Rajoy, antes de tomar la palabra en el Congreso / EFE
Rajoy, antes de tomar la palabra en el Congreso / EFE

Zapatero idea su enésimo plan anticrisis pero el Congreso ya no le cree y vuelve a vapulearle

MARIANO CALLEJA | MADRID
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En éstas estábamos, con cuatro millones de parados, camino de cinco, cuando el presidente Zapatero llegó directo del Palacio de La Moncloa al Congreso con la chistera en la mano. Subió a la tribuna de oradores y, cual prestidigitador, comenzó a sacar conejos y más conejos, que lanzaba a derecha e izquierda del hemiciclo ante la cara perpleja de sus señorías. Fue una hora de vértigo, una lluvia de millones, una tómbola de medidas para todos, y un castigo directo a la clase media española. Aquí no hay un giro a la izquierda. Hay un vuelta de 360 grados completa.

Era el primer debate sobre el estado de la Nación desde la primavera de 2007, cuando España estaba aún de fiesta. Había mucho interés por saber si el presidente del Gobierno lograría recuperar la confianza de los grupos parlamentarios en su lucha contra la crisis. Dos años después, el aislado, el «apestado» en el Parlamento ya no es el PP. Ahora es el PSOE el que se ha quedado solo, y por lo que se vio ayer, así continuará en el futuro inmediato.

José Luis Rodríguez Zapatero logró sorprender con una primera intervención en la que reconoció su error al equivocarse progresivamente en sus previsiones a lo largo del último año, y en la que anunció una nueva batería de medidas, 11 en total, dirigidas a luchar contra la crisis y anticipar la recuperación. Quien dijo que ya no quedaba margen para actuar, y consideraba «razonable» la desgravación actual por hipotecas, ya no está en el Gobierno ( Pedro Solbes), pero quien proclamó en septiembre que no se podían improvisar medidas cada día y en cada debate continúa ahí, en el sillón azul del presidente del Gobierno. Desde entonces se han presentado un centenar de iniciativas y una docena de planes.

Zapatero aseguró primero que su Plan E (el compendio de todas las iniciativas tomadas hasta ahora) ya está dando resultados, que serán más apreciables en las próximas semanas y meses. Tras la dosis habitual de optimismo presidencial, comenzó el festival de anuncios. El primero, una reducción del Impuesto de Sociedades a las pequeñas y medianas empresas y autónomos, una medida que tomó prestada del PP, como reconoció al final del debate, aunque de forma muy limitada.

También copió de los populares y del Grupo Catalán CiU su propuesta para reactivar el mercado de venta de coches, con ayudas directas de 2.000 euros, aunque el Gobierno sólo aportará 500. Las comunidades autónomas tendrán que poner otros 500, y los fabricantes, mil más. La propuesta llega cuando dos comunidades, la Comunidad Valenciana y Navarra, ya han aprobado una ayuda directa de mil euros.

Falta de confianza

El gesto hacia el PP y CiU no pasó desapercibido. El problema de Zapatero ya no son algunas de sus medidas, sino que los grupos no le creen y no confían en él. Así lo pusieron de manifiesto todos los portavoces de la oposición. La falta de confianza del Parlamento hacia el presidente del Gobierno se hace cada vez más evidente.

Si en el hemiciclo el escepticismo era total (quitando supuestamente a los 169 diputados del PSOE), en muchos hogares españoles debió de recorrer una especie de ira cuando Zapatero anunció que a partir de 2011 se suprimirá la desgravación por hipoteca de la vivienda habitual a los nuevos compradores que ganen más de 24.000 euros. Para algo bueno que tenía para el español medio pagar una hipoteca, en un par de años desaparecerá. Los grupos de la oposición coincidieron en que las clases medias —y en concreto los jóvenes— serán las más castigadas con la medida, pero Zapatero defendió que la subida del precio de la vivienda en la última década ha estado directamente relacionada con la desgravación actual.

La lluvia de medidas continuó. El jefe del Ejecutivo prometió un nuevo recorte presupuestario de mil millones de euros, para ganar en austeridad. La oposición también es escéptica en este punto, sobre todo al comprobar cómo recortaron los otros 1.500 millones anteriores: se metió la tijera a partidas de becas, discapacidad, mayores y servicios públicos esenciales.

Quedaban más «sorpresas»: el próximo curso las aulas contarán con pizarras digitales y conexión a internet, y cada alumno tendrá un ordenador portátil. Además, premio especial en la tómbola para licenciados en paro: habrá matrícula gratis de master si tienen entre 25 y 40 años. Todavía tuvo tiempo de dedicar un gesto a los grupos catalanistas, al poner fecha al sistema de financiación autonómica: 15 de julio. Los diputados de ERC se reían: van tantos plazos incumplidos...

«Sois unos artistas...»

Nada más acabar el presidente del Gobierno, comenzó el paseíllo de los portavoces de la oposición, primero en rueda de prensa y luego, por la tarde, en el Pleno. Zapatero no convenció a nadie y el pacto contra la crisis cayó al vacío. «Sois unos artistas, 500 millones por aquí, 500 por allá... y todo arreglado», comentaba entre risas un diputado nacionalista a otro socialista a la salida del Pleno.

Tras el paréntesis de la comida, llegó el turno de Mariano Rajoy: «Más de cuatro millones de parados. Recesión, déficit, deuda y un paro galopante, éste es el estado de la Nación», comenzó diciendo el presidente del PP.

Rajoy centró buena parte de su intervención en la «tremenda mentira» de Zapatero en la gestión de la crisis, desde que la negó y llamó antipatriota al PP durante la campaña electoral de marzo de 2008, hasta que empezó a tomar medidas de manera «errática, demagógica y despilfarradora». Reprochó el «fracaso rotundo» de los once planes anteriores de Zapatero y no auguró nada mejor para sus nuevas medidas, que no son más, a su juicio, que gestos aislados, que, además, se quedan cortos en el caso de las ayudas al automóvil y a las empresas y autónomos.

Sube la tensión

El debate que se produjo a continuación entre Zapatero y Rajoy fue uno de los más tensos de la legislatura. El presidente del Gobierno, que por la mañana mantuvo bien el tipo, por la tarde se mostró desbordado, con retornos continuos al pasado, con un discurso centrado excesivamente en atacar a Rajoy («estilo faltón, sólo es maestro en perder elecciones»), mientras se olvidaba de los cuatro millones de parados y acusaba al PP de «jalear» el número de parados. El líder de la oposición, en cambio, no se dispersó y fue más directo con dos argumentos: Zapatero «miente», y ahora encima hace pagar los platos rotos a la clase media, al darle «la puntilla».

¿Y quién defiende aquí el despido libre? Ante las insinuaciones de Zapatero, Rajoy zanjó el asunto así. «No hay despido más libre y barato que el suyo, con siete mil parados más cada día. Con una política que ha generado más de cuatro millones de parados no vuelva a hablarme de despido libre». Zapatero, eso sí, no se cansó de pedir el apoyo del resto de la Cámara para aprobar su ley de economía sostenible, que así se llama su nuevo plan. Pero ya es tarde y sólo encontró la espalda de toda la oposición.

ra la compra de coches.