«Si son hombres para violar, que paguen»

J. LÓPEZ/ T. PERAILES | HUELVA/BAENA
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En una fachada de la calle Armada Española de Isla Cristina cuelga un azulejo, donado por Blas Infante, con una leyenda inscrita que propone a los niños no hacer daño a los pájaros. De lo que se deducen dos cosas: que el padre de la patria andaluza, notario de la villa entre 1924 y 1931, amaba la naturaleza, y que desnucar gorriones estaba de moda entre la infancia de la época. Nada que ver con los gustos de la actual. Varios casos de violaciones a niñas por parte de un grupos de críos evidencia que ha pasado el tiempo de los golfos y se avecina el de los delincuentes.

Cintia es la prueba, tiene 13 años y una ligera minusvalía psíquica. Su padrastro, Fidel, es un hombre roto desde que el grupo pisoteó los derechos de su hijastra. Fue la madrugada del pasado 19 de julio, durante las fiestas de Isla Cristina. La niña aceptó ir con un chico hasta una orilla oscura, allí le prepararon la emboscada sexual. En la violación participaron siete menores, dos de ellos no habían cumplido 13 años.

La niña llegó a casa con moratones, triste, muda. Su madre y su padrastro lograron que hablara. Después la llevaron a Huelva, al hospital, para que le hicieran un examen médico que aclaró que había sido agredida sexualmente por varias personas. Los padres denunciaron el caso ante la Guardia Civil, que en dos tandas detuvo a los siete presuntos violadores. Algunos purgan su delito preventivamente en un centro de menores, pero otros dos, no han sido imputados porque legalmente disfrutan aún de la edad de la inocencia.

«Si han sido hombres para violar, que lo sean también para pagar su delito», sentencia Fidel, único miembro de la familia que permanece en este pueblo onubense. La madre se ha llevado a su hija a casa de un familiar en otro municipio para no coincidir con los agresores. «Si los llego a encontrar en caliente, cuando me enteré de lo que habían hecho, me los cargo a los siete».

Entre los padres de los menores acusados de la violación cunde el escepticismo. Les cuesta creer que sus hijos estén involucrados en un delito tan grave. Las conversaciones que han mantenido con dirigentes municipales revelan que se resisten a admitir la responsabilidad de sus críos.

Pero ¿qué es lo que han hecho? Que lo diga Fidel: «Nos han matado un poco a todos. Mi hija no quiere volver a casa. No duerme bien. Llora. No quiere jugar con su muñeca preferida ni tampoco con su prima, a la que adora». El padrastro recuerda como era Cintia: «La hemos cuidado siempre. Le hemos dado nuestro amor para que fuera feliz y ahora esta gentuza ha destrozado todo lo que hemos hecho».

Terrible, pero aislado

Isla Cristina no es el cabo del miedo. La violación de la niña ha sido un suceso aislado aunque en el último mes se han dado varios casos similares.

La conmoción que ocasionó la violación de una niña de 13 años en Baena motivó un intento de concentración de condena. El alcalde, Luis Moreno, anunció que no acudiría a la concentración «porque contribuirá a dar una imagen desvirtuada de la sociedad de Baena».

La niña permanece fuera de la localidad por prescripción del psicólogo. Mientras, de los seis agresores, tres se encuentran en centros de menores, el mayor de edad en prisión y dos permanecen en libertad: uno de 13 y otro por discapacitado psíquico.