Carmen Calvo durante su intervención en la sesión extraordinaria de ayer en el Congreso - Ángel de Antonio

Toda la oposición afea a Calvo la gestión del Open Arms

La vicepresidenta defiende que el Gobierno «desencalló» la crisis del Open Arms «en 48 horas»

MadridActualizado:

No resulta fácil explicar cómo hace 14 meses, de forma unilateral y para estupefacción de media Europa, el Gobierno de Pedro Sánchez decidió acoger el barco con bandera de Panamá Aquarius con sus 629 inmigrantes a bordo y este verano se ha resistido a hacer lo mismo con el Open Arms de pabellón español hasta ver cumplido el día 17 de su bloqueo en el Mediterráneo. Y la prueba de la dificultad para justificar ese vuelco la dio ayer en sede parlamentaria la vicepresidenta del Ejecutivo, Carmen Calvo, que en una comparecencia errática y autocomplaciente defendió que «en ningún momento» el Open Arms pidió «venir a puerto español» -el Aquarius no lo hizo en 2018- y que el Gobierno actuó «de manera rápida» al proponer su desembarco en Algeciras transcurridas dos semanas y media desde que el buque alertara del rechazo de Italia.

Y es que, excusó, el buque no «explicitó su situación interna complicada» hasta entonces, amén -añadió- de que siguió haciendo rescates «hasta el 10 o el 12 de agosto». «Tardamos exactamente 48 horas en hacernos cargo de la crisis. La desencallamos, la Comisión Europea lo ha reconocido», insistió en un particular cómputo del tiempo la número dos del Ejecutivo. En el caso del Aquarius, la reclamación de auxilio se lanzó un 10 de junio y al mediodía siguiente, el entonces recién investido presidente Pedro Sánchez le ofreció atracar en Valencia.

De lo que no habló una palabra Carmen Calvo durante su intervención fue de las amenazas de sanción que ella misma lanzó contra el Open Arms según el barco tocó tierra en Lampedusa. Tampoco volvió sobre el que ha sido su recurrente comentario a lo largo de este mes: que la ONG catalana carece de permisos para realizar con su barco rescates en el mar. Fue esa posición de ataque la que provocó que Unidas Podemos, además de las fuerzas nacionalistas ERC, Compromís y JxCat, exigieran la comparecencia de la vicepresidenta en la Cámara Baja. A cuenta de los recordatorios que tuvo que escuchar durante la sesión, Calvo acabó disculpando que «nadie de este Gobierno -dijo- ha demonizado ni criticado ni de lejos a las ONG ni el papel que cumplen».

Era ayer día de estreno en el Congreso, primer debate de la legislatura, forzado además de forma extraordinaria por la oposición con el deseo de escuchar en la tribuna a Pedro Sánchez, que ha estado ausente durante todo el episodio relativo al Open Arms debido a sus vacaciones, y que no tenía en agenda pisar este jueves el hemiciclo. Aunque en el último momento decidió ir, lo que le permitió sentarse en su escaño y asistir impávido a la intervención de su vicepresidenta sin mostrar mayor interés ni cuando ella le catalogó como el hombre que, precisamente gracias al Aquarius, ha hecho comprender a Bruselas que la inmigración es un problema europeo. «¿Quién ha abierto este debate en la UE si no ha sido Pedro Sánchez?», se preguntó Calvo. El presidente en funciones tampoco reaccionó cuando su socio prioritario, Unidas Podemos, le acusó de haber «defraudado absolutamente las expectativas» con la gestión de esta crisis. «No sé qué ha pasado en un año, han pasado a decepcionar a tanta gente...», le reprochó la diputada Noeliva Vera.

Negocio electoral

Pero la débil justificación del papel desempeñado este mes por el Gobierno en relación al Open Arms topó sobre todo con la interpretación de la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, que atribuyó a un mero cálculo de votos el vuelco que ha dado el PSOE en materia de política migratoria. A su juicio, la acogida del Aquarius, fue «un spot publicitario» de inicio de mandato, tras la moción de censura, que se hizo «sin el más mínimo escrúpulo hacia los 629 inmigrantes que se convirtieron en figurantes de un escpectáculo mediático», mientras que ahora, el capítulo del Open Arms ha servido para «exponer lo que antes ocultaba su máscara de solidariad: un utilitarismo político de la inmigración».

«Frente a la hipocresía, -reprobó la diputada popular- la primera obligación política es impedir que estos barcos naveguen para rescatar náufragos, para esa noble tarea ya está Salvamento Marítimo, porque son expresión de un turbio negocio que también ustedes practican de forma impúdica: hacer negocio electoral, politiqueo, bajo la máscara de la solidaridad». Y añadió: «el sanchismo y el salvinismo -en alusión al ministro del Interior italiano que ha impuesto el cierre de costas a la inmigración, Matteo Salvini- son dos caras de la misma moneda: utilizan la inmigración para ganar votos, unos pesacan en el sentimentalismo irresponsable de los puertos abiertos, que vengan todos, y otros en la selva de la xenofobia».

En una réplica, Calvo defendería hasta el final que en las acciones de gobierno durante estos 14 meses ante la inmigración «no ha habido una posición contraria, ni cambiante, ni incoherente». Aparte de al PP, respondía así también a Ciudadanos, cuya portavoz, Inés Arrimadas, imputó al Ejecutivo directamente la práctica de una «política de bandazos» que -dijo- «favorece la labor» de las «mafias que trafican con inmigrantes».

La vicepresidenta trató de desacreditar las posiciones de ambas portavoces sugiriendo que ayer iban de la mano del líder de Vox, Santiago Abascal, que en su primera intervención en un pleno al margen de la fallida sesión de investidura de julio, se reafirmó en el discuso-fuerza de su partido que vincula inmigración con delincuencia, terrorismo y abuso de los recursos españoles. Por ello, pidió «disculpas al pueblo italiano por el ataque brutal a su soberanía» de lo que denominó un complot internacional «proge» que incluye a «multimillonarios de Hollywood» o «la propaganda violenta de la izquierda».