Todo empezó en Perpiñán...

Perpiñán, sureste de Francia. 4 de enero de 2004. El recién nombrado «conseller en cap» de la Generalitat de Cataluña, Josep Lluís Carod Rovira, presidente autonómico en funciones ante la ausencia de

POR MARIANO CALLEJA. MADRID.
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Perpiñán, sureste de Francia. 4 de enero de 2004. El recién nombrado «conseller en cap» de la Generalitat de Cataluña, Josep Lluís Carod Rovira, presidente autonómico en funciones ante la ausencia de Pasqual Maragall, se reúne en secreto con la cúpula de la banda terrorista ETA, encabezada por Mikel Antza y Josu Ternera, y cierra un pacto para que los etarras no perpetren atentados en Cataluña. A cambio, Carod Rovira se compromete a hacer una declaración independentista para propugnar el derecho de autodeterminación de los pueblos del España y a dar cobertura política a los fines de los terroristas.

La noticia, desvelada en exclusiva por ABC unos días después, no sólo causó un terremoto político que supuso la dimisión del propio Carod Rovira, quien actuó de espaldas a su presidente Maragall y apenas permaneció dos meses en su cargo, sino que significó, como se ha ido comprobando después por la fuerza y la evidencia de los hechos, el origen de un proceso de negociación con ETA, que culminaría con el alto el fuego permanente que declaró la banda el 22 de marzo de 2006, tras diversos contactos de los socialistas con el mundo etarra. La explosión de la furgoneta-bomba el pasado sábado en el módulo D de los aparcamientos de la terminal 4 de Barajas, con la muerte de dos personas, rompió la tregua de los terroristas y liquidó un proceso que tiene sus prolegómenos en aquella reunión de Perpiñán.

El líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ya mantuvo reuniones previas con dirigentes de Batasuna, como Arnaldo Otegi y Joseba Álvarez, en 2001 y 2002. Carod Rovira quería trasladar a la banda terrorista la conveniencia de que se abstuviera de atentar en Cataluña, a cambio de prestar cobertura política a la denominada «izquierda abertzale». En aquellas entrevistas no logró sus objetivos, pero lejos de cejar en su pretensión consiguió su anhelada reunión con la cúpula de ETA en enero de 2004, un encuentro que la banda confirmaría el 3 de febrero en un comunicado.

El primer político

Carod Rovira fue así el primer político español que mantuvo una entrevista con la dirección etarra tras la tregua que empezó el 16 de septiembre de 1998, y que duró un año y cuatro meses. En concreto, fue el primero que se reunió con Josu Ternera cuando ya era prófugo de la Justicia y perseguido por la Interpol. El dirigente de ERC negó que firmara ningún pacto con ETA para que no asesinara en Cataluña, pero en alguna ocasión anterior ya dejó por escrito que cuando ETA decidiera matar, «se sitúe primero sobre el mapa».

El 18 de febrero de 2004, ETA emitía un comunicado en el que hacía oficial el pacto con Carod Rovira, para dejar de matar sólo en Cataluña. Los terroristas incorporaron la bandera independentista catalana a la escenografía que enmarca los comunicados que hace públicos a través de la televisión vasca. Cuando la banda quiere dar mayor relevancia a sus mensajes, no se limita a un comunicado por escrito, sino que utiliza vídeos con la imagen de encapuchados.

Carod Rovira se permitió frivolizar con el comunicado de ETA, al comentar que le «dolió la vista» ver la bandera independentista catalana sobre una mesa. «Sinceramente estaba muy mal puesta», opinó, «y no parecía la estelada, sino la bandera española».

El anuncio de la «suspensión» de las «acciones armadas» en Cataluña, sin fijar tiempo ni condiciones en su decisión, significaba que, por primera vez, los etarras decidían dejar de atentar en un lugar concreto de España.

Casi tres años después, la tregua de ETA en Cataluña sigue vigente y fue el preámbulo del alto el fuego permanente que los terroristas declararon en marzo de 2006 para el conjunto de España.

ERC, aliado preferente del PSOE

Cuando el PSOE ganó las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero, que fue investido presidente del Gobierno el 16 de abril, contó con Esquerra Republicana como primer aliado parlamentario. El PSOE pudo contar así con información de primera mano de cómo se había pergeñado aquel encuentro. De hecho, Zapatero ha mimado su relación con ERC al máximo. Ya el 22 de enero de 2005 se entrevistó durante cuatro horas con Carod-Rovira -férreo defensor de la negociación con los terroristas- en La Moncloa para tratar, entre otros, asuntos relacionados con el País Vasco. De esa entrevista los ciudadanos no fueron informados hasta mucho después.

La experiencia de Carod Rovira con ETA en Perpiñán y el mensaje de que era posible el diálogo con los terroristas para que dejaran de matar pudo influir claramente en la disposición del presidente del Gobierno.

Los socialistas, sin embargo, ya sabían lo que era dialogar con el mundo de ETA/Batasuna. El presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, mantenía conversaciones con dirigentes de Batasuna, principalmente con Arnaldo Otegi, desde el verano de 2003. Lo que comenzó siendo algo «informal», según sostenían los protagonistas, se convirtió con el tiempo en un marco estable de conversaciones, que sólo se rompió en el verano de 2006, cuando ya eran conocidos los contactos de Eguiguren con Otegi y aquél quedó «quemado».

