La sombra de Aznar es alargada

LUIS AYLLÓN
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Para ser el primer debate del nuevo Gobierno, no ha estado mal. No se puede decir que la sesión haya sido aburrida. Al contrario. Es de suponer que tanto la mujer de Mariano Rajoy, Viri, como los de la Plataforma del No a la Guerra -camisetas al frente- o el cantante Miguel Ríos, que seguían la sesión desde las tribunas del público, se entretuvieron. Porque aquello parecía un concurso de gracietas que poca gracia le hacían a Manuel Marín. Desde el asiento de la Presidencia del Congreso lo menos que uno quiere es que se le alborote el gallinero. Y ayer estaba bastante alborotado, sobre todo en la zona del PP, desde donde se saludaban las afirmaciones de José Luis Rodríguez Zapatero con exclamaciones de todo tipo. Que Zapatero decía, por ejemplo: «Cumplimos lo prometido», pues desde la bancada popular se oía una voz: «¡Venga ya!». Si afirmaba que España cumplirá sus compromisos internacionales, le replicaban con risas: «¡Sí, hombre!». Total, que así no había manera, y Marín se ponía tan tenso como el dentista de Drácula en plena ortodoncia. Gesticulaba, se movía en su asiento, hablaba por lo bajo, buscando cómo poner fin a esa deriva que amenazaba con ir a más. Y por si fuera poco, cuando pidió a Mariano Rajoy que terminara ya su intervención, por haber superado ampliamente el tiempo de que disponía, rugió la marabunta del PP.

Rajoy aprovechó su intervención para acusar al presidente del Gobierno de haber engañado a los españoles una y otra vez y lo que es peor, tratándose de Zapatero, le dijo: «Usted dialoga poco». Desde los escaños del PSOE se protestó tamaña acusación, dirigida hacia quien, tal vez por la afición al Quijote, considera el diálogo como el bálsamo de Fierabrás.

La bronca subía de tono y más cuando el líder de la oposición citó, entre los países que saludaron con alegría la retirada de las tropas, a Cuba, a Venezuela, y a Bin Laden, aunque precisó que Bin Laden no es un país, algo que no está de más puntualizar si se recuerda que José María Aznar incluyó una vez entre las capitales en las que podía tomarse una decisión nada menos que a Chang Kai Shek, tal vez queriendo decir Ho Chi Min City, la antigua Saigon de Vietnam.

Y la verdad es que Aznar, ausente físicamente, estaba presente ayer en la Cámara. Su sombra se proyectaba por todo el hemiciclo, sobre todo por los escaños de los grupos que hasta hace poco se hallaban en la oposición y que, a tenor de lo que muchas veces decían sus portavoces, parecían seguir allí instalados. Porque el debate se presentaba algo desenfocado. Aquel anuncio de «Todos contra el fuego» era ayer «Todos contra el PP».

Tanto es así que hasta el propio Zapatero terminó por contagiarse y en un momento de su intervención se deslizó ampliamente: «Todavía está a tiempo de rectificar, señor Aznar» .

A los diputados del PP les faltó tiempo para lanzarse a tumba abierta sobre la equivocación de Zapatero: «Todavía estás en la oposición» o «esto es de psiquiatra», se oyó. La palma se la llevó el diputado murciano Andrés Ayala, que gritó: «Repítelo cien veces. Es Rajoy».

Con ese clima, Manuel Marín empezaba a dudar entre comenzar a advertir con tono firme a sus señorías, como hacía Luisa Fernanda Rudi, o dejarlo estar, esperando que se calmaran los ánimos. Y no se calmaron. Más aún, se exacerbaron cuando Eduardo Zaplana, con un tacto digno de un hipopótamo, se quejó desde su escaño, de que los portavoces de los demás grupos insultaban al PP. Les faltó tiempo a todos para replicarle. Y allí se montó el guirigay. Tantas ganas tenía Marín de marcharse ya a su casa, cansado del espectáculo, que hasta se olvidó momentaneamente de darle la palabra final a Zapatero, como correspondía.

Menos mal, que los pasillos de la Cámara estaban más tranquilos, plagados de ex ministro sin cartera, dispuestos a hablar, ya sin ninguna prisa, con cualquier periodista que se pusiera a tiro. Mientras, sus sucesores andaban rápidos, de un lado a otro, y alguno, por aquello de la novedad, preguntando incluso dónde estaba la zona de Gobierno. Se ve que unos les queda más tiempo que a otros para el diálogo.