El soberanismo responde sin fuelle y arremete contra la UE

Las asociaciones pro independencia dejan para el domingo 12 la gran protesta contra la prisión preventiva

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Hacía días que el independentismo, desorientado por la respuesta del Estado a la intentona separatista y huérfano de su president Puigdemont, fugado en Bruselas, buscaba la mecha que prendiera otra vez la indignación social en Cataluña. Y la orden de prisión a los exconsejeros del Govern cesado propició ayer la mejor ocasión para retomar el pulso de la calle después de ver cómo el constitucionalismo se la arrebató, sin complejos, el domingo. Tras varias convocatorias a medio gas por la mañana, las plataformas soberanistas de la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium tocaron a rebato al conocer el auto de prisión para Oriol Junqueras y otros siete exconsejeros de la Generalitat (sin contar a Vila), y convocaron a una protesta a las 19 horas ante las puertas del Parlament que, sin embargo, no desbordó sus expectativas.

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Los manifestantes –veinte mil según el cálculo muy generoso de la Guardia Urbana– se arremolinaron ante la sede del Parlamento catalán para defender el «gobierno legítimo» de Cataluña y denunciar que el ex vicepresidente Junqueras y los otros siete exconsejeros son «presos políticos» víctimas del «abuso de poder» del Estado. La premura de la protesta hizo que los organizadores dejaran para más adelante la que debe ser su gran movilización, el domingo 12 en Barcelona. Para este fin de semana se prevé una gran «encartelada». La CUP animó a otra huelga general que, sin embargo, no tiene todavía el aval de los principales sindicatos o partidos catalanes. Además del Parlament, hubo caceroladas y concentraciones delante de los ayuntamientos y los cláxones de los coches vovieron a interrumpir la noche tras semanas de tregua.

La frustración callejera se volcó de lleno contra la Unión Europea, que ha ignorado los esfuerzos del separatismo catalán por exportar su problema, respaldando la acción del Gobierno de España para defender la Constitución. «Vergüenza de Europa» y «esta Europa es una estafa», gritaron los indignados. Dos actores de teatro catalanes pusieron dramatismo al guión en inglés: «Esta mañana España tenía dos prisioneros políticos ("los Jordis"), y ahora tiene diez, ¿cuántos más necesitan?», reprocharon los presentadores de un acto que se disolvió pronto.

Portavoces de ERC, PDECat y la CUP compartieron protagonismo anoche con el líder de Podemos en Cataluña, Albano Dante Fachin, y los comunes de Ada Colau. «En la defensa de las instituciones catalanas todos somos compañeros de viaje», señaló una representante del partido de la alcaldesa, que por la mañana hizo gala de su equilibrismo habitual apoyando al «gobierno legítimo» de Puigdemont pero sin reconocer su «república» en una resolución aprobada en el Ayuntamiento. «El 1-O hemos demostrado que somos un solo pueblo», se explayó la representante de Catalunya en Comú.

La expresidenta de Parlament Nuria de Gispert, convergente, llamó a «arrasar las urnas» convocadas por el Gobierno de Rajoy para el 21 de diciembre. El líder de Podem desautorizado por Pablo Iglesias recogió el guante: «Esto que ha pasado lo cambia todo: es imprescindible dar una respuesta unánime», insistió Dante Fachin en su idea de una alianza electoral con independentistas y la CUP que la dirección de su partido quiere evitar. «El que no lo haga no estará a la altura», advirtió Fachin. El exalcalde de Barcelona, Xavier Trías (CIU), le aplaudió desde la primera fila.

La inquina de los manifestantes, además de con Europa se cebó con el PSC. Cada vez que alguien citó a los socialistas de Iceta la masa abucheó entre gritos de «fascistas» y «butiflers». «No es justicia, es dictadura. Ni un paso atrás», coreografió la masa. Desde Twitter, el parlamentario Lluís Llach llamó a «hacer algo que realmente afecte a la prima de riesgo», sin detallar qué. La última vez, los soberanistas animaron a un corralito, que no fue.

Los Mossos custodiaron esta vez el perímetro exterior del Parlament disuelto, que permanece cerrado y protegido en su acceso principal en el interior del parque de la Ciutadella por un cordón de vallas de protección. Fuera de allí, según TV3, la N-II estuvo cortada en el Maremse y también la Diagonal a la altura del Paseo de Gracia.

Caceroladas nocturnas

En Girona, según la Policía Local, se reunieron quince mil personas para rechazar los encarcelamientos. La alcaldesa y sucesora de Puigdemont, Marta Madrenas, subió al escenario y pidió que los alcaldes cuelguen «crespones negros en las fachadas y bajen las banderas a media hasta porque Cataluña está de duelo». «Nos han robado la República», denunció por la mañana la ANC. «Nos acaban de robar el gobierno en nombre de la justicia», corrigió la alcaldesa del PDECat. Anoche se registraron caceroladas, con mayor o menor asistencia, en varios municipios catalanes.