Vídeo: CUP critica que los discursos del Govern no se corresponden con la movilización popular - ATLAS

El secesionismo pierde aire en la Diada de la división

La manifestación de la ANC reúnea a 600.000 personas, la cifra más baja desde 2012

Àlex Gubern
BarcelonaActualizado:

Si la manifestación de la Diada del 11 de septiembre es siempre un termómetro para calibrar el momento por el que pasa el movimiento independentista, la lectura de este año es diáfana: fractura estratégica y menos músculo movilizador. Sensación de fin de trayecto.

A pocas semanas para conocerse la sentencia de los líderes del «procés» juzgados en el Tribunal Supremo, el secesionismo se había conjurado para una jornada multitudinaria para restañar heridas, ganar la unidad que los partidos se empeñan en quebrar y comenzar a calentar la respuesta ante las previsibles condenas. Fracasaron, y aunque el centro de Barcelona volvió a llenarse con decenas de miles de personas venidas de toda Cataluña, la realidad es que la cifra de participación ofrecida por la Guardia Urbana -600.000 personas- es la más baja desde que en 2012 arrancase oficiosamente el «procés» con la primera gran manifestación de la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Es un 40% menos que la Diada de 2018 -siempre según cifras de la policía local-, y mucho más lejos de los 1,8 millones de la de 2014, la más importante, cuando el independentismo llenó la Gran Vía y la Diagonal en vísperas del 9-N.

La realidad es otra ahora. El colorido, el ambiente festivo y la repetición de escenas tantos años vistas conducían ayer a cierta sensación de Diada desvaída, de ejercicio rutinario, agotado, en ningún caso el nervio de otros años, aquella percepción a pie de calle de que una gran movilización podía cambiar el curso, si no de la historia, al menos sí de las decisiones del gobierno catalán. La Diada de 2014 empujó hacia la consulta del 9-N («¡presidente, ponga las urnas!», le gritó Forcadell a Mas) y la de 2017 allanó el camino para el 1-O. La de 2019 no sirvió ni para cuajar una mínima estrategia común para responder a la sentencia del TS: la división entre unilateralistas y gradualistas -JpC y ANC por un lado, ERC y Òmnium por otro- sigue más viva que nunca.

Mínimo común

Se hizo evidente cuando Elisenda Paluzie, presidente de la ANC, aseguró en su discurso que «nosotros ya no ponemos plazos, hemos aprendido de los errores del pasado, pero que la expectativa de un diálogo que nunca llega no nos vuelva a hacer perder oportunidades», lo que se leyó com una enmienda a la línea estratégica planteada por ERC, a cuyos dirigentes no dejaron de gritarles «unidad, unidad» los manifestantes. Por la mañana, Òmnium conseguía sumar a los comunes en un acto a favor de la absolución de los presos, ahora mismo el mínimo común que une al espectro soberanista: solo la petición de aministía parece ahora una demanda capaz de agrandar mayorías. A última hora se registraron incidentes frente el Parlamento catalán y la CUP quemó fotos del Rey y de Emmanuel Macron. Fin de trayecto.