Puesto de control de la Base General Menacho de Badajoz, de cuya armería robaron el material esta madrugada - EFE

La Guardia Civil sospecha que los ladrones de armas tenían un colaborador en la base militar

La alarma saltó dos veces; la primera, la del perímetro y dos horas después la del armero de una de las compañías

CRUZ MORCILLO
MADRID Actualizado:

Sonaron dos alarmas con al menos dos horas de diferencia, pero aun así los delincuentes escaparon con absoluta impunidad de la Base General Menacho de Bótoa (Badajoz), cargados con un armero repleto: veinte fusiles de asalto Hk G-36 y diez pistolas Llama M-82. Las armas las trasladaron además hasta el exterior en un todoterreno militar al que hicieron un «puente». Fuera hicieron el trasvase a un coche particular. La base es la sede de la Brigada Mecanizada de Infantería Extremadura XI del Ejército de Tierra, supuestamente uno de los recintos con mayor seguridad de toda la Comunidad. La Guardia Civil investiga el robo (el tercero que se comete en esas instalaciones en tres años), mientras que Defensa ha abierto una investigación interna.

La primera parte ocurrió a las diez de la noche del domingo. A esa hora saltó la alarma del perímetro exterior de la base, que tiene un doble vallado, en concreto en la zona de maniobras. Los militares de guardia inspeccionaron el lugar pero no detectaron ninguna anomalía, según su versión, aunque está siendo investigada para ver si se ajusta a la realidad. No le dieron mayor importancia, dado que ese dispositivo de vigilancia, muy sensible, se dispara en cuanto registra algún movimiento, incluso con el viento.

A las doce y media de la noche, la alarma volvió a activarse; esta vez se trataba del detector volumétrico del depósito de armamento de una de las compañías. Cuando se acercaron los funcionarios advirtieron que el candado de la puerta había sido forzado y que faltaban veinte fusiles y diez pistolas. Se dirigieron entonces hasta el punto en el que se había disparado la primera alarma y descubrieron un agujero practicado en la doble valla. Junto a él, los ladrones habían abandonado un todoterreno militar «Aníbal», al que habían practicado un «puente». En ese vehículo transportaron las armas del depósito al exterior.

Golpe preciso

La Guardia Civil asumió de inmediato la investigación del asalto, que en principio se atribuye —al menos en cuanto a la ejecución material— al crimen organizado. Hay una clave más que inquietante, además de la aparente falta de seguridad. Los investigadores están convencidos de que los ladrones contaban con información privilegiada, con uno o varios chivatos en el interior de las instalaciones que les proporcionaron los datos necesarios para acceder a un recinto militar enorme y dirigirse de forma directa al armero. El golpe fue preciso, rápido —aunque pudieron estar dentro cerca de dos horas— y desde luego eficaz.

La base alberga dos regimientos: el Saboya y el Castilla y fue en el armero de una compañía de este último regimiento donde se perpetró el asalto. Se trata de uno de los puntos más alejados del cuerpo de guardia, es decir, de los militares que esa noche estaban de vigilancia. «Sabían que el personal de guardia estaba bajo mínimos y que había muy poca gente durmiendo en el cuartel. Fueron directamente al depósito y forzaron la puerta (se halló un candado roto). Se llevaron los veinte fusiles y arrancaron un armero que estaba anclado a la pared donde se guardaban las diez pistolas», explican fuentes del caso.

El conocimiento de las instalaciones por parte de los delincuentes desató la inquietud. Se especula con la posibilidad de que el robo fuera preparado por militares en connivencia con los autores materiales. Esta hipótesis se sustenta además en que se trata del tercer robo que sufren las instalaciones en tres años y, según las fuentes consultadas, en otro también habrían desaparecido armas, aunque no es comparable. En ninguno de los casos se ha detenido a los supuestos responsables.

«Los autores pueden ser de cualquier parte: kosovares, suramericanos, rumanos, búlgaros o incluso españoles. Sabían muy bien a lo que iban», insisten fuentes del caso. La Guardia Civil, de hecho, investigaba a un grupo de albano-kosovares que se ha estado moviendo por esa zona. Normalmente, los delincuentes de esta nacionalidad suelen desconectar las alarmas, algo que no hicieron en la base. «Si tenían tan buena información como parece, las alarmas no les molestaron demasiado», señalan las fuentes consultadas.

Hay otro detalle llamativo: pese a que el recinto está rodeado de cámaras de seguridad, ninguna grabó a los ladrones ni dentro ni fuera, aunque algún testigo ya ha señalado que vio un coche particular en el exterior de la base supestamente en la franja horaria en que se reventó el armero. Los ladrones no tocaron el polvorín donde se guarda la munición.

Los investigadores no descartan ninguna hipótesis, aunque la posibilidad de que el asalto fuera obra de ETA perdió fuerza desde el principio tanto por el «modus operandi» como porque en los últimos meses no se ha detectado ningún movimiento de la banda en Extremadura, según confirmaron a ABC fuentes policiales.

Pero aunque la banda terrorista no esté detrás del golpe, ha cundido una seria preocupación porque las armas militares sustraídas puedan acabar en sus manos. En principio, se cree que estarían destinadas a abastecer al crimen organizado, pero una de las claves es dar cuanto antes con los responsables del golpe para evitar esa operación de venta.

Agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil expertos en delincuencia organizada se desplazaron ayer hasta la base y ya han empezado a tomar declaraciones a todos los que estaban en el cuartel el domingo por la noche, al tiempo que examinan al detalle cómo actuaron los delincuentes. Junto a ellos, han acudido equipos de los Laboratorios centrales de Criminalística, de huellas y de ADN, que se encargan de la inspección ocular junto al personal de la Comandancia de Badajoz. De momento no ha trascendido si los ladrones utilizaron guantes o bien dejaron algún tipo de huellas o vestigios, que sirvan para identificarlos.

El Ministerio de Defensa se limitó ayer a dar los datos objetivos de las circunstancias que rodearon el robo, pero no ofreció comunicado oficial alguno. Se remitió a la nota de prensa que dio la Delegación del Gobierno en Extremadura, e informó sobre la apertura de una investigación por parte del Ejército de Tierra, junto a la de la Guardia Civil.

Y eso que ya deberían estar alertados tras el espectacular intento de robo sufrido por esa base en abril de 2008. En esa fecha un tanque oruga que iba a ser reparado fue robado y conducido por un experto que se introdujo en el recinto y situó el vehículo junto a la oficina que el BBVA tiene en el interior de las instalaciones. Los ladrones arrancaron la caja fuerte y a punto estuvieron de conseguir su propósito. Sonó la alarma del banco y eso salvó del ridículo a los militares porque los delincuentes huyeron. Fuentes de la investigación inciden en que muy poca gente es capaz de conducir un oruga, otro argumento que alimenta la hipótesis de participación de algún militar.