En esos tres años, Eguiguren, acompañado muchas veces por Paco Egea, mantuvo alrededor de una decena de encuentros con Batasuna, muchos de ellos en el caserío de Elgoíbar. Antes de que el PSOE ganara las elecciones generales, el principal tema de conversación ya era la posibilidad de una tregua si se producía un cambio en el Gobierno, que debía ir acompañada de la legalización de Batasuna para que pudiera presentarse en las elecciones municipales de 2007.

Tras la victoria del PSOE en las urnas, tanto el PSE como Batasuna acordaron dar un margen de confianza al nuevo presidente, quien tenía por delante también la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, toda una prueba de fuego a sus ojos. Más tarde, ETA y Batasuna concluyeron que la actitud de Zapatero respecto a los nacionalistas catalanes había sido positiva, y abría nuevas posibilidades para las exigencias planteadas por los nacionalistas vascos.

Las conversaciones de Eguiguren con el submundo etarra incluyeron cuatro contactos con Josu Ternera en 2005, en Suiza y en Noruega.

La carta de ETA a Zapatero

Zapatero, pues, llegó al Gobierno con la reunión entre Carod y Ternera en Perpiñán muy reciente, y cuando el presidente de los socialistas vascos ya había mantenido diversas conversaciones con Batasuna, en las que se trató la posibilidad de una tregua. Pero si el jefe del Ejecutivo necesitaba un impulso más para creer que realmente ETA iba a dejar las armas, éste se produjo apenas unas semanas después de que se mudara al Palacio de la Moncloa.

La banda terrorista envió una carta a Rodríguez Zapatero en la que se comprometía a no cometer más atentados, una decisión con la que los cabecillas de ETA pretendían abrir un periodo de distensión que diera un respiro al recién constituido Gobierno socialista, y que permitiera abrir un periodo de negociación. Ya entonces los terroristas llevaban un año sin matar a nadie. El último atentado mortal se produjo el 30 de mayo de 2003, cuando la explosión de una bomba en Sangüesa (Navarra) acabó con la vida de dos policías nacionales.

Un año después de enviarse la carta, fue Fernando Savater quien reveló a ABC que ETA había hecho llegar al Gobierno su disposición a dejar de matar sin más contraprestación que una salida a sus presos.

Con esos tres elementos sobre la mesa (Perpiñán, conversaciones del PSE con Batasuna y la carta de ETA a Zapatero), Zapatero ve un caldo de cultivo apropiado para impulsar un «proceso» de negociación con la banda. Así, el 17 de mayo de 2005, el PSOE consigue que el Pleno del Congreso apruebe una resolución, con el voto en contra del PP, que refrendaba el «proceso».

Por aquellos días de mayo, Carod Rovira vaticinó que ETA anunciaría «antes de dos años el abandono definitivo de la violencia». Casi un año después de esa declaración del presidente de ERC, la organización terrorista declaraba el alto el fuego permanente, lo que, al menos en teoría, debía ser «el principio del fin», como dijo Zapatero.

Ahora se cumplen tres años de la reunión en Perpiñán entre Carod Rovira y Josu Ternera. El primero, lejos de apartarse de la vida política tras su dimisión en 2004 en el Gobierno de Maragall, se presentó como candidato a la Presidencia de la Generalitat en las elecciones del 1 de noviembre de 2006 y es ahora vicepresidente del Ejecutivo presidido por José Montilla.

Mientras tanto, la tregua de Cataluña terminó siendo el preámbulo de un alto el fuego general y de una tregua que Batasuna se niega a dar por rota, pese a la explosión en Barajas y las dos víctimas mortales. Visto con perspectiva, el contacto de Perpiñán de enero de 2004, acompañado de las conversaciones del PSE con Batasuna, se presenta como la génesis de todo lo que vino después.

ERC, más cerca de ETA

La posición de ERC ha quedado meridianamente clara esta semana, tras la ruptura de la tregua por parte de ETA. El portavoz de esa formación política, Joan Ridao, ha llegado a pedir al Gobierno que «valore las renuncias que durante meses ha hecho la organización armada, mientras que por parte del Estado no se han llegado a concretar gestos como el acercamiento de presos».

Ridao afirmó que «quien ha puesto más de su parte en este proceso de paz ha sido ETA», al haber «aparcado» cuestiones como la territorialidad o la autodeterminación, aunque precisó que la única responsable del atentado en el aeropuerto de Barajas es ETA.

En un comunicado posterior, el portavoz de ERC emplazó al Gobierno a «continuar el proceso de paz, a pesar de la irracionalidad de ETA».

Se cumplen tres años de la reunión secreta de Carod Rovira con Josu Ternera en el sureste de Francia, para lograr una tregua en Cataluña a cambio de favores políticos. Una tregua que aún hoy se mantiene y que fue el origen del alto el fuego posterior

IÑAKI ERDOIZIA

Josu Ternera, a la izquierda junto a su hijo, en un homenaje de los etarras

YOLANDA CARDO

Carod Rovira, en enero de 2004, el día que reconoció que había mantenido una reunión con los cabecillas de ETA