La cabecera de la manifestación de los «tabarnienses» en las calle de Barcelona - INÉS BAUCELLS

Tabarnia desborda la calle y «recupera» los símbolos de todos los catalanes

Miles de catalanes reivindican de forma festiva su españolidad homenajeando a Rafael Casanova y manifestándose por el centro de Barcelona

BarcelonaActualizado:

Tabarnia se mueve y se manifiesta. Miles de personas salieron ayer a las calles de Barcelona para defender la españolidad de Cataluña y enviar un mensaje -otro más, tras las manifestaciones constitucionalistas del pasado mes de octubre- a los partidos independentistas: «Se acabó la broma».

Los «tabarnienses» -catalanes, al fin y al cabo- demostraron, una vez más, que siguen teniendo ganas de salir de sus casas con banderas, también con la de Tabarnia, para expresar un hastío generalizado por la situación de bloqueo institucional a la que les han llevado los dirigentes secesionistas y el pulso que estos mismos han planteado al Estado de Derecho.

La asociación que convocó la manifestación nació en enero para canalizar este descontento popular de forma grotesca, irónica y ácida. Lo vivido ayer fue su bautismo de calle. Y para ello no contaron con la ayuda de los partidos políticos constitucionalistas, que se desmarcaron de la organización de la marcha, ni de otras entidades cívicas similares.

Sin embargo, para la Plataforma por Tabarnia -que autoproclamó «presidente» de este territorio imaginado a Albert Boadella- se cumplió el objetivo.

«Nos pertenece a todos»

Pasada la hora prevista, las 11.30 horas, la protesta se inició a los pies de la estatua dedicada a Rafael Casanova, loado por los nacionalistas catalanes y guerrero que defendió la Monarquía española de los Habsburgo, frente a los Borbones, durante la Guerra de Sucesión de 1714. Para los «tabarnienses», Casanova se sentía español y la mejor manera de reivindicarlo, en estos momentos, es «arrebatándoselo» a los independentistas.

Así, en imitación a los 11 de septiembre nacionalistas, fueron pasando ante el monumento diversos representantes de varias entidades que depositaron flores a los pies del ilustre catalán. Para darle importancia a este inicio de fiesta, Eduardo de Delás, descendiente de los Casanova del siglo XVIII, reivindicó la figura de su ancestro y leyó partes del último bando que los austracistas dieron a conocer en 1714, mientras defendían la ciudad de Barcelona.

Imagen de los manifestantes por Tabarnia
Imagen de los manifestantes por Tabarnia - INÉS BAUCELLS

A lo largo de toda la mañana, Jaume Vives, portavoz de la entidad convocante, amenizó el acto micro en mano. Fue Vives el que recordó que la marcha empezaba en ese punto concreto «para hacer honor» a «la memoria» de Casanova, pues «nos pertenece a todos».

La respuesta sonora de los asistentes (la Guardia Urbana los cifró en 15.000 personas, pero la organización, consultada por ABC, elevó la cifra a 250.000) fue siempre dual y repetitiva durante todo el recorrido. A ratos se entonaron cánticos irónicos: «¡Boadella, presidente!» o «Sí, sí, sí Tabarnia ya está aquí», como se pasó a la indignación: «Puigdemont, a prisión» o «No son presos, son golpistas», sin dejar de expresar algunas estrofas que bien pueden ser oídas en manifestaciones de signo contrario: «Las calles serán siempre nuestras».

Tras la ofrenda foral y la interpretación de la Santa Espina -una sardana catalana- y el himno de España, la cabecera de la manifestación, que portaba un «autobús-embajada itinerante» como avanzadilla, fue abriéndose paso por la ronda de San Pedro dirección plaza de Urquinaona. Fue entonces cuando quedó en evidencia que la organización estaba desbordada. Más gente de la esperada. Aun así y pese a las dificultades, tras pasar la plaza de Urquinaona, se tomó vía Layetana. De ahí a la calle de Jaime I, que desemboca directamente en la plaza de San Jaime, centro político de la Ciudad Condal con las sedes del Ayuntamiento y la Generalitat de Cataluña.

San Jaime, abarrotada

La plaza de San Jaime ya estaba a rebosar cuando entró la cabecera de la marcha. Pasaban unos minutos de las 13.00 horas y solo se distinguía el «autobús-embajada itinerante» de color naranja. La aglomeración era total. Una mujer se intentaba hacer oír al paso del vehículo: «¡Viva Tabarnia! ¡Viva España!». Pero los aplausos y el sonar de los silbatos hacía inaudible cualquier «viva» en ese momento.

Una vez en el centro de la plaza, varios de los organizadores subieron al techo del autobús los altavoces y se prepararon para cerrar el acto. Vives volvió a tomar la palabra: «Hoy hemos recuperado a Rafael Casanova y aquí y ahora recuperaremos también la plaza de San Jaime». El portavoz de la Plataforma por Tabarnia se vino arriba e ironizó con el número de asistentes a la manifestación: «Somos unos dos millones de personas». Un espejo -otro más- para los «calculadores» de asistentes a las marchas independentistas. Tras su intervención, la manifestación finalizó con el himno de España, «para purificar el ambiente», en palabras de Vives, y «una butifarra (corte de mangas) colectiva al proceso secesionista».

Cientos de asistentes fueron dejando paso a otros tantos de manifestantes que todavía no habían podido acceder a la plaza de San Jaime. Los que se iban, se convirtieron en «tabarnienses» vestidos con banderas esparciéndose por el centro de Barcelona: la de Cataluña, la de España o la de la Unión Europea -también se vieron de otras regiones españolas-.

A lo largo de todo el recorrido, muchos manifestantes portaban carteles con diversos lemas, como «Seny y señera, Tabarnia se queda» o «Somos y seremos españoles». Pero lo que más abundó fueron las caretas del «presidente de Tabarnia», el dramaturgo Boadella, que en esta ocasión no estuvo presente. Fuentes de la organización consultadas por ABC confirmaron que Boadella está preparando un acto o «performance» en Bélgica, a las puertas de la casa en la que reside Carles Puigdemont en Waterloo.

«Elemento de presión»

Plataforma por Tabarnia dejó en manos de su presidente, Miquel Martínez, las valoraciones políticas fuera del foco sarcástico y burlesco. Este, en declaraciones a los periodistas, reiteró que la reivindicación de Tabarnia llegará «tan lejos como el independentismo quiera llegar», en referencia a la posibilidad de plantear seriamente la opción de que varias comarcas de las provincias de Barcelona y Tarragona exploren la idea de unirse en una nueva comunidad autónoma.

«Tabarnia no será un partido político. Pero no podemos dejar que los independentistas lleven Cataluña al desastre. No llevaremos la iniciativa, pero siempre estaremos como elemento de presión», aclaró Martínez.

Ni Ciudadanos, ni el PSC se sumaron a la manifestación de ayer. El PP no dio su apoyo pero mandó en representación al líder del PP de Barcelona, Alberto Fernández, y a la diputada en el Congreso Ángeles Esteller, que se mantuvieron en un segundo plano. Societat Civil Catalana tampoco secundó la marcha, pero se pudo ver a algún miembro de su dirección, como Ferran Brunet.