El Senado abre la puerta al uso de todas las lenguas y a la contratación de traductores

El PP rechazó la propuesta y advirtió que «vamos a hacer un ridículo a nivel mundial»134 votos sí frente a 122 no

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El Pleno del Senado abrió ayer la puerta a una polémica iniciativa de consecuencias imprevisibles, en un momento económico especialmente delicado para poder justificar la implantación del uso de las lenguas cooficiales: gallego, catalán y euskera, en el Pleno y en las Comisiones de la Cámara Alta, cuyo coste, según el PP, será de más de un millón de euros. El primer paso, la aprobación por 134 votos a favor y 122 en contra (PP y UPN) de la toma en consideración de la propuesta de reforma del Reglamento del Senado, presentada por 34 senadores nacionalistas, se realizó en un pleno bronco, con alusiones personales y con comentarios irónicos como la pregunta que se hizo el portavoz del PP, Juan Van-Halen: «¿Usted realmente piensa que alguien va a entender y que no vamos a hacer el ridículo a nivel mundial que el presidente del Gobierno, todos los senadores, los ministros, los comparecientes vengan provistos de un auricular a una Cámara donde todos nos entendemos en un mismo idioma? Es absolutamente pintoresco».

Pajín: «Visc a Benidorm»

El debate de ayer se convirtió en un prólogo de lo que puede ser la actividad de la Cámara si finalmente sale adelante la iniciativa. La mayoría de los portavoces habló en alguna de las lenguas oficiales e incluso la senadora socialista, Leire Pajín, que asumió la defensa del voto socialista, se descolgó con un «Visc a Benidorm...» («Vivo en Bernidorm», en valenciano), después de hacer un guiño al euskera y al gallego, chapurreando en cada una de ellas.

El PSOE consiguió su objetivo de aislar al PP, ya que los populares sólo pudieron contar con el voto de la senadora de UPN, María Caballero, pero no pudo frenar el discurso de su portavoz, Juan Van-Halen, que puso en evidencia lo que consideró un «espantoso ridículo». Pajín dejó entrever en su intervención que con esta propuesta van a llegar hasta el final, algo que no se había atrevido a decir la portavoz Carmela Silva, el día que anunció el apoyo del PSOE, que sólo dijo que la aprobación de esta toma en consideración suponía abrir el debate. La realidad es otra, Pajín, aunque apeló al consenso del PP, llegará hasta el final.

Los defensores de la iniciativa llevaron, en algunos casos, su defensa al extremo, como hizo el senador del PSM. Pere Sampol, quien llegó a afirmar que «siento que el catalán no se protege, no es querido e incluso odiado por una parte del Estado», reclamando que no se utilice como «arma de confrontación para exaltar el patriotismo arcaico». Igualmente, José Manuel Pérez Bouza, del BNG, quitó importancia al coste económico recomendando, que «no se preocupen por el coste económico, no llega al uno por ciento del Presupuesto de las Cortes Generales, ni se preocupen por los pinganillos».

El más crítico con esta medida fue el portavoz popular, Juan Van-Halen, al afirmar que «no es urgente, ni necesario y no es constitucional», acusando a los socialistas de haber cambiado su posición: «Las declaraciones de la portavoz socialista son bastante curiosas porque suponen una reforma gota a gota del Senado, sin sacar de la chistera la reforma del Senado».

Además, señaló que el PSOE «pliega sus responsabilidades institucionales a sus intereses partidistas y el señor Montilla pesa mucho y puede ser su tabla de salvación, pero también un ancla para hundir al PSOE y al Gobierno. La postura del PSOE nada tiene que ver con las lenguas y su defensa, sino con la defensa de sí mismo».