Soldados de la Alianza del Norte muestran un instrumento de castigo utilizado por los talibanes.Ap

La CIA utiliza sus propios soldados en la poco convencional guerra de Afganistán

La mejor prueba de lo poco convencional de la guerra librada por Estados Unidos desde el pasado 7 de octubre podría encontrarse en la CIA. De acuerdo a filtraciones periodísticas confirmadas ayer por fuentes oficiales, la «compañía» ha desplegado en Afganistán sus propios soldados, ex militares del Pentágono con su propio arsenal reconvertidos en agentes especializados para misiones imposibles.

WASHINGTON. Pedro Rodríguez, corresponsal
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La CIA -que el 11 de septiembre contempló impotente como su delegación en Nueva York se convertía en escombros- se encuentra ahora en la vanguardia de las actividades militares en Afganistán para regenerar su dañada reputación. La «compañía» ha llegado a desplegar sus propios soldados antes y durante la ofensiva militar del Pentágono, acometiendo algunas de las misiones más relevantes y arriesgadas de esta peculiar campaña.

A tenor de las filtraciones publicadas ayer por el «Washington Post» y corroboradas por fuentes oficiales, la Agencia Central de Inteligencia ha desplegado dentro de territorio afgano efectivos encuadrados dentro de su División de Actividades Especiales. Esta unidad, nutrida de ex militares norteamericanos, está compuesta por soldados altamente especializados bajo el liderazgo del subdirector de la CIA para operaciones, el brazo clandestino de la «compañía».

Estos agentes militarizados operan normalmente en grupos de seis y nunca utilizan uniformes. El 27 de septiembre, uno de estos comandos habría sido la primera fuerza norteamericana desplegada dentro de Afganistán, actuando como una especie de cabeza de puente para otras fuerzas especiales del Pentágono. Entre los logros de los comandos de la CIA destaca relevante información táctica compartida con la Alianza del Norte y la búsqueda constante de objetivos selectivos relacionados con Al Qaida. Esta unidad también habría manejado los teledirigidos aviones-espía «Predator» RQ-1, con una apreciada lenta velocidad de crucero de hasta 135 kilómetros por hora y una autonomía de 29 horas. Estos aparatos, ya utilizados en Irak y Kosovo en tareas de observación, han sido dotados por primera vez con misiles «Hellfire». Un tipo de munición con un sistema de guía láser usada por helicópteros para destruir carros de combate. Durante su despliegue en Afganistán, estos aparatos no tripulados habrían disparado unos cuarenta misiles.

AMPLIO ARSENAL

Además de los «Predator», la División de Actividades Especiales de la CIA también dispondría de todo un amplio arsenal, incluidos aviones y helicópteros propios. Medios utilizados también para insertar agentes de la División de Oriente Próximo con conocimiento de las lenguas locales e intensos contactos con la Alianza del Norte desde 1997.

Todas estas misiones se consideran fundamentales para el cumplimiento de la orden ejecutiva firmada tras el 11-S por el presidente Bush, otorgando a la CIA «luz verde» para destruir Al Qaida y acabar de una vez por todas con su líder, Bin Laden. Esta ofensiva encubierta se encuentra dotada con un generoso presupuesto especial de mil millones de dólares, casi 1.900 millones de pesetas. Todas estas actuaciones paramilitares de la CIA han generado algunos recelos dentro del Pentágono, especialmente entre algunos sectores de la Fuerza Aérea que se han quejado de la actuación de los servicios de inteligencia. Una portavoz de la Agencia Central de Inteligencia desmintió ayer estas tensiones recalcando que «nunca ha existido una mejor relación entre la CIA y los militares». Incluido el establecimiento de líneas de comunicación permanentes con el Comando Central, que bajo el mando del general Tommy Franks dirige la ofensiva.

Colin Powell insistió ayer en la armonía entre el Pentágono y la CIA. En declaraciones a la cadena ABC, el ex general no ha querido entrar en detalles pero ha dejado claro que los servicios de inteligencia de Estados Unidos «están haciendo un trabajo espléndido con respecto a nuestras actividades en Afganistán, trabajando junto a nuestras fuerzas militares sobre el terreno. Creo que tenemos una muy buena relación entre todos nuestros recursos, todo dentro de una buena estrategia militar y política que ahora está empezando a ofrecer resultados significativos».