Urbanismo

Por JESÚS LILLO
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La dificultad de aproximarse al suelo y esquivar desde el helicóptero el perfil de sierra de torres y tejados definió la estampa del episodio más esperado de la serie que retrata desde el cielo el paisaje de la Comunidad de Madrid. Buena parte de las calles y plazas de la capital tuvieron, así, que ser recorridas a pie y cámara al hombro por los reporteros, cuya obra, forzosamente peatonal, apenas proporcionó sorpresas aéreas a los espectadores que pretendían subirse y no bajarse de la nube en la que flotan los autores de esta excepcional producción documental.

Tampoco pudo el helicóptero entrar, el pasado miércoles, en el corazón de la gran mentira del rock, los Rolling Stones. «Documentos TV» quiso prologar con un reportaje de estreno la inminente gira española de la banda británica, pero no encontró en el mercado otra cosa que un promocional sobre la producción de «Goddess in the Doorway», el último, decadente y prescindible disco en solitario de Mick Jagger. De principio a fin, el documental representa el ejercicio exhibicionista de una estrella mediática que alardea de grabar en diez estudios diferentes, que trata de actualizar su blues añejo a través de las más disparatadas transfusiones, que acude a fiestas para malmeter, cotillear y alternar, que habla con sus hijos a través del móvil y que, en la intimidad de una fiesta, aún se atreve a coger la guitarra e interpretar «Dead Flowers».

«Eterno Mick Jagger», título del reportaje, no difería mucho de las tradicionales crónicas que los famosos ibéricos protagonizan cada domingo en «Corazón corazón» cuando, en palabras de Cristina García Ramos, «nos abren las puertas de su casa». Nada de «Beggars Banquet», nada de «Exile on Main St.», nada de Brian Jones y, por supuesto, nada de Marianne Faithfull. La única aportación genuinamente documental del espacio fue la confirmación de que los Rolling Stones no existen ya sino en los carteles que anuncian su nombre y que a estas alturas son cuatro empresarios que se saludan sólo de vez en cuando, un grupo cuya única referencia documental en el reportaje -dejando a un lado el ya citado guiño nostálgico de «Dead Flowers»- fue, sintomáticamente, la del proceso de digitalización de sus álbumes clásicos para ser relanzados al mercado. El helicóptero no pudo entrar en una ciudad que sólo existe en la memoria; en su vuelo sólo captó planos de un rascacielos aislado, de un edificio que sin cimientos no es nada, pero cuya brillante fachada sigue deslumbrando a la tele. Cuando alguien decida bajar al sótano de la historia, que avise.