«Todos somos Cataluña» fue el lema de la manifestación - Jaime García

«¡Votarem, votarem!»: El constitucionalismo recupera la calle en Cataluña y se refuerza ante el 21-D

Centenares de miles de personas toman Barcelona en defensa de la unidad de España

Actualizado:

Barcelona, de nuevo desbordada por una manifestación en defensa de la unidad de España y en contra del proceso independentista. En la misma ciudad donde dos días antes se había proclamado la fallida república catalana, en la misma ciudad donde durante tantos años el secesionismo se había hecho con el monopolio de la movilización, la Cataluña constitucionalista volvió ayer a hacer una demostración de fuerza que, en buena forma, recupera para el conjunto de la ciudadanía unas calles donde hasta ahora solo habían comparecido quienes querían romper España.

[ Sigue al minuto toda la información sobre la crisis catalana]

«Els carrers seran sempre nostres!», ha gritado el soberanismo en las últimas semanas, lema que, igual que la recién proclamada república, estrellada contra la realidad del artículo 155, también ayer se descompuso contra otra manifestación gigante del constitucionalismo. Una vez recuperadas las calles, el siguiente paso es recuperar las instituciones para el conjunto de la ciudadanía, tal y como reclamó ayer la organización convocante, Sociedad Civil Catalana (SCC).

En Paseo de Gracia se concentraron 1,3 millones de personas según SCC, 300.000 según la Guardia Urbana y un millón según la Delegación del Gobierno, baile de cifras que no esconde en cualquier caso lo masivo de una concentración que fue continuidad de la celebrada también en Barcelona el pasado día 8. Entonces, una semana después del referéndum del 1 de octubre, el constitucionalismo salió a la calle por primera vez de forma masiva. Y si en manifestación del 8 se volcaron emociones durante muchos años guardadas, en la de ayer el tono era distinto, quizás más relajado, menos angustiado, consciente la mayoría de que la aplicación del artículo 155 y la convocatoria de elecciones para el día 21 de diciembre ha encauzado la crisis. La desazón con la que se ha vivido en las últimas semanas ha dado paso a una sensación de relativa confianza, una paradoja en una comunidad que, según el Parlamento catalán, es en realidad desde el viernes un nuevo estado.

La movilización de ayer , bajo el lema «Todos somos Cataluña», fue en buena forma fue el primer acto de la campaña de las elecciones de diciembre, algo que los asistentes proclamaron apropiándose de otro lema del soberanismo, el «Votarem! Votarem!» que se hizo popular en el referéndum ilegal del 1-O. Con un movimiento independentista ahora mismo tan desconcertado como el depuesto gobierno de la Generalitat –clamorosamente inactivo en los teóricos primeros días de la república catalana, noqueado tras la rápida decisión de convocar elecciones por parte del Gobierno–, los contrarios al proceso soberanista cogieron ayer aire y fuerza ante los menos de dos meses que quedan hasta los comicios del 21-D. Ciudadanos y el Partido Popular se volcaron en la marcha de ayer, y como novedad también el PSC, cuya representación encabezaron su primer secretario, Miquel Iceta, y la alcaldesa de L’Hospitalet, Núria Marín, entre otros.

Desde mucho antes de las doce en que se había fijado el inicio de la marcha, el Paseo de Gracia ya estaba desbordado, y en el cruce con la Gran Via era imposible transitar. Mientras, de las bocas de Metro y de Cercanías seguía saliendo gente llegada de toda Barcelona y, de manera muy importante, de los municipios del área metropolitana. Un contraste con las manifestaciones independentistas de la Diada, en las que, autocares mediante, siempre ha sido muy importante la presencia de la Cataluña interior.

A pie de calle, pero sobre todo con las imágenes aéreas, uno podía hacerse la idea del éxito de una convocatoria que permite adelantar que las elecciones de diciembre, como también sucedió con las llamadas «plebiscitarias» de 2015, serán probablemente de una enorme participación. Entre los asistentes, la esperanza de que tras siete años de gobiernos primero nacionalistas y luego independentistas, Cataluña puede estar transitando hacia un nuevo ciclo político. El sustrato del soberanismo no desaparecerá de un día para otro, pero el «proceso» como tal vive sus últimos días, se comentaba ayer de forma unánime entre los políticos asistentes.

Sociedad Civil, a través del manifiesto leído ayer, además de señalar que «todos somos catalanes», los ciudadanos independentistas y lo que no lo son, reivindicó que con la cita electoral de diciembre se está ante «una gran oportunidad», ya que permitirá «restaurar la normalidad institucional» y abrir un «escenario a un renovado pacto que recupere unas instituciones autonómicas reforzadas y prestigiadas». «Una Cataluña unida, sin vencedores ni vencidos», añadían.

Del mismo modo, la entidad convocante consideró que «es el momento de armonizar la Cataluña institucional con la real, de trabajar para que nuestras instituciones sean motivo de orgullo para todos los catalanes, sea cual sea nuestro origen, nuestra lengua o nuestra sensibilidad política». «Estamos a tiempo de construir algo tangible y positivo, una Cataluña próspera en una España rica dentro de una Unión Europea cada vez más fuerte», añadió SCC, con su presidente Mariano Gomà al frente.

Entre quienes tomaron la palabra ayer se aplaudió de manera muy importante –como también sucedió el día 8– al expresidente del Parlamento Europeo y exministro del PSOE, Josep Borrell, quien señaló la cita electoral de diciembre como una «oportunidad de oro» para «echar al Govern nacionalista» de Cataluña. Borrell, en su discurso, pidió a la Justicia que haga «pronto su trabajo» para aclarar las responsabilidades de los líderes del proceso. El grito de «¡Puigdemont a prisión!», aunque desde el escenario trataron de atenuarlo, fue general.

A menos de dos meses para las elecciones autonómicas, y una vez el 155 ha tumbado la fallida república catalana, el constitucionalismo recupera la calle y se dispone a cerrar en las urnas un proceso que agoniza.