Las tribulaciones de «El Chino» entre España y Marruecos

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«Tengo nueve hijos y ocho están en el extranjero. El mundo está en esa orilla», comenta Rahma Ahmidán refiriéndose al otro lado del Estrecho, el europeo. Su hijo Jamal, nacido el 28 de octubre de 1970 según Interpol, cruzó pronto a España sin papeles al ser acusado de asesinato. Una noche de coches, peleas y alcohol en las calles de Tetuán. Un vecino acabó atropellado bajo las ruedas del coche de Ahmidán. Accidente, según la familia. Premeditado, según los testigos. La imposibilidad de regularizar su situación en España por estar buscado por la Policía le lleva a volver a Tetuán, donde pasa tres años y medio de cárcel. Al salir pasó unos meses en la vivienda familiar y otros en Gomara, una localidad rifeña cercana a Chauen conocida por ser zona de hachís. En 2003 dio de nuevo el salto a la Península, donde años antes se había casado con Rosa, una española con la que tiene un hijo de once años llamado Bilal. Eran las semanas previas al 11-M. «No tuvo tiempo de preparar algo así», dice la madre. La viuda de «El Chino» ha estado en Tetuán con sus suegros, a los que dijo que no tiene ni para pagar el alquiler y que está más preocupada por esconder la televisión para que el niño no vea las fotos de su padre. «Es una cristiana muy buena chica. Temo que le quiten la custodia de Bilal».