Urbanidad

Por M. MARTÍN FERRAND
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Desde que, en 1711, Ana Estuardo instituyó las carreras de caballos de Ascot, el acontecimiento se ha repetido en alarde simultaneo de tradición y elegancia. Los caballeros sacan cada año del armario su mejor chaqué y cepillan para la ocasión los siete reflejos de sus viejos sombreros de copa. Las damas, por su parte, lucen las pamelas y los sombreros más disparatados. El «paddock» del hipódromo se convierte cada mes de junio en la gran pasarela de las vanidades. Así ha sido y así sigue queriendo que sea una gran mayoría de ciudadanos y, supongo, de caballos.

¿Podrá resistir Ascot a la televisión? La propia Reina Isabel II ha tenido que intervenir esta pasada semana ante una circunstancia verdaderamente «dreadful». Un equipo de la cadena BBC, que entrevistaba a sir Alex Ferguson, mánager del Manchester United y propietario de la yegua ganadora de una de las carreras, tuvo que abandonar el recinto deportivo. Cámaras, sonidistas y reporteros vestían pantalón vaquero, camisetas de colores o camisolas desabrochadas. Los responsables de la televisión pública han presentado sus excusas a la Reina y prometen que algo tan «shocking» no volverá a suceder en el futuro.

Traigo el caso arrebatado por la envidia. Aquí nos hemos acostumbrado a que verdaderos enjambres de informadores gráficos, acompañados por algunos plumillas, cubran las informaciones disfrazados de guerrilleros o exploradores; pero, como meros testigos de la actualidad, nuestro deber es confundirnos con el terreno, no perturbar el paisaje.