ejercida ante la denuncia interpuesta en el mes de agosto, hay una larga serie de hechos que, lejos de mejorar la convivencia en la localidad, no hacen más que incomodar todavía más el día a día de esta familia. Ante una denuncia interpuesta por el acoso que sufría la familia de este escolta, se limitaron a recoger testimonios únicamente entre los acosadores, a los que en el informe se les tachaba de «problemáticos».

Esta marginación se hace más palpable cuando estos mismos informes elaborados por los alguaciles distinguen al escolta como «ciudadano español» y al resto como «vecinos». Incluso ha llegado a recibir multas de tráfico con la matrícula de otros vehículos. «Llevamos tres meses sin aparente riesgo de que nos maten, pero no es el único terrorismo que existe y los demás tipos de violencia continúan, si cabe, con más fuerza desde el anuncio de la banda terrorista», lamenta J.O.