El presidente del Gobierno een funciones, Pedro Sánchez, con el líder de Podemos, Pablo Iglesias - Efe / Vídeo: El PSOE convencido de llegar a un acuerdo de Gobierno

Sánchez tiene asegurados menos «síes»en la investidura que en la legislatura fallida

La renuncia de Iglesias no crea euforia en PSOE ni Podemos. La sensación en ambos grupos es que solo habrá pacto si el otro asume que no tiene otra salida

Debate de investidura de Pedro Sánchez en directo

MadridActualizado:

La impetuosa guerra por el relato en la que se baten PSOE y Podemos, en la que el objetivo no es lograr algún acuerdo sino retratar al otro como culpable de que no lo haya, sitúa los apoyos ciertos del candidato a presidente del Gobierno en tan solo 124 a 24 horas del debate de investidura, siete menos que los 131 que consiguió aglutinar en 2016. Toda una paradoja teniendo en cuenta que el PSOE ocupa hoy un cuarto más de escaños (123) que entonces (89).

El motivo es que esta vez solo ha podido amarrar una alianza y con una formación de un solo escaño, el Partido Regionalista de Cantabria. En 2016, en cambio, tejió acuerdos con Ciudadanos y Coalición Canaria por 42 escaños. Un dato que transmite claramente la idea de la pérdida de intención o capacidad de negociación por parte del PSOE.

Las cartas aún no están echadas y tal como señaló ayer la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, la renuncia de Pablo Iglesias abre una oportunidad para una negociación que ya estaba completamente muerta. Pero como agente de esa guerra por el relato, la política asturiana aseguró estar convencida —y también su partido— de que habrá acuerdo con su socio preferente y que el Gobierno trabajará para ello «en las próximas horas y en los próximas días». Sin embargo, priorizó el programa político como eje de la negociación, sin entrar en el gran escollo: cuántos ministros de Podemos son admisibles, con qué perfiles y quién elegirá esos nombres.

La clave, los ministros

De hecho, a puerta cerrada nadie tiene una posición tan vehemente. Ni en el propio PSOE ni tampoco en Podemos. La sensación interna en ambos partidos es que no habrá acuerdo final a menos que la otra parte asuma que ha perdido la batalla por la narrativa y entienda que no le queda otra salida. Fuentes cercanas a los negociadores socialistas explican que la exigencia de Iglesias de ser ministro impedía que el diálogo avanzara, tal y como aseguró Pedro Sánchez el jueves. Pero matizan que para que las conversaciones puedan llegar a buen puerto, es necesario que las exigencias que plantee Podemos «sean asumibles». Y en esta categoría no entra, señalan como ejemplo, «concederle cinco ministerios» o «aceptar un esquema de gobierno en el que sean los ministros de manera individual, y no todo el Consejo con el presidente a la cabeza, los que decidan las políticas a aplicar».

En este sentido, vuelven a desconfiar, una vez más, de las intenciones de Iglesias y apuestan a que su renuncia no obedece a una aspiración sincera de acuerdo, sino a no servir de argumento para que el PSOE pueda cargar a Podemos la culpa de una investidura fallida.

El análisis que hacen fuentes cercanas a las negociadores morados confirma que las relaciones entre ambos no solo no han mejorado con los acontecimientos de esta semana sino que están, si cabe, incluso más deterioradas. Una circunstancia que apoya el hecho de que Iglesias encargara el viernes a Echenique toda interlocución con los socialistas. Entienden que no hay nada imposible y que hasta la hora de la votación todo puede cambiar, pero creen que es muy difícil llegar a un acuerdo porque el PSOE «ha demostrado que no quiere». «Solo pactará si no le queda otro remedio. Cediendo ampliamente, lo que estamos intentando es que no le quede otro remedio», abundan a puerta cerrada.

Al igual que en 2016, tanto el PSOE como Podemos han establecido su posición negociadora desde la desconfianza y el convencimiento de que la otra parte cedería en el último minuto. Y, al igual que entonces, según se ha ido acercando ese momento, la tensión no ha ido en descenso sino en aumento. Ambos han jugado la partida contemplando una segunda oportunidad en el horizonte y situando ese último minuto en septiembre, antes de que termine el plazo de dos meses para la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones. Si no hay acuerdo, Podemos tendrá que debatir si vota en contra de Sánchez u opta por una abstención que facilite su investidura.

ERC y Bildu «contaminan»

En cuanto a los demás aliados de Sánchez, hay varios partidos que decidirán su voto entre mañana o el mismo martes, y se debaten entre el «sí» y la «abstención». Es el caso de ERC, con 14 escaños, el PNV con seis, Bildu con cuatro y Compromís con uno. Si Sánchez logra el respaldo del Grupo Vasco, obtendrá tantos «síes» como en la legislatura fallida: 131. Si quiere superar ese dudoso récord, tendrá que contar con el apoyo de ERC o Bildu. Dos partidos cuyo respaldo «contaminaría» ahora mismo la imagen del presidente del Gobierno, según creen fuentes del PSOE. Especialmente, ante la cada vez más cercana sentencia del Tribunal Supremo por el 1 de octubre.

Si esta semana España vive su tercera investidura fallida, el líder socialista se alzará con el título de candidato a presidente del Gobierno con más investiduras fracasadas a la espalda, dos, frente a una de Mariano Rajoy. Desde la barrera, el PP contempla la guerra entre los dos socios que le expulsaron hace un año del Gobierno. Uno de sus asesores políticos más conocidos reflexionaba esta semana con humor sobre qué consejo podría dar a Sánchez y a Iglesias para salvar la investidura. Su conclusión fue contundente: «adonde han llegado no hay nada que sirva».