Todo un pueblo llora a un zaragozano que quería a Navarra

Sus familiares más próximos recuerdan que no tenía miedo y que se sentía muy bien en Pamplona, aunque nunca quiso perder sus raíces de aragonés

SAVIÑÁN (ZARAGOZA). ROBERTO PÉREZ
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Saviñán, un pueblo de unos mil habitantes en el que quien más quien menos, por ser vecino, siente ese lazo familiar que da la cercanía. Julián Embid Luna vivía en Pamplona, estaba casado con una navarra y quería aquella tierra. Pero este policía que ayer moría asesinado en atentado no había querido perder sus raíces. «Decía que estaba muy a gusto en Pamplona y que no tenía miedo», afirmaba ayer en Saviñán su «tía», María Cabello, que en realidad era prima hermana de su madre, fallecida hace unos años. «Se fue a hacer la mili y nada más acabarla se colocó de policía», recordaba María Cabello. «Pobre Juli, qué bella persona que era, porque se hacía querer ¿sabe?».

En Saviñán la noticia cayó como una losa, desde la televisión. En el bar, alguna que otra expresión de rabia; pero, más que nada, elogios hacia esta otra víctima del terrorismo. Un joven que atendía la barra del bar situado en la Plaza del Ayuntamiento -crespón negro y bandera a media asta- recordaba «lo bien que se llevaba con todo el mundo, era muy alegre, hablaba con todos, siempre de buen humor». Así lo recuerda Víctor Acerete, que trató con él en repetidas ocasiones.

Tomasa Moros, otra vecina, acude para indicar dónde está la casa de la familia. Cerrada y muda ayer. El padre de Julián está ahora con su otro hijo, que vive en Zaragoza. Julián Embid Luna tenía ese apellido que hunde raíces en la misma zona. Luna, como Benedicto XIII, Papa Luna, que tuvo su cuna al lado de Saviñán, en Illueca.