El presidente del CGPJ, Carlos Lesmes, y la ministra de Justicia, Dolores Delgado
El presidente del CGPJ, Carlos Lesmes, y la ministra de Justicia, Dolores Delgado - EP
Tribuna

Que si quieres arroz, Catalina

Total, ¿qué es eso de Justicia independiente si muchos creen que los jueces deben ser nombrados en votación popular y previo juramento de lealtad a las doctrinas verdaderas?

Raimundo Prado Bernabéu
MadridActualizado:

Con algo de sorna, me comentan algunos compañeros que el portavoz popular en el Senado se merece el Premio Nacional a la Independencia Judicial: sus famosos mensajes de WhatsApp en el momento justo dinamitaron desde dentro un perverso sistema de elección en las instancias del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y, por ende, del funcionamiento del propio Estado.

Pero tampoco nos engañemos: la decisión que tomó nuestra Asociación Judicial de recurrir el nombramiento más que probable del próximo presidente del CGPJ habría puesto en jaque a la Sala Tercera del Supremo. Aunque confiamos en ella, habría tenido muy, pero que muy difícil argumentar que el presidente fue elegido libremente por los vocales.

La constatación de lo que estaba sucediendo llevó al partido mayoritario (PP) a cambiar el rumbo en el que siempre se había sentido tan cómodo y a rectificar de manera obligada ­–aunque rectificando, al fin y al cabo–, por lo que instó, junto a Cs, la tan reclamada elección de vocales judiciales por los propios jueces. Pero hete ahí que, unos días después, varios partidos la segaron verde en el Congreso.

Unos días después, el estruendoso eco del refrán «que si quieres arroz, Catalina» volvió a resonar en el Hemiciclo de manera tozuda y en forma de lucecita de color. En esta ocasión no era problema de bipartidismo. Esta vez todo el arco parlamentario nacionalista y de izquierda (o de ambas cosas), como si de Fuenteovejuna se tratase, votaron al unísono para abortar lo que demandan incluso las instituciones democráticas europeas y a las que pagamos para que eviten atisbos de corrupción.

Europa y sus recomendaciones se la traen al pairo. Total, si se nos condena en un futuro, no van a poner nada de su bolsillo, ¡qué más da!. Total, si esto de la independencia judicial a muchos de los que votaron les suena a novela polaca sin traducir. Total, si con el sistema caduco tienen la posibilidad de intercambiar cromos. Total, ¿qué es eso de Justicia independiente si muchos creen que los jueces deben ser nombrados en votación popular y previo juramento de lealtad a las doctrinas verdaderas?

No es extraño que algunos partidos votasen lo que votaron, incluso es coherente con sus postulados. Pero lo que no deja de sorprender es que uno de los grupos políticos más relevantes a nivel nacional y que incluso ahora gobierna (PSOE) se cierre en banda y se aferre a posiciones antiguas más que superadas. Que defienda la elección de vocales por el Parlamento como ejercicio democrático cuando esa burra ya no se vende a nadie y todos sabemos que lo único que se desea es controlar en cierto modo el Poder Judicial por las puertas de atrás. Se dice que la elección parlamentaria es progre.

La Carrera Judicial es muy amplia. Impedir que los jueces voten no es nada -pero que nada- progresista, sino todo lo contrario: es no confiar en la mayoría de mujeres que componen nuestra carrera, es impedir que muchos jóvenes preparados de las más diversas extracciones sociales, casi siempre clase media-baja, no puedan elegir a quienes desean. Impedir que los jueces voten es negar el voto a más de la mitad de compañeros que no pertenecen a ninguna asociación y es tener miedo a la libertad y a la democracia, es recelar de la propia Justicia y de los jueces que la impartimos. Impedir que los jueces voten es algo rancio, de siglo XIX, de Nodo en blanco y negro y de estatismo anti- progreso, es sólo demorar lo inevitable. Es sólo cuestión de tiempo, pero mientras tanto que si quieres arroz Catalina.

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*Raimundo Prado Bernabéu es portavoz nacional de la Asociación de Jueces y Magistrados Francisco de Vitoria (AJFV)