Santi Vila, en su declaración ante el Supremo - ABC

Vila admite contactos con el Gobierno de Rajoy hasta el final para evitar la declaración unilateral

El exconsejero achaca el despropósito a que los radicales llamaron «traidor» a Puigdemont, algo que no supo gestionar «emocionalmente»

MadridActualizado:

Santi Vila —el único consejero del Govern que se echó atrás antes de declarar de forma unilateral la independencia de Cataluña (DUI)— ha desmentido este jueves la versión de líderes secesionistas como Oriol Junqueras, que aseguraron que el Ejecutivo central nunca dialogó para evitar la huida hacia delante del plan secesionista ilegal, y ha admitido una «interlocución continua» con altos dirigentes del Partido Popular, del PSOE, del mundo de la empresa y de la Iglesia.

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El verso suelto de los doce acusados en el juicio al «procés», el único que dimitió antes del paso final, ha narrado en su declaración las horas que cambiaron la historia de España, cuando se elevó la tensión al máximo. El exconsejero ha desvelado que las posiciones más radicales, favorables a la vía unilateral, se impusieron el 26 de octubre de 2017, un día antes de la DUI, después de estar apalabrada una convocatoria de elecciones autonómicas a la que se llegó tras «una aproximación» con el Gobierno de España, dirigido por Mariano Rajoy. Vila ha explicado que utilizar la palabra «negociación» para ello sería, eso sí, pretencioso.

«Creo ser muy preciso si digo que se inició una aproximación con interlocutores políticos, religiosos, empresariales, institucionales, que de buena fe, sin ningún interés espurio, querían evitar el despropósito. Con orgullo, puedo decir que el 25 de octubre creíamos haberlo conseguido. Nos fuimos a dormir con la tranquilidad de que no íbamos a tomar ninguna decisión unilateral. [...] Vamos a convocar elecciones autonómicas. El 25, por la noche, que me acompañará toda la vida, a partir de ahí creemos que lo hemos conseguido», ha relatado Vila con pasión. Sus contactos con miembros del PP y del PSOE, ha asegurado, se realizaron siempre por «indicación y con conocimiento» del «expresident» fugado Carles Puigdemont.

El «exconseller» ha señalado que el Gobierno de España, para quien la línea roja siempre ha sido cuestionar la soberanía de todo el pueblo español, también «respiró». Al día siguiente, sin embargo, los radicales del soberanismo inclinaron la balanza. «Lo que habíamos acordado privadamente al día siguiente se torció» por el clima de desconfianza, ha señalado Santi Vila, que lo ha achacado también a la tensión, a los llamamientos de traidor a Puigdemont, y a los mensajes en las redes sociales, donde Gabriel Rufián publicó el mensaje: « 155 monedas de plata».

«Lamento mucho lo que ha pasado en Cataluña. Es impropio para una sociedad avanzada. Se tendrían que haber hecho las cosas de forma distinta y el conjunto de los españoles estará de acuerdo», ha añadido Vila, con autocrítica. El exconsejero catalán, que está acusado de los delitos de desobediencia y malversación, ha situado el inicio del plan secesionista ilegal en la sentencia del Tribunal Constitucional que en 2010 ajustó a la legalidad el Estatuto de Autonomía catalán.

El relato de Vila ha evidenciado otros puntos débiles del discurso secesionista. Ha explicado que la puesta en marcha del plan del referéndum comenzó en el verano de 2016, cuando Puigdemont anunció, según él por sorpresa, el proyecto para celebrar una votación. Según Vila, el objetivo era «tensar la cuerda sin que se rompiera». «Confiamos en que sería una palanca para una oleada de reformas para los consensos constitucionales. No supimos crear las condiciones de diálogo».

Para defenderse de las acusaciones concretas, Vila ha manifestado que no llevaron a cabo ningún acto para impulsar el referéndum ilegal del 1 de octubre una vez que fue suspendido por el Tribunal Constitucional el 7 de septiembre. Ha reconocido los requerimientos del tribunal garante, por los que se sintió aludido solo en algunos, y ha expresado que tras la decisión de la justicia él nunca consideró el 1-O un referéndum, sino una «gran movilización política en defensa de una idea».