Soraya Sáenz de Santamaría en la segunda jornada del congreso del PP - Jaime García | Vídeo: Así fue el último discurso de Santamaría y Casado antes de la votación ATLAS

Santamaría asume su responsabilidad ante Rajoy por no llegar con una lista

La candidata no descarta la integración con el nuevo presidente del PP

MadridActualizado:

El jarro de agua fría cayó sobre Soraya Sáenz de Santamaría y todo su equipo, que ya se temían lo peor cuando vieron y vivieron en carne propia la buena reacción de los compromisarios del PP al discurso de Pablo Casado. De pronto se sintieron en minoría, a pesar de que solo unas horas antes insistían en que tenían asegurado dos tercios de los votos de los delegados, «y vamos subiendo». Las cuentas les fallaron, o la palabra dada por unos compromisarios que ocultaron su voto hasta el último momento, pero que cuando llegó la hora de aplaudir y votar, mostraron a las claras que el discurso y el proyecto de Sáenz de Santamaría no era el que ellos creían que necesitaba el PP.

Sáenz de Santamaría ganó la primera vuelta de las primarias, pero el proceso no había acabado ahí, por mucho que ella intentara, hasta el último minuto, llegar con una lista de integración, encabezada por ella. De su discurso pudo deducirse que se había comprometido a ello ante Mariano Rajoy, y no lo había conseguido. El PP llegó dividido al congreso, y se partió en la votación. Si no había llegado con una candidatura de unidad, se excusó ante Rajoy, había sido «responsabilidad» suya.

El equipo de confianza

Sáenz de Santamaría estuvo arropada en todo momento por su equipo de máxima confianza, con la exministra Fátima Báñez al frente. La exvicepresidenta tenía reservada para ella el puesto de secretaria general del PP. No pudo ser. También contaba con Íñigo de la Serna, Íñigo Méndez de Vigo y su mano derecha, José Luis Ayllón, entre otros, como Carlos Iturgaiz, Iñaki Oyarzabl o Pilar Rojo. En el último momento, el que ha sido coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, se sumó a su candidatura, y Santamaría le incluyó en su «estructura» de partido, junto con Javier Arenas, Antonio Sanz, Álvaro Nadal, Teófila Martínez, Carmen Fúnez o Alicia Sánchez Camacho.

El presidente del PP, Pablo Casado, tendió la mano a Santamaría nada más proclamarse ganador. La exvicepresidenta comentó que tendría una reunión con él, y no descartó en absoluto que pueda producirse esa «integración», aunque la que buscaba ella era diferente: Santamaría la quería a priori, y con ella como presidenta. Algunos de los nombres que están en su equipo formarán parte del de Casado, en el nuevo PP.

Santamaría recibió el golpe de la votación con serenidad. Algunos en su equipo lo llevaron mucho peor. El principal argumento que usó la candidata en su discurso a primera hora de la mañana, para intentar convencer a los últimos compromisarios, hizo agua. Insistió, una y otra vez, en que era la candidata «de las bases», con más legitimidad por tanto para ser la ganadora entre los compromisarios. Pero estos formaban un cuerpo electoral distinto. Así son las reglas del PP. Santamaría reprochó a su oponente que no hubiese querido integrarse en su candidatura: «Si yo no hubiera ganado en la primera vuelta, no estaría hoy aquí», aseguró.

No faltaron susdardos a Casado, al recordar, por ejemplo, que sus únicos adversarios son los socialistas, los independentistas y los populistas, después de una campaña en la que su adversario no ha ahorrado en críticas a las políticas de la exvicepresidenta.

Su discurso, reflejo de lo que ha sido su campaña, resultó más frío que el de Casado, sin lograr remover el sentimiento «popular», ni sacar el orgullo perdido del partido. Santamaría había asegurado que no abandonaría la política, pasara lo que pasase.

«Soy Soraya, la del PP», subrayó, al final de un proceso en el que se le ha criticado también su distancia del partido durante demasiado tiempo. «Yo moriré siendo del Partido Popular», dijo tras prometer siempre lealtad. «Quiero un partido que se renueve. Capaz de atraer a todos que se sientan parte del centro-derecha español», prometió. Pero sus palabras poco pudieron hacer con el discurso arrollador que tenía preparado Casado, como colofón a su campaña.