El velo pintado

La actriz y guionista Rita Rudner dijo una vez que no esperaba envejecer bien, que pensaba hacerse estiramientos hasta que sus orejas se juntasen. Esa es una opción ya probada por Melanie Griffith con

POR ROSA BELMONTE
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La actriz y guionista Rita Rudner dijo una vez que no esperaba envejecer bien, que pensaba hacerse estiramientos hasta que sus orejas se juntasen. Esa es una opción ya probada por Melanie Griffith con no muy buenos resultados pero, eso sí, hay que agradecerle que aún mantenga las orejas en su sitio. La otra es el photoshop, a tenor de lo visto esta semana en el «¡HOLA!» No es más que el último capítulo de la técnica rejuvenecedora que sólo actúa sobre el papel. Sin agujas como las del doctor Chams, que ahora también va a hacer incursiones en provincias. Para vitaminar y supermineralizar a todas las españolas como Superratón manda. Esto ya no es lo que era. De París a Madrid vale. ¿Pero a Murcia? Vamos anda. Fundido en negro y sigo con Melanie. Menudo susto, tú. El photoshop (a alguien se le ha ido la maaaano) se ha convertido en photoshock. Y lo más increíble es que a las beneficiadas (o damnificadas, qué sé yo) parece que no les da ninguna vergüenza, cuando a veces resultan tan ridículas casi como Bette Davis disfrazada de niña en «¿Qué fue de Baby Jane?» con todos esos lazos y puntillas. Porque una cosa es un retoque y otra que el retrato parezca obra de un imitador de Ouka Lele, cuyas mejores fotografías son las pintadas. Si tener 50 años (aunque hasta agosto no los cumple) es estupendo. Si los 50 son los nuevos 30 (vale, los 40). Ahí está Carolina de Mónaco, que hay que ver lo bien que le sienta no haber trabajado en su vida.

Pero, bueno, supongo que una se ve tan tersa y se lleva una alegría. Aunque sabe distinguir perfectamente cuál es la realidad y cuál el deseo. Sabe dónde está la simulación y el artificio. Cosa que parece no caber en la cabeza de todos los que han montado el pollo por «Hounddog», la película de Dakota Fanning. Un tipo llamado Paul Petersen, antiguo niño actor y presidente de «A Minor Consideration», se ha autoproclamado protector de los niños que trabajan en la industria del espectáculo. Un tipo del que se dice que el mismísimo Walt Disney echó de «The Mickey Mouse Club» por conducta indecorosa. Claro, que habría que saber qué entendía Walt Disney por conducta indecorosa. Pero volvemos a la actualidad. A la película dirigida por Deborah Kampmeier el tal Petersen le sigue la pista desde hace tiempo, desde su rodaje en Carolina del Norte, cuando se enteró de que había una agresión sexual a una menor. En la ficción. Demonios, pero si ha sido actor ¿cómo es posible que no sepa en qué consiste el cine? Actuar es mentir, actuar bien es mentir de un modo convincente, ya lo decía Laurence Olivier. Eso sin contar con la magia del montaje. O sea, que se ve una mano dando en el suelo, que se oyen gemidos y llantos, que se ve la cara de espanto de Dakota. Y ya está. Se agita, se corta y se pega, y parece que ha habido sexo. Pero el defensor de los derechos de los niños actores asegura que el sólo hecho de filmar la secuencia es ilegal, que el hecho de que haya un menor involucrado en una conducta sexual es ilegal. Y hay quien pide que se detenga a la directora por pornografía infantil. Y dos huevos duros. Es verdad que en el mundo hay más tontos que personas. Quizá Petersen no tiene en cuenta que Dakota Fanning es no sólo una actriz sino una actriz prodigiosa, quizá una de las mejores actrices vivas, aunque no haya cumplido los trece. Y sólo su cara, sin manotazos, sin gemidos, sin montaje, sería suficiente para creernos que le está pasando algo muy malo. Como que vengan a salvarla sin necesitarlo.

Melanie Griffith tampoco necesita que la salven con el photoshop. Es verdad que se ha hecho disparates en la cara y en los labios. Pero no debería necesitar que la salvaran con ese velo pintado, por utilizar el título de la novela de Somerset Maugham que se ha vuelto a llevar al cine. Claro, que lo que el velo disimula al final no es el paso de los años sobre su preciosa cara sino el paso más devastador del bisturí. Parece que ya se ha quitado del quirófano, aunque lo que hay que quitarse son años. Lástima que de ella, por ser hija de famosa, sepamos su edad exacta. Ni Melanie Griffith ni Carolina Grimaldi (o Hannover) ni Dakota Fanning son de fiar. Al menos según Wilde. Ya se sabe que no hay que confiar en las mujeres que dicen su verdadera edad. Sí, porque una mujer que es capaz de confesar eso puede contar cualquier cosa.