El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, aplaude durante la manifestación independentista que se celebra en Bruselas - EFE

El secesionismo basa su trama en noticias manipuladas

La información falseada viaja más rápido y se propaga mejor que la verdad. El nacionalismo catalán utiliza las «fake news» para lograr impactos a su favor

BarcelonaActualizado:

La ONU ha criticado la decisión de que unos dirigentes políticos estén en prisión preventiva en España acusados de rebelión, desobediencia y malversación; la presidenta de Estonia, Kersti Kaljulaid, ha apoyado una campaña a favor de los presos políticos; de hecho, en España hay presos políticos y exiliados por sus ideas políticas; el juez Pablo Llarena se reunió en Gerona con «miembros» del CNI y el exministro Jorge Fernández Díaz; «The Economist» ha pedido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que libere a los presos políticos; Cataluña tiene derecho a la autodeterminación; en Barcelona se instalará la sede mundial de Facebook para combatir las fake news; existe una República Catalana, al menos en Waterloo (Bélgica); la revista «Time» ilustró su portada con una imagen de la plaza de San Jaime de Barcelona bajo el título: «La revolución de los paraguas»; el conductor del coche que arrasó con una parte de las cruces amarillas de la plaza Mayor de Vic (Barcelona) lo hizo por motivos políticos; el presidente de Armenia, Armén Sarkissian, negó el saludo al embajador español en EE.UU., Pedro Morenés, tras el rifirrafe entre este y el presidente de la Generalitat, Quim Torra, en Washington hace solo unas semanas; la Comisión Europea y la Unión Europea han concluido que la Justicia española es la peor de Europa; el Ministerio de Defensa movilizó efectivos en Cataluña antes del 1 de octubre de 2017; Gambia y Estonia reconocieron la independencia de Cataluña tras el 27 de octubre...

Y así hasta una larga lista que conformarían las «fake news» que líderes políticos, asesores de los mismos, medios de comunicación y personajes públicos, todos independentistas, propagan cada día gracias, sobre todo, a las redes sociales de internet.

El nacionalismo catalán moderno basa su estrategia, en el mejor de los casos, en la tergiversación de la realidad y el control de su explicación. Los políticos secesionistas y los líderes de opinión que les respaldan creen que tienen una misión y todo vale para llevarla a cabo. A las «fake news» de 2018 se llega tras pasar por las «fake news» de antaño que no hace mucho se basaban en el supuesto «excesivo» déficit fiscal que sufre la Generalitat y el «maltrato» en inversiones por parte del Gobierno de España en las infraestructuras de Cataluña.

Sin rubor alguno

La Fundéu recomienda utilizar como alternativas a «fake news» las expresiones «noticias falsas» y «noticias falseadas». El matiz no es menor. Una información falsa «puede serlo por faltar a la verdad de forma involuntaria o premeditadamente»; pero el adjetivo «falseado» no deja lugar a dudas: «Sugiere un matiz de adulteración o corrupción premeditadas». En Cataluña, el nacionalismo, ahora en forma de independentismo, ha creado un sistema por el que se distribuyen noticias falseadas, sobre todo, para consumo de los convencidos y para que los dudosos dejen de estarlo, y se posicionen a favor de la causa que lidera Carles Puigdemont.

Esta clasificación de los catalanes, en función de su convencimiento secesionista, aparece en el documento de trabajo «Enfocats. Reenfocando el proceso de independencia para un resultado existoso», que se encontró en la Consejería de Economía y Hacienda en uno de los registros judiciales de finales de 2017. En este «reenfoque» se diferencian los distintos caminos de actuación (siete) para que la propaganda independentista llegue a toda la ciudadanía y se sume el mayor número posible. No es lo mismo dirigirse a los «convencidos hiperventilados» que a los «convencidos del no», pasando por los «convencidos históricos», los «convencidos recientes pero débiles», los «regeneracionistas fraternales», los «indecisos» y los «actualmente impermeables».

En este entramado es fundamental el uso de las noticias falseadas, porque algo queda. Y contar con la colaboración de los medios de comunicación, sin los que las «fake news» no pasarían de mero chismorreo digital. Lo explicó hace unos días Argelia Queralt, doctora en Derecho y profesora en la Universidad de Barcelona, desde las páginas de la edición catalana de «El País»: «En Cataluña hay medios privados, convertidos en referentes informativos, apoyados con grandes contribuciones públicas y absolutamente rendidos a la causa que mienten en sus informaciones, y lo hacen sin rubor alguno.

Hacer trampas con datos que son públicos es muy complicado porque una contrastación básica sirve para poder desmontarlas. Pero esto no les impide seguir en su labor paraperiodística, contribuyendo a mantener la burbuja procesista. Además, existen medios online, que con el pretexto de la defensa de la República (sí, aquella que no existió nunca) crean noticias -o sea, las inventan- con el objetivo de emponzoñar el debate y de falsear la realidad».

Con este sistema se mantiene cautivo al convencido, que perdonará, por ejemplo, que la portavoz de la Generalitat, Elsa Artadi, diera por bueno 48 horas después de demostrarse que era falso que el juez Pablo Llarena se hubiera reunido con «miembros» del CNI y con el exministro Fernández Díaz; o que el presidente autonómico retuité la imagen manipulada de la presidenta de Estonia para hacerla pasar por defensora de los presos políticos.

Hasta tal punto lleva el independentismo su ficción que sus líderes no son capaces de lidiar con la contradicción de defender que el 1-O no fue un referéndum o creer, por ejemplo, que cambiando el nombre de Convergència por el de PDECat (pero manteniendo las sedes, los números de teléfono, las cuentas de Facebook, la estructura organizativa, etcétera) la Justicia pensará que no son el mismo partido.