Investidura

Zapatero alcanzó La Moncloa con menos votos de los que tendrá Rajoy

Los populares suman 170 apoyos para la investidura tras los acuerdos con C’s y CC

MADRIDActualizado:

«Si Rajoy se presenta con 170 escaños, ¿quién es el guapo que dice no?». A dos días de la primera votación en la sesión de investidura de Mariano Rajoy, resuenan con fuerza las palabras pronunciadas el pasado mes de julio por el socialista y presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara.

El PP ha cumplido con su parte y tras arduas negociaciones ha sumado a sus 137 diputados los votos favorables de Ciudadanos (32) y de Coalición Canaria (1) para alcanzar los 170 apoyos de cara a la investidura.

A sólo seis votos de obtener la mayoría absoluta, es el turno de que el PSOE mueva ficha y desbloquee la situación con, al menos, una abstención mínima y técnica que garantice la formación de un ejecutivo. No obstante, parece que la respuesta a esa pregunta que se hacía Fernández Vara se encuentra en el propio secretario general de su partido. Pedro Sánchez no se ha movido ni un ápice del «no» que ya adelantó al PP tras las elecciones del 20 de diciembre y será el «guapo» que le diga no a Rajoy, pese a contar con más avales de los que cosechó en su día José Luis Rodríguez Zapatero.

El expresidente socialista alcanzó en 2008 la Moncloa con 169 votos a favor gracias a las veintitrés abstenciones que le permitieron ser investido por mayoría simple en la segunda votación. Algo así es lo que espera y desea que suceda el próximo miércoles Rajoy. No obstante, ningún partido político da muestras de ceder ni tan siquiera una abstención para que se ponga en marcha esta XII Legislatura.

Felipe González en 1989 se quedó en tan solo 167 diputados pero porque sólo se repartieron 332 escaños al anularse los resultados en las circunscripciones de Murcia, Pontevedra y Melilla. Posteriormente, el 5 de abril de 1990 tras la repetición de los comicios en estas tres diputaciones, González sí alcanzó los 176 votos favorables en una moción de confianza.

A día de hoy, los «noes» a Rajoy superan a los «síes» y se da por hecho que será necesaria una segunda votación. Será la cuarta vez que suceda esto en nuestra democracia después de la segunda vuelta en la que fue investido Calvo-Sotelo en 1981, de la de Zapatero en 2008 y de la de la investidura fallida de Sánchez el pasado 4 de marzo.

La esperanza del PP pasa por que en la segunda votación se den once abstenciones o ausencias que mantengan el número de «noes» por debajo del de «síes», es decir, que los rechazos a Rajoy nunca alcancen los 170 diputados, algo que significaría la segunda investidura fallida en apenas seis meses.

«Sentido de Estado»

Para ello, tanto el PP como C’s han tratado de atraer al PSOE apelando a su «sentido de Estado» para que con su voto desempeñe «un papel clave para la estabilidad y el progreso de España», en palabras de Albert Rivera. Sin embargo, las tentativas de acercar posturas con los socialistas han sido hasta la fecha absolutamente nulas.

Ni la presión interna de los barones del PSOE, ni la creciente amenaza de unas terceras elecciones han sacado de su obcecación a Sánchez, encasillado en el «no» hasta el final.

Además de Fernández Vara, los presidentes autonómicos socialistas Susana Díaz (Andalucía), Javier Lambán (Aragón), Javier Fernández (Asturias), Emilio García-Page (Castilla-La Mancha) y el expresidente del Gobierno Felipe González se han pronunciado a favor de que se permita gobernar a Rajoy en minoría –o que se haga lo necesario– para evitar la «catástrofe» que significarían unas terceras elecciones para todos. De este modo, como Zapatero en su día, Rajoy podría gobernar en minoría gracias a la abstención de otros partidos. Aún así, nada invita al optimismo en este sentido y, de hecho, el entorno de Sánchez está ya preparando el discurso del «no» a Rajoy.

La vía de los nacionalistas

Otrora, serían los partidos nacionalistas los que con su abstención terminasen dando a España un gobierno. Ya sucedió esto en el 2008 cuando la antigua CiU, PNV, BNG, CC y Nafarroa Bai se abstuvieron en beneficio de la investidura de Zapatero, a quien le bastó con los 169 votos de su partido para obtener una mayoría simple en la segunda ronda.

También en el 2011, Amaiur –la coalición de la izquierda abertzale que se presentó en el País Vasco– y el PNV se abstuvieron en la investidura de Rajoy.

Con todo, en el último precedente –la investidura fallida de Sánchez– se vio cómo todos los nacionalistas –con la salvedad del regionalista CC– votaban en contra del candidato del PSOE y previsiblemente harán lo mismo el miércoles con Rajoy.

Además, la negativa de Ciudadanos a realizar cualquier tipo de concesión «a los que quieren romper España» supone un escollo casi insalvable para reunir bajo un mismo acuerdo a la formación naranja y a cualquier partido nacionalista. Por otro lado, la proximidad de las elecciones vascas y gallegas también complica esta vía al no querer dar sus brazos a torcer fuerzas políticas que están inmersas en la campaña electoral de los comicios autonómicos. Por último, la piedra final en el camino de Rajoy para abordar esta alternativa es el serio enconamiento del desafío independentista catalán.

En la última investidura de Rajoy sí se abstuvieron Amaiur –hoy EH Bildu con 2 escaños– y PNV –con cinco en el actual hemiciclo–. Si se repitiese esto, aún le serían necesarias otras cuatro abstenciones.

Al PP sí le bastaría con las que le dieron en 2008 a Zapatero CiU –ahora CDC con ocho diputados– y PNV.