«Temo los efectos colaterales»

POR F. J. POYATOCÓRDOBA. El número 2 del céntrico Bulevar Gran Capitán de Córdoba, sede social de la promotora Prasa, fue ayer lugar de peregrinación de empresarios, trabajadores y amigos del

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POR F. J. POYATO

CÓRDOBA. El número 2 del céntrico Bulevar Gran Capitán de Córdoba, sede social de la promotora Prasa, fue ayer lugar de peregrinación de empresarios, trabajadores y amigos del presidente de la compañía, José Romero, tras la sacudida que la «operación Astapa» dejó horas antes en ese edificio, precisamente donde se produjo la detención.

Poco después de abandonar las dependencias del Juzgado de Instrucción número 1 de Estepona, donde declaró durante una hora y media, regresó a Córdoba para descansar. El día había sido duro. «Acabo de llegar a las siete de la mañana, y aquí estoy, haciendo lo que tengo que hacer, trabajar», comenta a ABC José Romero, al tiempo que manifiesta que no piensa arrojar la toalla y que su intención, por tanto, es de «seguir adelante».

Adhesiones

Las adhesiones inquebrantables y los apoyos manifiestos sufrieron ayer una inflación en la planta noble de la sede de Prasa. También fue un día largo, pero tuvo tiempo para liberar tensiones, echando un vistazo por televisión a la selección de Luis Aragonés frente a Grecia. Romero es muy aficionado al fútbol y de hecho es el principal accionista del equipo de la ciudad, el Córdoba CF, por cuyo futuro también existe ahora una honda preocupación después de lo ocurrido estos días.

«Le temo más a los daños colaterales que a lo que me pueda pasar a mí», asegura el empresario tras admitir que este tipo de huracanes tienen un efecto directo en la línea de flotación de las empresas o los negocios, independientemente de cómo transcurra luego la causa judicial abierta. «Estamos tranquilos. Estoy tranquilo porque creo que no hay razones..., ni para estar intranquilo».

Muy cauto

Romero se muestra muy cauto no sólo porque la causa está bajo secreto de sumario, sino por el asesoramiento de sus abogados que miden al milímetro cada uno de los movimientos y palabras. Es más, confiesa que ayer iba a ofrecer una rueda de prensa pero, finalmente, se optó por emitir un escueto comunicado para transmitir tranquilidad y normalidad, así como respeto al proceso judicial abierto. Eso sí, no cesó de agradecer las muestras de cariño recibidas y «la preocupación por mí y mi familia».

En el comunicado hecho público por la empresa se insistía, al igual que el pasado martes por la tarde, en que Romero había acudido al Juzgado de Estepona «a aportar información», obviando que el empresario abandonó su despacho por la mañana junto a agentes de la Udyco y que le han impuesto una fianza de 300.000 euros, si bien en un principio se dijo que era de 500.000 por un error de transcripción.

Algunos de los estrechos colaboradores de Romero que ayer departieron con él dibujaron a este periódico el mismo retrato-robot de un ánimo que no se ha apagado, aunque la procesión vaya por dentro. Es más, en alguna sala esperaban varias personas que habían quedado con él para abordar un patrocinio para una importante actividad cultural.

El antecedente de «Sandokán»

Efectivamente, en Córdoba la detención de Romero y su implicación en la trama de corrupción de Estepona se ha vislumbrado de manera completamente diferente a cuando, hace dos años, el juez Miguel Ángel Torres ordenó arrestar al otro gran promotor inmobiliario de la ciudad, Rafael Gómez Sánchez, más conocido como «Sandokán».

El propietario de Arenal 2000, con enormes intereses inmobiliarios por aquel entonces en toda la Costa del Sol, ha visto cómo su imbricación en la «Malaya» le ha supuesto un clarísimo quebranto empresarial, algo que no se prevé que pueda ocurrir con Prasa.